Cuando llega fin de año enumeramos logros, fracasos, aciertos, desilusiones y al mismo tiempo, como si mirar el tránsito realizado fuera simple, proyectamos un nuevo año llenos de expectativas. El 2017 estuvo marcado por las reformas. Fueron de corte previsional, tributario y lo laboral fue objeto de análisis constante. Sus alcances desbordaron el debate parlamentario para lamentar enfrentamientos sociales que poco ayudan para la inserción de Argentina en el mundo. Entendido el contexto de reformas, vale rescatar los aspectos sobresalientes de 2017 en clave reflexiva y de cara a un 2018 que no será menos intenso que lo vivido este año.

La primera reflexión aborda los famosos costos laborales argentinos. En anteriores artículos señalé que deberíamos dejar de pensar en ellos como "la única salida" habida cuenta de la baja competitividad que ofrecemos con ellos en comparación a otras economías. En caso de que Argentina diera un vuelco rotundo en su esquema de costos lograría tan solo subir un par de puestos y los líderes en costos laborales, mayoritariamente asiáticos, están muy por encima de nuestras posibilidades ¿Entonces qué podemos hacer?

La segunda reflexión es la respuesta a esta pregunta: diferenciarnos por la calidad laboral. Poco importan los costos cuando el ingreso es superlativo, siendo relevante entonces la marginalidad de esa relación.

A pesar de las odiosas comparaciones con otros países sobre la calidad de nuestro sistema educativo, sigo pensando que los recursos humanos argentinos tienen competencias diferenciales independientemente de su educación formal. Trabajar en este país desarrolla competencias tales como trabajo bajo presión, proactividad, gestión de contingencias, flexibilidad y creatividad. Es necesario convertir estas cuestiones en ventajas competitivas de nuestra mano de obra.

En tercer lugar, el debate sobre el reemplazo de mano de obra por nuevas tecnologías dejó el ámbito académico para ser un tema de conversación en cualquier reunión de trabajo. Si bien el interés es manifiesto, aún las empresas y los trabajadores no dimensionan correctamente la intensidad y la velocidad de los cambios tecnológicos en el mundo del trabajo. Nadie está exento de ser alcanzado y tal como dijeron en una canción "el futuro ya llegó" y esta vez es en serio.

De manera subyacente y sin tanta prensa, también 2017 ubicó en agenda los sentidos atribuidos por las personas al trabajo. Al igual que en el párrafo anterior este tema dejó los ámbitos de la sociología del trabajo y ahora es debate en el ámbito de los recursos humanos al abordar la productividad del recurso humano.

En términos de recursos humanos, dichas áreas también han tenido un año intenso: cada vez caen sobre ellas mayores responsabilidades para asegurar competitividad, control de costos, productividad y principalmente armonía en las relaciones dentro de la empresa.

Sin dudas 2017 propuso cambios. Y lo logró. Con el paso de los meses estos debates tomaron cuerpo y dieron lugar a un cambio fundamental: aplicar dinamismo y frescura a las estáticas y tradicionales estructuras laborales argentinas. Viendo el camino recorrido, era inevitable el conflicto y la incertidumbre: nadie en el mundo sabe con certeza en qué terminará el mundo del trabajo del siglo XXI.

La expectativa es de un 2018 prometedor para las estructuras laborales argentinas. Habrá que mantener los costos, no aumentarlos ni soñar con bajarlos. El costo político y el impacto social de su disminución no son convenientes para una sociedad con altos niveles de informalidad y pobreza estructural. Deberemos intensificar el compromiso con la calidad de los trabajos en detrimento de la precarización laboral y sus variantes, teniendo en cuenta que las empresas y sus trabajadores deben aunar esfuerzos. La calidad ya no es un tema de un área específica que analiza procesos.

Aquellos que no estén comprometidos ni hagan con pasión lo que hacen, no tienen espacio en las empresas del 2018. Es la única manera de agregar valor para ser realmente competitivos. Confiemos en que sea este el año en el que la tecnología sea vista y utilizada como una oportunidad en vez de una amenaza. Tampoco habrá espacio para aquellos que no entiendan la formación laboral a lo largo de toda la vida. La clave es la capacitación continua y allí creo está el mayor desafío del mundo del trabajo argentino.

* Jefe de Recursos Humanos en Cromosol Autopartes