El freno a la disminución de los derechos de exportación por seis meses anunciado por el Gobierno y celebrado por el campo, terminó siendo un búmeran para este último. Y es que por la menor capacidad de pago por parte de la industria, el precio de la soja percibido por el productor tuvo una baja del 3,2% de cara a la próxima campaña.

El FAS teórico de las fábricas por la soja 2018/2019 cerró la semana pasada en u$s269 la tonelada versus los u$s279 que se paga en el disponible. La baja del 3,2% pega de lleno en el productor que aún espera por vender sus casi 10 millones de toneladas que retiene en los silobolsas.

Para la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el mercado no sólo está influenciado por el precio que reciben los exportadores por el grano bajo condición FOB y su estructura de costos sino también por el otro actor importante de la demanda de la oleaginosa, que es la industria procesadora.

Se entiende entonces que el cambio en las retenciones está relacionada con la participación relativa de la demanda para la exportación industrial en relación con la demanda para la exportación de la materia prima.

En los últimos meses las fábricas se vieron obligadas a importar más de 3 millones de toneladas de soja desde países limítrofes y de EE.UU. para abastecer la molienda.

Desde la corredora de cereales Intagro, el analista de mercado Andrés Gosente señaló que "la baja del 3% en la industria daña su capacidad teórica de pago de cara al próximo mes, pero su efecto ya se ve en el inmediato sobre el productor".

Sin embargo hay que recordar que hace dos semana la soja tuvo un retroceso del 6% producto de una merma de la harina. Este no fue más que una forma de presionar a los productores para desinflar lo que la industria entendía que pagaba un precio muy alto. Por ende busca, logró que el productor negocie lo poco que le queda. Lo que está pasando ahora puede ser también una forma de convencer a la oferta a que negocie sus granos.

La Bolsa recuerda que el nuevo régimen pone en un mejor escenario a la exportación del grano sin procesar, desincentivando en forma relativa la incorporación del valor agregado. Esto no es más ni menos que incrementar la primarización. Su efecto negativo se verá también en una baja de los ingresos en divisas dado que el mercado externo paga más por los subproductos.

En definitiva el cambio en la matriz de los derechos de exportación no es tan buena para el productor que supone se equilibran las condiciones de juego en el mercado. Para la producción primaria y exportadores, lo ideal es que no haya derechos de exportación. Pero todo dependerá de lo que diga el FMI.

Así también lo entiende el presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), Matías de Velazco: "puede pasar lo mismo con la soja porque acá no sabes lo que sucederá la semana que viene. Con lo cual tenemos el punto rojo del láser sobre el pecho".