Las empresas industriales se preparan para achicar al máximo las operaciones productivas de sus fábricas y evitar al límite la reducción de sus trabajadores formalizados. Con una crisis del consumo que prevé tener un fuerte impacto desde el mes próximo en las estadísticas pero que ya sufren en este mes, las alimenticias confirmaron que desactivarán los contratos temporarios y que dejarán sin efecto los proyectos de inversión, al menos, hasta el segundo trimestre del año próximo.

El escenario se puso complejo para todas las líneas de producción, ya sea para las grandes empresas -que tienen acceso al financiamiento internacional y una agilidad en la actividad exportadora- como para las pymes. Por caso, la multinacional Arcor tuvo su peor performance en 67 años de vida: sólo en la primera parte del 2018 perdió casi de $3.000 millones. La última vez que tuvo rojo en sus cuentas fue en 2002, en donde había perdido $50 millones.

Otro caso es el Molinos Río de la Plata, que vio derrumbarse su rentabilidad con un balance negativo en el primer semestre -presentado ante la CNV- de casi $1.100 millones aunque su performance ya había sido negativa el año pasado. Se suma a este escenario Mastellone Hnos., que controla junto a Arcor a La Serenísima- perdió $1.042 millones. Las tres mostraron el punto de la crisis.

Sin embargo, fuentes de las empresas líderes de la alimentación advirtieron que los resultados "aún no muestran el verdadero efecto de la crisis, que ya se están viendo en las fábricas pero que empezarán a verse en estadísticas desde septiembre". El hundimiento de las grandes empresas se convirtió en uno de las referencias para mensurar la situación de las pymes.

Un ejecutivo de primera línea de una de las alimenticias más importantes del país admitió que "las empresas que estaban bien paradas antes de la crisis, ahora entraron en un proceso de incertidumbre por la caída de los negocios", pero alertó que "esta situación llevó a que las que venían con problemas por la caída del consumo y estaban en problemas, es muy poco probable que puedan superar lo que viene".

"No es raro que haya cierre de fábricas pymes o ventas a muy bajo precio", se lamentó uno de los controladores de una firma de peso en las economías regionales. El foco está en los efectos sociales que puede generar la retracción de la economía. Por caso, la reducción de los puestos de trabajo "atenta contra el propio mercado interno", señalaron fuentes del sector. Los mismos voceros que admitieron: "si mantenemos el mercado laboral, fundimos la fábrica familiar".

Con una capacidad instalada sin uso récord, las alimenticias confirmaron que luego de reducir las horas extra y llevar al mínimo los salarios de los trabajadores en actividad, el próximo paso es desprenderse -con acuerdos de partes, en los mejores de los casos- de los empleados que mantienen relación de contratos con las empresas. "Es la única forma de mantener a los trabajadores que pertenecen a la fábrica", confesó una fuente consultada.

De esta manera, las alimenticias que integran la COPAL y que son parte de la UIA confirmaron que las proyecciones de desempleo en el sector son "desalentadoras". Si bien algunos integrantes de la central fabril desconfiaban de las estimaciones "pesimistas" que indicaban superar el techo de los 100 mil empleos perdidos desde la llegada de la gestión Cambiemos, desde el sector de alimentos y bebidas se lamentaron en confirmar la tendencia. "No hay ninguna medida que cambie el esquema macroeconómico. Por eso todo indica que la crisis laboral será más profunda de lo que se esperaba", afirmó un ejecutivo de una de las marcas líderes.