Alguna vez, con su célebre ironía, el presidente Perón describió que algunos malinterpretaron su conocida consigna y se pusieron más vigilantes que atentos.

En este caso, y para evitar confusiones, nos referimos a que debemos estar muy atentos al comportamiento económico general y también muy vigilantes respecto a la propia empresa. Tal conducta es requisito para eludir las amenazas que se ciernen sobre las unidades de negocios, al agudizarse los riesgos que encierra la declinación de la actividad productiva en un contexto de inconsistencia macroeconómica creciente, con conflictividad social en aumento.

La paciencia Zen no era infinita

La caída en las ventas de los inicios del gobierno de Cambiemos, fue (para muchos) tolerable a condición de que se iniciara, a posteriori, una etapa de ascenso. Sin embargo, a la leve recuperación registrada entre fin del año pasado y las elecciones, le sucedió un nuevo (y en algunos casos drástico) desplome. Ya no reditúa vender esperanza porque la paciencia para transitar un nuevo ciclo recesivo se ha agotado.

Nuestros estudios de opinión pública, al igual que los de muchos colegas, indicaban que el balance del primer tramo del gobierno de Macri resultaba predominantemente negativo, sin que ello se constituyera en óbice para otorgarle una nueva chance de dar satisfacción a las expectativas generadas.

Esa conjunción, de un balance negativo de lo actuado con anterioridad, con las expectativas de mejoras, planteó un desafío al gobierno para la segunda mitad de su mandato: debía dar respuestas tanto almundo empresarial como al del trabajo, que esperan la obtención de resultados, pero ya sin contar conla ventaja de ser una gestión nueva, y partiendo de una base de disconformidad con el desempeño previo. La conflictividad social emergente durante el corriente mes de diciembre pareciera estarexpresando tal tensión en los estados de ánimo colectivos.

Es así, ya que el verdadero caldo de cultivo del visible malestar es la parálisis, o retroceso, que cada uno experimenta en su actividad económica, una vez superadas las elecciones, más allá de que se haya expresado a partir de los debates por la reforma jubilatoria.

No es casualidad entonces, que la mayor concentración de "caceroleros", se registrara en zonas de clasemedia de grandes centros urbanos, donde predominan comerciantes, pequeños empresarios y profesionales. El malhumor de los mercados, al que hemos aludido en esta misma columna la semana pasada, no es el de la "city", sino el de la economía real, aquella de "carne y hueso".

En este marco, las palabras del Presidente de la Nación (con las que, subrayábamos dos semanas atrás, concuerdan los diagnósticos de todas las bibliotecas económicas), caracterizando a la macroeconomía "en una posición de altísima fragilidad" y que se orienta "a estallar", catalizaron el proceso.

Y claro, también podría tratarse de una profecía autocumplida, toda vez que se han agotado los motores de la efímera recuperación (no es posible seguir expandiendo el gasto público y empiezan a frenarse los créditos a particulares por la fragilidad del sistema financiero), y no quedan herramientas disponibles para revertir el ciclo.

Por ello es esperable que el mercado interno siga deprimido, en tanto:

► no se reconstituya el poder de compra de los sectores populares,

► el comercio internacional siga en situación de desventaja para la producción local, y

► la política monetaria continúe dificultando el financiamiento del capital de trabajo de las empresas.

Todo esto a la vez que el "paquete de reformas", presentado como una panacea, ha sufrido una cantidad de retoques improvisados tal, que resulta imposible saber con precisión si el desequilibrio fiscal se redujo o, como parece, se magnificó.

Bajo estas circunstancias, es sensato pensar que la tensión política ha llegado para quedarse, y que incluso se expresará al interior de la alianza gobernante.

Atentos en la macro y vigilantes en la microeconomía

En este marco de dificultades, que agudizan la sensibilidad de los agentes que interactúan en los diferentes mercados (pudiendo incluso presentarse sobre-reacciones u otros factores disruptivos), resulta indispensable estar atentos a algunas de las siguientes señales macroeconómicas:

► el volumen, rendimiento y origen de los fondos de los préstamos al BCRA (Lebac y Pases) y al Tesoro Nacional (Letras y Bonos),

► el comportamiento del tipo de cambio (formal e informal),

► el funcionamiento de las cadenas de pago (sobre todo el cumplimiento del Estado hacia sus proveedores), entre otros significativos indicadores del funcionamiento general.

A la vez, en lo microeconómico, es más que conveniente atenerse a los criterios de la prudencia, vigilando la propia exposición a los factores de contexto, buscando:

► mantener una adecuada relación entre pagos y cobranzas, así como entre ventas y stocks,

► optimizar la situación crediticia (principalmente en cuanto a las deudas en divisas) y disminuir riesgos mediante instrumentos de cobertura, aun cuando ello implique gastos adicionales.

► la correcta previsión de las posibles modificaciones en las estructuras de costos, a partir de cambios en las listas de precios de nuestros proveedores, provocados por factores externos a ellos, tales como los aumentos de tarifas, por ejemplo.

Insistimos en la idea de que, en esta etapa, la preservación de la compañía es un valor en sí mismo. Los riesgos, que suelen otorgar premios en los períodos de alza, pueden propinar duros castigos durante los períodos de retracción y, aunque ésta máxima es extensible a todas las empresas, vale especialmente para las pequeñas y medianas, corazón y nervio de nuestra economía, por su particular vulnerabilidad.

Disminuir la exposición parece ser una conducta sabia en los meses por venir. Para algunos, llanamente se tratará de la búsqueda de la supervivencia en un contexto hostil, en el que lograr la vigencia del concepto de empresa en marcha será el mayor criterio de éxito.

No hay dudas...este es uno de aquellos momentos donde "empatar es ganar".

*MM y Asociados