Como el calendario de resultados deportivos que Marty McFly planea traerse del futuro para hacerse rico en las apuestas 30 años antes, el diario del lunes podría servir hoy para amasar una verdadera fortuna. Más allá de sus simpatías personales, en la City todos concuerdan en que el dique de parches que tan trabajosamente construyeron Nicolás Dujovne y Guido Sandleris para evitar un nuevo récord del dólar pre- PASO cedería de inmediato ante un triunfo de la fórmula Fernández-Fernández por más de cuatro puntos el domingo ante Macri-Pichetto. Un escenario que no luce disparatado tras el cierre decepcionante de la campaña oficialista. Y al que apuestan 10 de los 24 sondeos que resumió el banco de inversión JP Morgan en el "poll monitor" que incluyó el lunes en su informe para inversores previo a las primarias.

La incertidumbre local se suma a una volatilidad financiera global inédita en la última década. Con sus tuits incendiarios contra China, Donald Trump agitó las aguas que había ayudado a calmar en abril, cuando ordenó al Fondo Monetario que hiciera lo necesario para que Mauricio Macri se mantenga en el poder por cuatro años más. Que la disparada del dólar que todos descuentan para diciembre se adelante a agosto, septiembre u octubre ya no depende solo del resultado de las PASO. Ahora también la puede gatillar cualquier round de esa pelea de pesos pesado.

La cuestión es el timing de ese salto, como destaca en su informe de agosto la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) de Mercedes Marcó del Pont. Las ventas masivas de dólares a futuro y la suba de cinco puntos de la tasa de interés de Leliqs son solo analgésicos frente a una tendencia que parece irreversible y que confirmó el propio Banco Central: en la primera mitad de este año salieron del país fondos especulativos por US$2.701 millones, el doble (en términos netos) que en la primera mitad de 2018. El riesgo de devaluación es tan alto que la bicicleta local ya no tienta a los extranjeros ni con los intereses más altos del mundo. Solo los audaces criollos juegan a la ruleta rusa de la "pax cambiaria".

¿Por qué podría alguien hacerse rico con el diario del lunes si todos dan por hecha una devaluación antes de fin de año? Porque las PASO van a marcar las chances de reelección de Macri y, por ende, la cronología de esa escalada. Lo que intuye el mercado puede otearse en los valores del dólar futuro: $55,30 para diciembre y $59,30 para febrero. Pero una derrota por mayor margen que el previsto puede traer esos valores al presente a la misma velocidad que el DeLorean de Marty y el "doc" Brown. El Gobierno podrá culpar a la oposición o incluso a los votantes, pero es lo que pasa siempre que las autoridades argentinas anclan el dólar con fines electorales.

De Cristina a Kristalina
Administrar la transición argentina será la primera misión de Kristalina Georgieva, la conservadora búlgara que la mayoría de los países europeos candidateó para reemplazar a Christine Lagarde en el FMI. Nicolás Dujovne da por hecho que se mantendrá el trato preferencial que obtuvo Macri gracias a su alineamiento con la Casa Blanca, el accionista mayoritario del Fondo. Pero la mayor tensión en el mercado cambiario local se vivirá justo cuando se transite lo más decisivo del proceso de selección de quien reemplace a Lagarde. En ese contexto, y con la crisis china en el medio, un solo día de distracción puede ser fatal. El nombre del nuevo jefe (o jefa) del Fondo será confirmado el 4 de octubre, apenas tres semanas antes de las elecciones generales.

El riesgo de devaluación es tan alto que la bicicleta local ya no tienta a los extranjeros

Macri conoció a Georgieva a mediados del año pasado, justo en medio de la corrida cambiaria que devolvió al país al redil del Fondo. Fue en la cumbre del G-20 en Quebec, donde la búlgara asistió como CEO del Banco Mundial, puesto al que acaba de pedir licencia para postularse a presidir el edificio de enfrente. La gran pregunta que se hacen en Washington es si ella, amante del yoga y la meditación como Lagarde, tendrá la muñeca política necesaria para evitar que un nuevo colapso financiero de la Argentina vuelva a dañar -como en 2001/2002- la legitimidad global del Fondo.

Desencajados, ni Macri ni María Eugenia Vidal consiguieron exhibir su mejor rostro en el tramo final de la campaña. La gobernadora intentó repetir anteanoche con Diego Brancatelli, en Intratables, el cruce televisivo que en 2017 se viralizó y ayudó a consagrar a Esteban Bullrich como vencedor de Cristina Kirchner. Pero fue, en clave marxista, una farsa en contraste con aquella tragedia comunicacional para el peronismo. Primero por el rating de Intratables, lejísimo de sus récords con Santiago del Moro. Segundo, por el contenido. Si aquella vez levantó la voz para denunciar que el kirchnerismo mentía con la pobreza, esta vez fue para aclarar algo que sus militantes explicitan cuando esconden el tramo presidencial de sus listas sábana: que "Vidal no es Macri". Nada digno de viralizarse.

El Presidente, a su vez, con su "carajo" sobreactuado en el escenario 360º de Ferro, tampoco se mostró como el Macri triunfal y seguro de sí mismo que dejó hocicando al cabizbajo Scioli en el debate presidencial previo al ballotage. Tampoco lució acertado como arenga final el "sorry" que en provincias consideran de porteño y que en realidad se circunscribe a la élite económica de la zona norte del Conurbano y a quienes aspiran a asimilarse a ella, al menos en el dialecto.

Argentina Debate
El establishment, al margen de los avatares financieros, espera los resultados del domingo para trazar la hoja de ruta de sus lobbies hasta octubre. La influyente Asociación Empresaria Argentina (AEA), como se informó en esta columna el viernes pasado, ya tiene agendada una asamblea de todos sus miembros para el miércoles 4 de septiembre en el Sheraton, donde espera escuchar a Macri. Pero el mandatario no es el único -ni siquiera el más- solicitado. Ante el repunte de Alberto Fernández en las encuestas, el Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (CICyP) ya inició gestiones con su equipo para recibirlo a él en el salón Versailles del hotel Alvear. El Grupo de los Seis (G-6), que reúne a las cámaras patronales por sector, también le envió emisarios.

Además de las turbulencias cambiarias, Macri deberá prepararse para el debate obligatorio

La Unión Industrial Argentina (UIA) aguarda turno para invitar a su edificio a los tres candidatos más votados este domingo, aunque si José Luis Espert llega a superar a Roberto Lavagna se conformará con los dos mayoritarios. Espert ya avisó que los considera "enemigos" y "empresaurios". Peor trato que el del exministro de la Producción, Pancho Cabrera, que les colgó el mote de llorones. Un panorama desolador que explica que Roberto Urquía, el cuñado de Miguel Acevedo, haya recibido de brazos abiertos a Alberto Fernández en la sede de Aceitera General Deheza. En la central fabril, de todos modos, se ocuparon de aclarar que recibiría a cualquier candidato que quisiera pasar a saludar.

Los supermercadistas también están a la expectativa. Salvo el tío del jefe de Gabinete, Federico Braun, dueño de La Anónima, ninguno votará con demasiado entusiasmo. A partir del lunes, con los números sobre la mesa, empezarán a arrimarse a quien crean que ganará en octubre. Si se impone la cautela entre ellos es porque las multinacionales del sector -europeas y estadounidenses- apostaron fallidamente por Daniel Scioli en 2015. Si juzgaran por los números del consumo en estos años, todos deberían votar por la oposición. Pero lo que prima es la ideología. Como en la Bulgaria natal de Kristalina Georgieva después de la caída del Muro, todos quieren lo mejor de los dos mundos. Lo difícil es conseguirlo.

Después de las PASO, además de las turbulencias cambiarias, Macri deberá prepararse para un evento que no lo encuentra tan bien parado como cuando promulgó la ley que lo impone: el debate presidencial obligatorio. Ya empezó a organizarlo la Cámara Nacional Electoral, como marca la ley, y tendrá dos instancias: una en Rosario, el 13 de octubre, y otra en la Facultad de Derecho de la UBA, el 20. Lo transmite la TV Pública y lo podrán retransmitir todos los canales que lo soliciten y también redes como YouTube. Lo que no se definió aún es quiénes serán los moderadores y moderadoras. Dos poderosos holdings de medios ya empezaron a presionar para imponer los suyos. Uno, nacional, pretende que lo anime su tradicional columnista del mundo empresario, un hombre que también conduce un programa en la señal de cable del grupo. Otro, extranjero, impulsa al conductor estrella de su franquicia argentina. Este último corre con una ventaja: fue el único que pudo entrevistar a Macri durante la campaña hacia las PASO.

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