Apoyado en el recorte del déficit fiscal y en una ampliación del financiamiento neto del Tesoro en el mercado de deuda en pesos, el ministro de Economía, Martín Guzmán, cerró el primer bimestre sin pedirle asistencia financiera al Banco Central. Esta dinámica de comienzos de año redujo las proyecciones del mercado de las necesidades de emisión monetaria para 2021. La reducción del ritmo de impresión de billetes es uno de los pilares estrategia de estabilización oficial, que busca evitar las presiones sobre el dólar y, de esa forma, desacelerar la inflación.

Si bien los datos publicados llegan hasta el 22 de febrero, fuentes oficiales le confirmaron a BAE Negocios que, al igual que en enero, este mes el BCRA tampoco le giró utilidades ni le dio adelantos transitorios al Tesoro. Se trata de las dos habituales vías de financiación monetaria a la administración pública.

En enero, la “asistencia monetaria cero” fue posible debido al superávit primario de 24.074 millones de pesos. El déficit financiero total de 3.030 millones, el menor en cinco años, cosechado gracias a la reestructuración de la deuda en dólares con los bonistas, el financiamiento neto en el mercado de deuda en pesos por 33.084 millones, el fuerte aumento de la recaudación vía retenciones y un ajuste real en las prestaciones sociales en términos interanuales.

Los números conocidos hasta ahora correspondientes a febrero auguran una dinámica más equilibrada de lo que se preveía. Por un lado, la no asistencia del BCRA al Tesoro y, por otro, el financiamiento neto en el mercado por 43.250 millones de pesos conseguido tras la megalicitación del miércoles, hacen pensar en un resultado fiscal –que Hacienda publicará el 22 de marzo- no tan desbalanceado. A comienzos de la próxima semana se conocerán los datos de la recaudación tributaria del mes, que aportarán otro indicio.

Igualmente, la expectativa es que estos guarismos no se sostengan a lo largo del año. Por lo pronto, el Gobierno sostiene su proyección de déficit primario presupuestado del 4,5% del PBI, pese a que Guzmán había señalado en un encuentro con empresarios que podría ser algo más bajo. Lo propio con el financiamiento monetario de ese rojo, que según el Presupuesto sería del 60% del total pero que, como contó este diario, Economía intenta llevar al 40 ó 45% a través de una ampliación del crédito de los bancos multilaterales para obra pública.

Tras la licitación del miércoles, en la que el Tesoro captó más de 220.000 millones de pesos y el 55% del total con títulos atados a la inflación a 2023 y 2024, un informe de Ecolatina señaló que el resultado y la dinámica acumulada en el primer bimestre “reduce las necesidades de financiamiento con emisión para los próximos meses”. En enero la consultora proyectaba un financiamiento monetario equivalente al 4,7% del PBI en 2021 y al término de febrero lo calcula en 4,4%.

Joaquín Waldman, economista de Ecolatina, le explicó a este medio que se trata de un ejercicio de proyección propio que abarca todos los gastos que, según proyectan, tendrá que hacer el Gobierno en el año: gasto primario, intereses, capital de deudas y otras aplicaciones financieras. Al restarle el financiamiento previsto por recaudación, otros ingresos fiscales, endeudamiento con organismos internacionales, colocaciones en el mercado, obtienen la proyección de las necesidades de asistencia monetaria.

Waldman señaló que ese 4,4% podría reducirse “si empiezan a rollear más deuda (andan por el 120% pero podría modificarse), consiguen más fondos de multilaterales o desarman más del FGS (Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses)”.

En 2020 la emisión récord para financiar el paquete de medidas paliativas de la pandemia, como el IFE y el ATP –que para este año el Gobierno eliminó en pos de una reducción del déficit, pese a la persistencia de la crisis-, fue del 7,4% del PBI (más de 2 billones de pesos).

Semanas atrás fuentes de Economía señalaron que para este año proyectan emitir el equivalente a 3,2% del producto para cubrir la mayor parte del déficit financiero de 2021 presupuestado en 6 puntos del PBI. El 2,8% restante se fondearía con endeudamento. Igualmente, esto dependerá de si se logra una ampliación del crédito de instituciones como el Banco Mundial, el BID o la CAF, y del cierre de la negociación con el FMI, que dejará un programa con metas plurianuales.

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