Según el Indec, el consumo privado cayó 8,6% en 2018-2019. La dinámica del deterioro estaba comenzando a moderarse pero aún no había tocado piso en febrero, cuando volvió a caer 0,4% respecto al mes previo, según la Fundación Germán Abdala. En adelante, los datos volverán a mostrar un desplome con energía renovada, por el efecto de la cuarentena. Recién cuando el aislamiento termine, el keynesianismo oficial podrá tener un efecto moderador de la caída, o reactivante, por la vía de la inyección del gasto público.

El aislamiento social, preventivo y obligatorio no sólo pospone decisiones de consumo, como lo hace cualquier crisis, sino que además las prohíbe. Por eso, las medidas oficiales recién tendrán efecto cuando la cuarentena se levante y sea necesario revivir a la actividad económica. Desde el Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA), afirmaron: “De cara a los próximos meses, es esperable que el consumo muestre una importante retraída en el marco de las medidas en todo el territorio nacional y la contracción de la actividad económica global”.

El Indicador Mensual de Consumo (IMC) de febrero del ITE-FGA mostró que, antes de las medidas de prevención, el consumo había caído 2,3% respecto al mismo mes del 2019. Ese número daba cuenta de cierta moderación en las bajas interanuales, si se observa que durante la mayoría del año pasado las contracciones fueron de más de dos cifras. Sin embargo, la variación libre de estacionalidad respecto a enero dejó ver que el piso aún no había llegado para el consumo de los hogares: se registró una contracción de 0,4%.

Además, el propio Indec publicó el jueves los números de sus indicadores más avanzados de consumo: las encuestas de shoppings y supermercados. En enero, ambos continuaron en baja en su recaudación medida en términos reales. De hecho, los supermercados sufrieron una caída de 1,6% interanual y los shoppings otra de 1,9%. De nuevo: los números mostraban cierta desaceleración respecto a las brutales contracciones que se registraron en 2018-2019. Pero resultaba destacable que, incluso comparando contra esos derrumbes históricos, todavía siguieran cayendo.

Y es que las medidas económicas de la Ley de Solidaridad, si bien buscaban redistribuir, no incluían una inyección de recursos sobre la economía. De hecho, la búsqueda era la de la neutralidad fiscal, en sintonía con las preferencias de los acreedores externos. El coronavirus cambió esa lógica y, si bien para muchos analistas todavía tiene gusto a poco, el Gobierno ya anunció medidas de incentivo y sostenimiento económico que suman 2,1% del PBI (0,6% para las medidas con impacto fiscal).

Esas medidas no tendrán mayor impacto mientras dure la cuarentena, por la imposibilidad de consumir bienes que no sean alimentos, productos de higiene personal, medicamentos y otros de primera necesidad. Pero impactarán más tarde, en la recuperación.

Así lo remarcó un informe publicado por el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO): “Las medidas económicas no pueden entenderse bajo la lógica heterodoxa habitual de políticas keynesianas de reactivación en tiempos de crisis, ya que eso incrementa el nivel de actividad general y, por ende, la circulación de las personas. De ahí que algunas medidas tomadas inicialmente, como la reactivación de los créditos PRO.CRE.AR. o la extensión del programa Ahora 12, quedaron a contramano del posterior establecimiento de la cuarentena obligatoria. Son medidas que podrán tener su relevancia en una etapa posterior, cuando la cuarentena haya sido superada y el objetivo de la política económica sea superar el derrumbe de la actividad”.

La cuestión es compleja en una economía como la argentina, en la que muchos de los actores están en la informalidad. Para que ellos puedan acceder a los productos de primera necesidad, sí parece necesaria la medida del Ingreso Familiar de Emergencia, que en abril implicará un bono por $10.000 para 3,6 millones de personas.

En ese sentido, el economista de ITE-FGA, Leandro Ottone, señaló: “Hoy parece ser el momento de darle liquidez a las empresas, porque las personas no pueden salir a consumir algo que no sea alimento. Ese será un gasto que se hará después de la cuarentena en todo el mundo y que buscará sumar demanda agregada. Pero la gran diferencia en Argentina, respecto a los otros países, es la informalidad y que a los informales hay que darles plata ahora, porque no les alcanza para comer".

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