La pandemia tuvo un impacto inédito en el empleo. En el segundo trimestre, que fue cuando golpearon de lleno las restricciones más rígidas al movimiento de las personas, se perdieron 2,5 de puestos de trabajo según la medición de los aglomerados urbanos que llega a 4 millones si se extrapola a todo el país. Una cifra inédita que llevó a la tasa de empleo a niveles que no se veían desde mayo del 2002. La propia imposibilidad de salir a buscar trabajo generó que el desempleo subiera menos y registró un incremento de 2,5 puntos. Llegó hasta el 13,1% y aun así se trató de la suba más abrupta de la posconvertibilidad.

Hasta acá, por los datos oficiales del Ministerio de Trabajo, se sabía que el empleo formal había generado una pérdida de 350.000 puestos entre sector público y privado. Ahora el Indec publicó el informe del Mercado de Trabajo del segundo trimestre, en base a la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Al tomar en cuenta lo ocurrido en el empleo informal y cuentapropista, se pudo observar el verdadero efecto de la cuarentena. El dato, junto con la contracción del salario de 4%, ayuda a explicar la fortísima caída del consumo y la lentitud para recuperarse, que le pone un límite al rebote de la actividad.

El informe del Indec mostró varios fenómenos: el empleo cayó 9,2 puntos en la comparación interanual, desde 42,6% hasta 33,4%. Cuatro millones de personas (al extrapolar el dato de los aglomerados urbanos al total del país) que se quedaron sin fuente de ingresos. De ellas, en buena parte por las restricciones al movimiento que impuso la cuarentena, sólo 200.000 buscaron un trabajo nuevo, lo que se reflejó en una contracción de la tasa de actividad de 9,3 puntos, desde 47,7% hasta 38,4%.

Y eso, a su vez, permitió que la tasa de desempleo no se dispare en forma excesiva. Si bien el salto de 2,5 puntos es el más abultado de la posconvertibilidad, un cálculo del economista Federico González Rouco señaló que si cada persona que perdió su trabajo hubiese salido a buscar uno nuevo, la tasa de desocupación habría sido de 29,3%. Se trata de un ejercicio extremo que no toma en cuenta el rebote de la actividad económica y el efecto desánimo de lo limitado que será. Pero el número es impactante.

González Rouco señaló al respecto: "A medida que la cuarentena se vaya levantando, esas personas volverán a sus trabajos, algunos, pero muchos no. Esos que no vuelvan deberán empezar a buscar y nada indica que la economía vaya a absorber a esas millones de personas. El desempleo todavía tiene para crecer. Es decir, la pérdida de empleo es equivalente a un desempleo de 29,3% pero se reduce porque esa gente no puede salir a buscar. Si la situación no repunta y absorbe empleo, la tasa de desempleo podría llegar a esos niveles. Quizás algo por debajo, pero por ahí".

Desde LCG aportaron un panorama a futuro más moderado, aunque también negativo: "Entendemos que en lo que resta del año el mercado de trabajo se moverá en la dirección menos deseada: una mayor participación en la medida que los ingresos ofrecidos por el Gobierno se licuen (o se levanten) en paralelo con escasa demanda laboral, ahora afectada también por el mayor grado de incertidumbre que impera en la económica local. Nuestra proyección se centra en una desocupación 15% en lo que resta del año".

El director de Epyca, Martín Kalos, señaló: "El dato del 29% marca una cota superior. Probablemente estaría a mitad de camino, y parte de ese desempleo quedaría cubierto por monotributo, cuentapropismo y otras formas de precarización".

La consultora Ecolatina coincidió y destacó que la relativamente menor baja que se registró en el empleo formal, por las medidas antidespido oficiales, llevará ahora a una menor reincorporación de trabajadores por ese canal. Sostuvo: "Con el relajamiento de facto y de jure de las restricciones a la movilidad, el empleo informal y el cuentapropismo sería el primer elemento del mercado laboral en recomponerse. Sin embargo, la cada vez más modesta recuperación de la actividad pone interrogantes acerca de cuánto demorará en volver a los niveles previos a la pandemia. Asimismo, el empleo privado formal ajustó poco respecto de la magnitud de la caída de la actividad, por lo que difícilmente vuelva a trepar este año: algunas empresas aún cuentan con dotación excedente".

En ese sentido, cabe destacar que los puestos asalariados formales privados y públicos cayeron 2,9%, los no asalariados 28,2% y los asalariados informales 42,5%.

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Mariano Cuparo Ortiz

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