Paciencia y perseverancia: no hay fórmulas mágicas para bajar la inflación

Opinión

En un contexto internacional más favorable para la economía local, las variables financieras se tomaron un respiro y el riesgo país bajó desde los 820 bps de finales de diciembre a la zona de los 670 bps. Coyuntura más favorable explicada en gran medida por la relajación de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y con la FED dando señales de que va a ir por un camino más gradual con la suba en la tasa de política monetaria luego del desplome en el precio del petróleo. También, cabe destacar que se revirtieron factores técnicos que estaban presionando a la baja a los activos locales, entre los cuales se pueden contar la falta de liquidez y el desarme de posiciones para financiar los proyectos de participación público-privada (PPP), que son la gran apuesta del Gobierno para compensar la caída en la obra pública en el marco del déficit cero comprometido con el FMI.

Dentro del programa monetario, la performance del BCRA viene siendo muy positiva: los tres meses previos sobrecumplieron con el objetivo de crecimiento del 0% en el promedio mensual de la base monetaria ajustada por estacionalidad, salieron a comprar dólares para tratar de ubicarlo por encima de la zona de no intervención (acumulando en lo que va del mes USD390 millones en concepto de reservas) y todavía podrían expandir en torno a unos $36.600 millones diarios en lo que queda del mes, lo que les permitiría alcanzar una baja sensible en la tasa de interés.

Por ende, el BCRA podría haber sido (y puede serlo durante este mes) mucho más agresivo con la baja en la tasa de referencia. Tasa que tiene impactos muy negativos en términos de actividad: a modo de ejemplo, el crédito a las empresas durante diciembre subió en términos nominales un 19% comparado con el mismo mes del año anterior; si le agregamos que la inflación fue del 47,6% según la información publicada por el INDEC semanas atrás, arrojaría una caída de 19,4% en términos reales, lo que implica un verdadero golpe para el nivel de actividad económica y, por ende, con serios impactos sobre el nivel de empleo.

Sin embargo, la cautela mostrada por la autoridad monetaria en cuanto a la baja de tasa de interés se explica en gran medida por la necesidad de convalidar tasas que estimulen a los ahorristas a quedarse en pesos. A diferencias de las LEBACs, el mecanismo dejó de ser directo y opera indirectamente: dado que para los bancos es poco razonable no colocar su liquidez excedente en LELIQs (con crédito paralizado, límite a la dolarización de carteras establecido por una normativa del Banco Central y con semejante tasa real en un contexto de elevada nominalidad), éstos buscan fondearse con plazos fijos en pesos. En suma, los "verdaderos" tenedores de LELIQs, a los que el BCRA debe cuidar sin apresurarse en la baja en la tasa de interés, son los ahorristas e inversores que en cualquier momento podrían virar hacia el dólar (presionando el tipo de cambio) si la remuneración en pesos ofrecida se ubica por debajo de sus expectativas de devaluación. La cautela entonces busca contener la posibilidad de un nuevo shock cambiario que ubique la inflación en un nuevo escalón superior y que seguiría acortando el plazo de los contratos.

En un contexto de cuenta de capital abierta sin restricciones al ingreso o a la salida de capitales extranjeros de corto plazo, la dinámica de la tasa de interés va a estar determinada, en gran medida, por la baja en el riesgo país. Indicador que va a estar muy relacionado con el juego entre la política y la recesión en un año electoral, aunque también sujeto a eventuales shocks tanto positivos como negativos que vengan de afuera.

Este intento de estabilizar la demanda de pesos (es decir, cuidar de que los ahorristas e inversionistas no dolaricen sus portafolios) e ir hacia niveles de tasas que le permitan a la economía argentina volver a crecer (más allá de cierto crecimiento coyuntural producto de la recuperación de la cosecha y el impacto positivo de la mejora en el tipo de cambio real sobre sectores productores de bienes transables) no significa que las expectativas de la inflación sean irrelevantes. En este sentido, si las expectativas de inflación no bajan de manera consistente, éstas comienzan a incorporarse en las expectativas de devaluación, dado que la mejora en la competitividad (vista desde el lado del tipo de cambio real) puede licuarse rápidamente si no se logra bajar la inflación.

Si la Argentina quiere salir del estancamiento crónico que sufre la economía desde el 2011 a la fecha, necesita una inflación baja y estable que ancle las expectativas de manera tal de alargar los horizontes de toma de decisiones para poder invertir mirando el mediano y el largo plazo. Para un país que nunca construyó una moneda seriamente, esto requiere un consenso político y social que supere la grieta y el péndulo al que nos tiene acostumbrados. Algo que no parece factible en un año electoral.

* Analista de Eco Go Consultores

Esta nota habla de: