El horizonte económico del año que comienza muestra que el crecimiento de la actividad continuará aunque tendrá un ritmo menor al del año pasado. Los motores de la economía este año serán, de acuerdo al diagnóstico oficial, un mayor consumo privado gracias a la recuperación del salario real, la inversión sostenida por la construcción y los sectores energéticos y de transporte. Con esos drivers, el Gobierno espera una expansión del 3,5%. Los analistas consultados por este diario coinciden, no obstante, en que el ritmo de crecimiento de 2018 será menor a 2017, producto de un consumo aún debilitado, de una moderación en el gasto público y un peso mayor del desequilibrio externo. El Fondo Monetario Internacional publicó su informe del Artículo IV el viernes pasado en que proyectó una desaceleración en todos los componentes del producto bruto como consecuencia de un "desbalance" en las medidas de política económica. El anuncio, en el umbral del comienzo de 2018, de un cambio en las metas de inflación que perseguía el Banco Central mantuvo el debate en estos días, sobre qué reacción tendrá la política de tasas de interés y cómo reaccionarán las expectativas del mercado al reajuste del objetivo inflacionario del 15%.

De acuerdo a Martín Guzmán, economista de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, "la recuperación experimentada durante 2017 es una recuperación que se basa principalmente en una recuperación de la actividad no transable. Fue una expansión impulsada por la demanda del sector público que se financió con deuda. No es una recuperación sostenible porque no se observa un crecimiento de las exportaciones consistente con los compromisos de pago de deuda externa que el país está asumiendo", opinó ante la consulta de este diario.

En un sentido similar opinó el economista jefe de la consultora Radar, Martín Alfie: “la economía argentina sostendrá su crecimiento durante 2018, ya que seguirá teniendo “la nafta” (los dólares) necesaria para seguir haciéndolo. De todas formas, el resultado será modesto, cerca del 2,2%, debido a que se va a pisar un poco menos el “acelerador”, es decir, los salarios reales y el gasto público mostrarán un menor dinamismo”.

Para Diego Giacomini, director de Economía y Regiones, “el Gobierno va a vender que luego de muchos años es la primera vez que crece la economía en un año par y que va tener dos años de variación positiva, algo que no pasa desde 2010-2011. Claramente esto se logra fundamentalmente por el anabólico del financiamiento externo y el endeudamiento”. El economista del Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), Mariano De Miguel, cree en tanto que “el primer interrogante en términos de actividad es si va a poder consolidar el crecimiento de 3% y cuáles van a ser las palancas. En ese sentido es bueno seguir como si fuera una cuenta de almacenero los componentes del PBI.

Es dificil ser optimista para un crecimiento del 3% con el consumo público del Gobierno: en función del presupuesto y de los anuncios tienen una mirada del consumo y gasto público de control. El frente externo es difícil que apalanque”.

Por último, Federico Furiase, economista del estudio EcoGo, planteó su panorama de la actividad para este año: “Vemos un crecimiento que podría alcanzar 2,5% ayudado por el arrastre positivo que dejará 2017 (1,4%) motorizado por la inversión (10%) y el crédito al sector privado (30% nominal ) con un consumo privado en la zona de 2,5% e importaciones (6%) creciendo bien por arriba de las exportaciones (3,5%), con un consumo público creciendo bien por debajo del PIB real”. El frente externo, que muestra un creciente déficit de la cuenta corriente por el desequilibrio comercial y los dólares que salen por turismo emisivo aparece como un lastre cada vez más pesado. “Lo que se observó en el frente externo va en la dirección opuesta a lo que la sostenibilidad de la deuda emitida en moneda extranjera requiere, ya que la recuperación trajo consigo un incremento en la demanda por bienes que se importan, incrementando así el déficit de la balanza comercial”, opinó Guzmán. Furiase y Giacomini coinciden, en tanto, en que el déficit de la cuenta corriente alcanzará este año el equivalente al 5% del producto bruto. Para Alfie será fundamental que no haya “un evento internacional de magnitud que modifique las condiciones financieras que permiten hoy sustentar el abultado déficit de cuenta corriente”. De Miguel concluyó, en tanto, que “no parece que en los próximos 4 o 5 años el escenario del frente externo vaya a cambiar”.