El "gran acuerdo para los argentinos" que anunció anoche el Gobierno con el Fondo Monetario, tal como lo definió horas antes en un brindis en la Casa Rosada el presidente Mauricio Macri, tiene un antecedente inquietante. En mayo de 2010, el FMI abrió un programa stand-by de alto acceso (el mismo que ahora suscribió la Argentina) con un país en problemas por un monto apenas inferior: u$s 40.000 millones. El país era Grecia y ese paquete de asistencia financiera -que totalizaba u$s 145.000 millones incluyendo los préstamos de la Unión Europea (UE) y el Banco Central Europeo- tenía una duración de tres años, al cabo de los cuales el organismo proyectaba un saneamiento total de la economía.

El resultado fue diametralmente opuesto: Grecia cumplió con todas las condiciones que impuso el Fondo pero terminó hundida no solo en la peor recesión de su historia sino también en la más dramática depresión económica que haya experimentado una nación en el último siglo sin haber atravesado una guerra. Un desplome del PBI del 27%, caídas del 40% del salario real, las jubilaciones y los planes sociales, una desocupación que supera el 22% y araña el 50% entre los jóvenes y una inversión real fija que bajó a la mitad en relación al PBI.

La severidad del ajuste que recetó el Fondo se palpa a cada paso en Atenas, donde vive la mitad de los griegos. Infraestructura abandonada, policías que no trabajan los fines de semana ni por las noches por falta de presupuesto, gente durmiendo en la calle, casas derruidas y paredes estampadas de graffitis que nadie limpia dibujan una postal inédita para una capital europea. Aun la de un estado que apenas representa el 2,5% de la economía de la UE y que nunca estuvo entre los más ricos de sus 27 miembros, pero que todavía tiene un ingreso per cápita de unos u$s 21.000 al año, casi 50% más que la Argentina.

Las tasas de suicidio, de las más bajas del planeta antes de la crisis, se dispararon un 13% entre 2008 y 2013. La prevalencia de enfermedades psicosomáticas se multiplicó. Más de 500.000 jóvenes (un 5% de la población pre-crisis) emigraron del país en busca de oportunidades en países más ricos y para los cuales no necesitan visa, como Alemania y Gran Bretaña. A diferencia del éxodo griego de la segunda posguerra, básicamente protagonizado por campesinos y trabajadores manuales, lo que se registró en la última década fue una fuga de cerebros, donde los emigrados son en su mayoría graduados universitarios.

Incluso luego de un 2017 durante el cual la economía helena anotó un rebote del 1,7% (el primer resultado positivo superior al punto porcentual desde 2007), las perspectivas a futuro no son para nada alentadoras. La relación deuda pública/PBI, que había superado el complicado umbral del 80% en 2010, hoy llega al 180%. Tras tres paquetes de asistencia que aportó la "troika" (el FMI, la UE y el BCE), los pasivos estatales superaron los 200.000 millones de euros. El Estado recién retomará su nivel de endeudamiento previo a la crisis en 2060 y si logra un crecimiento real del 2% promedio anual. El gobierno de la coalición izquierdista Syriza, que terminó por suscribir el tercero de esos paquetes aunque había asumido a mediados de 2015 con el mandato de terminar con las políticas de austeridad, dilapidó su capital político y probablemente deba ceder el poder en las próximas elecciones. Un tercio de los ministros del primer gabinete de Alexis Tsipras y casi 50 de sus diputados abandonaron el oficialismo en su primer año de gestión.

Chantaje

El actual vicecanciller Georgios Katrougalos, ministro de Trabajo durante los primeros dos años de Tsipras y ejecutor de los últimos tres de los 13 recortes de haberes jubilatorios registrados desde 2010, es lapidario al referirse a la relación con el organismo que ahora vuelve a abrazar el gobierno argentino. "Si hay alguna manera para cualquier país de evitar acudir al Fondo Monetario, ésa es mi sugerencia después de una experiencia muy amarga. Ellos no aceptan que tienen una posición ideológica. Se presentan como tecnócratas. Dicen que solo hacen recomendaciones generales y no demandan cosas concretas, pero la verdad es que imponen un micromanagement", dijo el funcionario a BAE Negocios. "Espero que nunca más Grecia tenga que pedir la intervención del FMI. Uno no puede resistir el chantaje del Fondo si está bajo un acuerdo", abundó.

Ese "micromanagement" incluyó condicionalidades muy específicas (la troika forzó por ejemplo la prohibición de las paritarias a nivel nacional y sectorial, una tradición muy arraigada en Grecia, al igual que en Argentina) y también la radicación en el país de enviados del FMI que asumieron el rol de veedores en varios ministerios. El ex secretario de Presupuesto del gobierno derechista de Antoni Samaras, Jaris Theojaris, explicó a este diario que "el recorte a las jubilaciones fue un pedido específico el FMI". Y añadió que "a pesar de haber hecho ya varios recortes, el gobierno ya anunció un nuevo ajuste grande a partir del primero de enero de 2019, equivalente al 1% del PBI".

"Teníamos dos personas residentes todo el tiempo y una misión de revisión cada tres meses, además de misiones específicas para verificar el cumplimiento de ciertas metas", contó el exfuncionario, actual diputado independiente. "Hubo muchas medidas que el programa impuso que estaban mal y que no debimos haber implementado de ninguna manera pero debimos aplicar por los acreedores. Hubo otras con las que acordamos pero que debimos aplicar con otro calendario o con otra lógica", agregó.

Tutela

El economista Leonidas Vatikiotis, profesor universitario y habitual polemista en los medios atenienses, recordó que "cuando escuchamos por primera vez que habría un acuerdo con el FMI, allá por 2010, lo primero que le dijeron los dirigentes políticos a la población griega es que el FMI había cambiado. Que no era el FMI que destruyó a la Argentina y a varios otros países de Latinoamérica en los 90". Un discurso idéntico al que desplegó Nicolás Dujovne desde que el Gobierno entabló las primeras negociaciones con el Fondo desde 2005.

Si bien Grecia recibió importantes flujos de capital de los socios ricos de la UE desde que se fundó el bloque comunitario y no incrementó su productividad al ritmo que se habría requerido para que la adopción del euro no se convirtiera en una máquina de engrosar su déficit externo, el disparador de su crisis de deuda fue un déficit fiscal insostenible durante el lustro previo a 2010, que se hizo imposible de financiar tras la crisis global de 2008. Pero contra lo que instalaron los delegados de la troika, ese déficit no se engrosó porque la población griega haya "vivido por encima de sus posibilidades" sino por rubros específicos del gasto público que se dispararon tras la creación de la UE, como el militar.

El presupuesto heleno en defensa fue durante toda la década previa a la crisis el segundo mayor de la OTAN en relación al PBI, solo superado por el estadounidense. Aviones, misiles, tanques y barcos de guerra fueron adquiridos casi con exclusividad a Francia, cuyos mayores bancos financiaron las compras. Antes de asumir como directora gerente del FMI en 2011, cuando todavía era ministra de Economía del presidente galo Nicolas Sarkozy, Christine Lagarde se abocó a reducir la exposición de esos bancos al "riesgo griego". Al igual que los alemanes, los bancos franceses se deshicieron sin quita de los bonos por los cuales habían cobrado jugosos intereses durante los años previos. Todo el riesgo pasó a los bancos y al Estado griego, que después debió acudir a los rescates.

La tragedia del país donde nació la democracia hace 25 siglos parece no tener fin. Y el corset del euro no ayuda. Todas las catástrofes que auguraban los bancos para Grecia si abandonaba la moneda comunitaria ocurrieron sin que lo hiciera, pero se agravarían en lo inmediato si ahora tomara esa decisión. Es la encerrona a la expone el recetario del ajuste fiscal a una economía con alto déficit externo y sin autonomía monetaria. Un escenario que no es idéntico al argentino actual, pero que se le parece demasiado como para no inquietarse por el regreso del Fondo Monetario. Ese viejo conocido que auspició el blindaje de 2000 y el megacanje de 2001, justo antes de que la convertibilidad volara por el aire. Y que impuso las mismas políticas recesivas en Grecia durante la última década. Aunque digan que cambió.