En agosto, el salario real llegó a acumular seis meses consecutivos de puras caídas. En lo que va de pandemia sufrió una contracción de 5,3% real. En septiembre ya habría logrado anotar una mejora significativa en términos nominales, gracias a los acuerdos paritarios relativamente generalizados. Eso sí: más allá de lo que haya ocurrido durante el mes pasado, lo cierto es que las estrategias gremiales apuntaron más a no perder por demasiado contra la inflación que a conseguir una mejora real.

El Indec publicó el Índice de Salarios de agosto. El nivel general cayó 0,7% real contra los niveles de julio, aunque los registrados perdieron 1% y los públicos 1,8% (muchísimo para un solo mes). El salario comenzó a desplomarse en marzo y desde entonces no logró revertir esa dinámica negativa, de la mano con una destrucción de 3.750.000 puestos de trabajo en el segundo trimestre. La pérdida de capacidad de negociación de los sindicatos los puso en la necesidad de encarar una estrategia meramente defensiva, intentando no perder por goleada contra la inflación.

Se trata de un círculo vicioso: la caída en la actividad golpeó de lleno al empleo y al salario, lo que se agravó con las dificultades de los sindicatos para presionar, y eso a la vez dificultará el rebote del PBI, con un consumo que repunta de forma demasiado lenta.

Lo explicó el director de Epyca, Martín Kalos: “Si la apuesta es a recuperar la actividad con el consumo como motor, le veo patas cortas, por ahora. No parece viable por el lado del ingreso, que no se va a recuperar ni suficiente ni rápido, ni a partir del salario real ni desde los puestos de trabajo, donde tras el rebote inicial por reapertura no hay dinámica que los siga recuperando. Y tampoco por el crédito al consumo, ya que las familias ya vienen muy endeudadas y los canales de financiamiento posibles se están reduciendo”.

Las paritarias ya van cobrando forma, el grueso de los sectores logró cerrar sus acuerdos, aunque quedan algunos pendientes. Eso sí: esa forma que van cobrando es más bien defensiva e influida por el 29% de inflación que proyecta el Presupuesto 2021 para el año que viene. En ese sentido, cabe destacar que las distintas encuestas de expectativas de inflación esperan una dinámica de precios muy por encima de ese nivel.

Por caso, el promedio de respuestas de los analistas y bancos de la city consultados por el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), del BCRA marcó una de 49,7% para los próximos 12 meses. Por su parte, la última realizada por el Centro de Investigaciones en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella (CIF-UTDT), más centrada en la visión de los hogares que en la de los especialistas, proyectó una de 47%. Ambas muy por encima.

En ese sentido, el coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA – Autónoma, Luis Campos, señaló que “por ahora la negociación colectiva salarial viene siendo puramente defensiva, lo que no quita que tenga alguna efectividad, pero no para empardarle a la inflación sino para perder por lo menos posible”.

La clave es la fortísima caída de la actividad y la destrucción de empleos. En ese sentido, agregó acerca de la debilitada capacidad de negociación sindical: “Hay muchos sectores que todavía no tienen ni idea de qué tamaño van a tener después de todo esto. Excepto alguno ubicado en actividades estratégicas y con una organización relativamente fuerte, como aceiteros, recibidores de granos, molineros y tal vez bancarios, el resto tratará de ir corriendo de atrás a la inflación y no quedar muy lejos en un escenario hipotético de estabilización”.

Además, Campos detalló el panorama generalizado de la paritaria: “Este año va a ser el más heterogéneo desde que se volvieron a generalizar las paritarias en 2006. Algunas actividades no negociaron o plasmaron aumentos muy bajos, en torno al 15% o incluso menos. Otras van a estar arriba del 35%, como vitivinícolas, molineros, recibidores de granos y descuento que aceiteros va a estar ahí después de la revisión. Eso hasta ahora. Tal vez se acerque alguno más. Luego tenés un grupo bien numeros entre el 20% y el 30%”. Ahí se destaca el sector público nacional que, además de haber sido el más golpeado en agosto, logró una mejora de apenas 7%

Así, la dinámica salarial dependerá de lo que ocurra con los precios. En ese sentido, la continuidad de la cuestión cambiaria pende como una espada de damocles sobre los ingresos fijos. Kalos destacó: “Muy difícil que haya una mejora real en el corto plazo, con la fragilidad de la situación laboral, que pone a los sindicatos en una actitud muy defensiva, con un gobierno que busca que toda actualización vaya en línea con ese 29% previsto de inflación lo cual conlleva el riesgo de que cualquier episodio de volatilidad en esta crisis con tanta incertidumbre deje con un acuerdo salarial por debajo de la inflación que realmente ocurra”.

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