Un elemento central en rededor del debate sobre el nuevo modelo de desarrollo económico lo constituye la determinación de una adecuada inserción internacional de nuestro país.

Discusión que es necesario abordar, ante el inexorable hecho de que la globalización naciente con la finalización de la guerra fría hoy se diluye, y en su lugar surge el Nuevo Orden Internacional (NOI).

El punto de inflexión entre ambos "sistemas de relaciones internacionales" fue el drástico cambio de enfoque que los Estados Unidos imprimieron a sus políticas, interna y externa, desde la asunción de Donald Trump, bajo la consigna "America first", cuya "condición de posibilidad" fue la "revolución energética estadounidense" (ut infra explicada) que funge como sustrato de tal viraje.

En ese marco, analizaremos la realidad internacional a partir de dos tipos de conflictos que Estados Unidos (única potencia que expresa de manera concurrente su hegemonía política, económica y militar) enfrenta con determinados espacios regionales y/o países:

  • los de "primer orden", de carácter económico, donde la disputa es con la Unión Europea ( UE), tal cual está diseñada actualmente (sin la inclusión del Reino Unido) y con la República Popular China (RPC).
  • el de "segundo orden", de carácter geopolítico, con la Federación Rusa (FR).

Comprender cabalmente los conflictos que atraviesan el NOI permitirá a la Argentina optimizar su inserción internacional y, en consecuencia, lograr mejores resultados para su modelo de desarrollo.

Conflictos de primer orden

En 2007 el entonces presidente norteamericano, George W. Bush, abogaba por reducir la dependencia energética que sufría su país.

Concomitantemente con ello, los avances tecnológicos le permitieron a EE.UU. incrementar la disponibilidad de petróleo y gas mediante la explotación de esquisto (shale), con una relevante disminución de su precio, y en consecuencia de los costos primos unitarios de los bienes manufacturados.

Esta caracterización tipifica lo que, desde 20171, venimos mencionando como revolución energética norteamericana2, denominación ratificada recientemente por el propio Donald Trump.

Ello permitió, por ejemplo, que sus compañías cuenten hoy con gas natural a menos de la mitad del valor del que sus pares pagan en la UE.

Justamente esa región, al igual que la RPC (que habían penetrado la zona de confort de Estados Unidos) deben abastecerse de combustible por proveedores que no están interesados en bajar significativamente los precios (FR), o atraviesan conflictos por los que no pueden aumentar y estabilizar los volúmenes de abastecimiento (Medio Oriente).

Asimismo, las decisiones del gobierno de Trump respecto a la administración del comercio exterior dificultan el acceso de la producción foránea a su mercado.

El mundo va encontrando, en los diversos modelos nacionales, un nuevo funcionamiento sistémico

La actual "guerra comercial" con China, así como las declaraciones de Trump a través de las redes sociales deben ser leídas en esa clave: "esto debe ser un gran negocio para los Estados Unidos o simplemente no tiene ningún sentido. Tenemos que hacer algo respecto del tremendo terreno que hemos perdido con China en materia de comercio desde la ridícula formación de la OMC".

Finalmente, el diferencial de recursos productivos permite avizorar el desenlace de los conflictos de primer orden, donde la UE3 y la RPC se replegarán y los Estados Unidos recuperarán y/o ampliarán el espacio que supieron obtener en la segunda posguerra.

Conflictos de segundo orden

La disputa de EE.UU. con la Federación Rusa puede considerarse un conflicto de segundo orden.

Entre ambos países hay un acuerdo que tiñe toda la relación, a partir de una condición objetiva: ninguna de las dos naciones desea que la UE ni la RPC reciba energía fósil con precios a la baja que les permitiera recuperar la capacidad competitiva.

Adicionalmente, existe un respeto mutuo en el ámbito militar, dada la cantidad y envergadura de las armas de destrucción masiva que ambos contendientes poseen.

Es bajo el paraguas de ese pacto tácito, que se establecen las disputas por la distribución de las zonas de influencia en el mundo como, por ejemplo:

  • el conflicto con Ucrania, focalizado en la península de Crimea, que se encuentra bajo soberanía rusa, así como en las regiones de Donetsk y Luhansk, en la zona este de aquel país europeo, que reclaman autonomía de Kiev, apoyadas por la FR;
  • la región comprendida entre Turquía y el Medio Oriente ampliado. En el caso de Siria, Estados Unidos no interfirió en el despliegue de tropas rusas, que terminó siendo definitivo para el desenlace de la guerra civil, en tanto los norteamericanos acaban de desplazar hacia el golfo pérsico (Irán) una flota encabezada por su portaviones USS Abraham Lincoln;
  • la República Bolivariana de Venezuela, donde la FR fijó presencia simbólica de carácter militar.

Estas fricciones en diferentes regiones del orbe constituyen las acciones previas a que cada uno, FR y EE.UU., consoliden sus respectivos espacios de influencia. Y, si bien podría producirse algún tipo de escaramuza, de ninguna manera se llegará a una confrontación generalizada, ya que lo que pondrían en juego (que podría llegar a ser, incluso, su propia existencia) es mucho mayor a lo que obtendrían en caso de una victoria.

El NOI y la defensa del interés nacional

Las menciones a los conflictos de primer y segundo orden, así como el emerger de los potentes liderazgos de Putin y Trump, más la imprescindible influencia de Su Santidad, el papa Francisco, contribuyen a explicar por qué el mundo va encontrando, en la diversidad de los modelos nacionales, un nuevo funcionamiento sistémico.

La República Argentina, en términos geopolíticos, y a partir de la nueva determinación de las Naciones Unidas4, debe diseñar su estrategia teniendo en cuenta su "completa extensión", es decir incluyendo la bicontinentalidad y la dimensión marítima. Además de los opulentos recursos de los casi 3.800.000 km2, que incluyen el territorio americano, las Islas del Atlántico Sur y una porción del continente Antártico, nuestra Patria se adeuda la protección y explotación de 6.600.000 km2 de extensión marítima (más allá de la usurpación de potencias extranjeras sobre legítimos espacios soberanos nacionales).

Por su parte, en materia económica, es imprescindible replantear la inserción de nuestro país diseñada por la alianza Cambiemos que, al pretender representar la modernidad, adhirió al viejo esquema caduco formalizado en el Consenso de Washington.

En ese contexto, tanto la jerarquizada relación con la RPC, que es el principal comprador de nuestra producción primaria y sus derivados, como con Brasil, socio mayoritario del MERCOSUR, deben ser sometidas a revisión.

Con China, porque además de desacelerarse su crecimiento, podría pasar a pertenecer al grupo de los países perdedores del NOI, como resultado de las disputas de primer orden.

En tanto, el nuevo ciclo de integración regional requiere redefinir la relación con Brasil, por la propia estructuración y el desacople que presenta el MERCOSUR respecto del NOI. En ese sentido, las políticas de su presidente, Jair Bolsonaro, se enfocan en recuperar para su país grados de libertad respecto del tratado sudamericano. Además, sus declaraciones y su voluntad de operar en el proceso electoral argentino resultan una inadmisible intromisión en nuestros asuntos internos, que no coadyuva a la relación bilateral.

Es imprescindible, en consecuencia, extender los horizontes del intercambio comercial para que la producción argentina llegue, cada vez más, al norte del continente, incorporando a todas las naciones hispanoparlantes de América del Sur, en un conjunto compensado de economías complementarias, alrededor del eje Caracas-Bogotá-Lima-Buenos Aires.

En este marco, las nuevas reglas de la producción y el comercio mundial abren importantes perspectivas para la toma de decisiones autónomas, respecto de las posibilidades de un crecimiento armónico de todos los sectores de actividad, tanto primarios como manufactureros y de servicios, privilegiando ante todo el Interés Nacional.

1 “Lo que ocupa a Trump, a Macri ni le preocupa”, BAE Negocios 22-11-17.

2 Esta provocó, como lo hicieran la revolución industrial (finales del siglo XVIII) y la de los procesos productivos (inicios del siglo XX) una brusca caída de los costos primos. “El America first y el Nuevo Orden Internacional”, BAE Negocios 28-1-19.

3 Algunas potencias europeas, como Italia, con gobiernos de corte “nacionalista”, parecen estar interpretando mal el NOI, al optar por sumarse a la Nueva Ruta de la Seda, propiciada por RPC.

4 La Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) —un grupo de expertos internacionales que funciona en las Naciones Unidas— adoptó por consenso las recomendaciones de la presentación argentina realizada en 2009, sobre el límite exterior de su plataforma continental.

*MM y Asociados

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