Seguramente hoy se entienda mejor por qué, ya hace diez meses, titulamos nuestra columna en este diario "El pesimismo es un momentum del optimismo", advirtiendo que las políticas económicas del gobierno cincelaban, a fuerza de profundizar las inconsistencias, un destino inexorable de fracaso.

También sugeríamos allí cómo proteger nuestros trabajos.

A quien haya tomado en consideración nuestros análisis, la supercrisis que anticipamos no lo sorprende, y encuentra guarnecida a su empresa y sus trabajadores, permitiéndole poner en juego el optimismo que, como definíamos, es el "espíritu de iniciativa requerido tanto para obtener la máxima ventaja posible de cada situación dada, como para la paciente preparación ante lo que está por venir".

La solución yace en el acierto del diagnóstico

Nuestra insistente prédica para la preservación de los negocios y las empresas en marcha, como valor en sí, enraíza no sólo en la hostilidad del contexto que avizorábamos y hoy se evidencia, sino también en los peligrosos cantos de sirena emitidos desde el discurso oficial, así como además en los equivocados diagnósticos que, desde una perspectiva "opositora progresista", daban por inexorable la continuidad, en el mediano plazo, de los esquemas económicos de la alianza Cambiemos.

Quienes escucharon estas voces, seguramente hoy enfrentan una compleja situación, en muy distintas condiciones de quienes han permanecido, como sugeríamos en julio del año pasado en el artículo ya citado, atentos a las señales de la macroeconomía y vigilantes de la micro. Entre otros aspectos, tal prudencia implicaba:

► mantener alineados los pagos con las cobranzas (tanto como la posición en el mercado lo permita);

► conservar equilibrada la relación entre las ventas y los stocks;

► optimizar las situaciones crediticias, evitando deudas en divisas (si se factura en pesos) y,

► en los casos en que ello no fuera posible, disminuir los riesgos apelando a los instrumentos de cobertura que el mercado ofrece, aun cuando ello conllevara incrementos de los costos.

Cuanto más se hayan ajustado las empresas a tales parámetros, más sólidas son las condiciones para capear con éxito el temporal y reencausar los negocios cuando, como inexorablemente sucederá, escampe.

Errar es humano, pero también es mala praxis

La fuerza de los hechos va zanjando los debates. Hoy es nítido que la coyuntura internacional no presentaba ni el ingreso triunfal a la globalización que festejaba el oficialismo, ni la ola neoliberal en latinoamérica que sectores de la oposición blandían.

Ambos diagnósticos fueron remitidos a la obsolescencia.

Es que la puesta en valor de los vectores nacionales se va imponiendo como común denominador de los diseños de política económica, configurando el verdadero rostro del mundo actual. Así lo comprueba la administración del comercio exterior que impuso Trump en los EE.UU. (que enterrara en el arcón de los recuerdos el Consenso de Washington), junto con la ratificación de Putin al frente de la Federación Rusa, la vigorosa emergencia de los nacionalismos europeos, y las tendencias que también se expresan en la coyuntura latinoamericana y seguramente se impondrán en el corto plazo en nuestra Nación.

En tal contexto desplegaremos el propio Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS).

Lo que sí conserva vigencia, son las consecuencias que tienen para las empresas y los ciudadanos de a pie, las acciones basadas en los malos diagnósticos que los falsos "expertos" les han proporcionado, sea en referencia al marco internacional o se trate de la dinámica de las economías locales.

La singularidad de la supercrisis

Como ya hemos dicho, el gobierno fue construyendo su irreparable intríngulis, con prisa y sin pausa, violentando elementales causalidades en la economía. Persistiendo, a lo largo de toda la gestión, en mantener la tensión entre su política fiscal y la monetaria, generó las acciones contrapuestas que nos llevaron a la situación actual.

Cambiemos ostenta el dudoso laurel de haber conseguido unir en una misma coyuntura un déficit fiscal de similar envergadura que el que provocó el colapso de 1989, con un desequilibrio del sector externo que, al igual que en 2001, genera -a partir de la caída de la demanda de la moneda doméstica-, los incentivos para la agresiva dolarización de las carteras de inversión.

Ninguna asistencia del Fondo Monetario Internacional, ni ningún porcentaje de renovación de Lebac en un "supermartes", modifican las condiciones de base de la supercrisis. Como ya hemos señalado, los problemas más inmediatos, no son los de índole monetaria sino los que se vinculan con la economía real: la continuidad de la producción de bienes y servicios y su posterior consumo o inversión que, mediados por la comercialización, hoy están profundamente trastornados.

Mensaje a los funcionarios del área económica

Exhortamos a que, para evitar mayores sufrimientos a la población en esta situación de emergencia, se observe la relevancia que la tasa de interés tiene sobre el cálculo de los costos totales (CT) de los bienes y servicios. El verdadero problema de la hora es el de garantizar el abastecimiento (en precio y cantidad) de las personas tanto físicas como jurídicas.

Ya advertimos que las cadenas de producción y comercialización de nuestro país comenzaron un inusitado proceso de paralización, lo que es especialmente crítico en lo que refiere a alimentos y medicamentos. Algunas compañías sólo hacen entregas a sus distribuidores premium, y proliferan las operaciones de pago contado (anulando el crédito comercial) o con remisión de mercadería sin la factura correspondiente, debido a que la estructura de los CT de la producción y de la reposición, contenida en los precios, ha quedado indeterminada.

La comercialización mayorista es la arteria principal del sistema vascular de la economía. Si se interrumpe su flujo, las consecuencias serán dramáticas para el resto de los canales y, finalmente, para los consumidores que, aún teniendo el dinero para realizar las adquisiciones, no podrán concretarlas por la falta de disponibilidad de las mercancías.

Mensaje a la alianza gobernante

La actual supercrisis, sorpresiva para algunos sectores (y lamentablemente el conjunto del Gobierno entre ellos), ha provocado airadas reacciones por parte de destacadas figuras del oficialismo, incluyendo insultos, destratos y hasta frases amenazantes.

No es momento para que quienes tienen la responsabilidad de conducir los destinos nacionales por mandato de las urnas, o bien pierdan los estribos o intenten apelar a recetas mágicas.

En enero, a posteriori de la rimbombante conferencia de prensa del 28D, brindada por las autoridades económicas, advertíamos en nuestro artículo "¿Será Sturzenegger el Sourrouille de Macri?": "La osadía, que puede ser un valor tratándose de asuntos particulares, es manifiesta irresponsabilidad cuando lo que se arriesga son los activos de toda la sociedad. Tal vez el Gobierno debiera resignarse a su fracaso y dedicarse con meticulosidad a administrar, de la mejor manera posible, el tiempo que le resta hasta alcanzar la meta.

Apelar a "jugadas maestras" desconociendo la técnica del "arte económico", pueden llevar al sistema a acelerar su entropía."

Mensaje a nuestros lectores

La supercrisis se materializó ante nosotros. Según cómo nos hayamos preparado, sortearemos con mayor o menor éxito, el duro trance al que el Gobierno nos expone.

Son los momentos difíciles los que más requieren de la solidaridad para la búsqueda del "bien común".

Para salir airosos, no olvidemos de cuidar nuestra salud y la de nuestros familiares y allegados, así como la de los planteles y las ecuaciones patrimoniales de las empresas.

Finalmente, nuestro esfuerzo cotidiano es para el bienestar de todos esos mundos a los que pertenecemos, y a ellos debemos la fuerza vital del optimismo, que debe guiar nuestros pasos en el porvenir.

*MM y Asociados