El coronavirus y la peor recesión de la historia argentina trajeron como contracara quizás un único dato positivo: la desaceleración de la inflación. El acumulado de los primeros cinco meses del año dio como resultado una suba de precios del 11,1%, más de cinco puntos menos de lo que esperaban los analistas del mercado en enero, según el REM del Banco Central.

En abril y mayo, los primeros meses de pandemia plena, la inflación medida por el Indec fue del 1,5%, la mitad de la prevista a principio de año, mientras que para junio se prevé apenas por encima, de 1,7%.

Sin embargo, la posible reactivación en el segundo semestre podría hacer que el IPC se acelere y cierre el 2020 a cifras solo tres o cuatro puntos por debajo del 41,7% pronosticado antes del Covid-19. Otros, en un escenario pesimista sin recuperación, estiman una inflación anual que no supere por mucho el 20%.

Por qué bajó la inflación

La caída estrepitosa de la demanda, coinciden todos, es lo que explica la desaceleración de los precios a partir del segundo trimestre. “No hay margen para aumentarlos de ningún modo”, afirma Eva Sacco, economista del CEPA especialista en precios y consumo, para quien la recesión impactó en este sentido mucho más que programas inerciales como Precios Máximos.

Victoria Giarrizzo, de la consultora CERX y experta en inflación, aclara además que, aunque los alimentos y bebidas son esenciales y claves en la formación de precios, hay que tener en cuenta que se desplomó su demanda vinculada a gastronomía y turismo. Y explica también que en estos meses la venta se desplazó a los grandes supermercados, en los que el control de precios es más sencillo por tener venta online.

Otro factor importante para descomprimir los precios, agrega Santiago López Alfaro de la consultora económica Delphos, es el congelamiento de los servicios regulados como la luz o el gas, que rige desde diciembre y fue prorrogado hasta fin de año.

¿Cuál será la inflación en los próximos meses?

Lo que suceda en el resto de 2020 dependerá, por supuesto, de si se empieza a superar la pandemia o no. López Alfaro estima que es posible que se esté saliendo de la cuestión del coronavirus en un mes y medio y que, por lo tanto, “en los cinco últimos meses del año, laburando a full, la inflación será alta”. Sus proyecciones de enero a diciembre prevén un IPC de entre el 38% y el 40%, no muy lejanas a lo que se suponía a principio de año.

Giarrizzo espera en julio y agosto un IPC similar al del segundo trimestre, pero advierte que “hay inflación reprimida” y que los comercios pueden remarcar precios ya elevados por los proveedores. Esto, sumado a un encarecimiento de las importaciones, podría llevar a que a partir de septiembre se registre una suba de precios de alrededor del 3,5% mensual, dice la economista.

De todos modos, Giarrizzo aclara que “la desaceleración le pone un techo a la inflación anual” que, de manera similar a López Alfaro, espera que ronde el 37% pero que no llegue ya al piso de 40% estimado en enero.

En cambio, Sacco cree que la pandemia no tiene todavía un horizonte de salida y no ve un escenario de reactivación en los próximos meses. “Si hay tres meses de reactivación a partir de septiembre, con suerte se abren las paritarias en febrero o marzo. Aunque termine el aislamiento, no hay mucho margen para un repunte de la actividad económica ni del IPC”, explica. Además, para ella las empresas todavía tendrán mucho espacio para recuperar la capacidad ociosa y estarán más pendientes de recomponer capital de trabajo que de aumentar los precios.

Por eso, Sacco estima que la inflación del segundo semestre será similar a la del primero y que terminará el 2020 en un “20% o como mucho 25%”.

La cuestión de la emisión

La necesidad de financiar gigantescos planes sociales como el IFE y el ATP para evitar un colapso aún mayor de la economía llevaron al Banco Central a realizar una emisión monetaria récord este año. De hecho, la cantidad de dinero en poder del público aumentó un 33% desde el 20 de marzo.

“Es preocupante y al emitirse por la caída de la recaudación es difícil que se pueda detener rápido. Se va a terminar yendo a precios porque tuviste la peor crisis y no podés salir con un paquete ortodoxo para aspirar todos los pesos. Habrá que convivir con la inflación un par de años”, asegura López Alfaro.

Sacco también cree que la emisión puede terminar repercutiendo en el nivel de precios pero “no por el canal monetarista” sino por la posibilidad de que derive en una presión devaluatoria.

De todos modos, el hecho de que los destinatarios de estos nuevos pesos sean los sectores bajos ayuda a evitar o al menos retardar ese efecto. “Demandan alimentos y bebidas que es lo más controlado y además consumen todo, por lo que no habría inflación por demanda de dólares”, explica Giarrizzo. Para Sacco, justamente, “no es lo mismo emitir para pagar Leliq que para pagar el IFE, porque en uno caso se convierte en fuga de dólares y en otro de gasta en insumos básicos”.

¿El fantasma de la híper?

El gran temor de los argentinos, que la actual situación derive en una hiperinflación, parece descartado al menos en el corto plazo. Para eso, dicen los economistas, será importante que logre resolverse la renegociación de la deuda, de modo que no haya vencimientos próximos y el Gobierno pueda acceder al mercado de capitales y tener más dólares con los que defender la paridad del peso.

Si la economía empieza a reactivarse se acomodará la cuenta corriente y habrá superávit comercial, remarca López Alfaro, además de que el Gobierno podrá regular una parte importante del gasto por estar suspendida la ley de movilidad jubilatoria.

Giarrizzo subraya también que actualmente hay más tecnología para controlar las cadenas de precios, sobre todo por la modalidad online.

Para Sacco, sin embargo, “el riesgo siempre existe”, aunque no en el corto plazo y sobre todo en un escenario de default en el que los dólares escaseen. “La emisión puede generar más pesos en la calle y esos pesos en manos de la gente equivocada, que son los que tienen excedentes para demandar dólares, generan devaluación. Si tenés una paridad defendible sería distinto”, explica.

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