Dólar y reservas: qué se espera tras el acuerdo con el FMI

La ausencia total de compromisos sobre reformas estructurales indica que con estos lineamientos no estaríamos en vías de llegar a un acuerdo que resuelve los problemas de largo plazo.

 

Los últimos quince días estuvieron signados por la volatilidad y el pesimismo en los mercados. Los dólares paralelos habían escalado entre 20 y 25 pesos, el precio de los bonos rompía un nuevo piso y seguían cayendo y, en consecuencia, el riesgo país se posicionaba por encima de los 1.900 puntos.

Todo eso tenía su correlato también en el activo del Banco Central. Mientras que ayudado por una cosecha de trigo récord el organismo había podido acumular reservas en las primeras semanas, se vio obligado a sacrificar reservas netas, dejando al total del mes de enero ya en terreno negativo.

El objetivo inmediato que era calmar al mercado fue parcialmente cumplido. El precio de los bonos tuvo una sensible recuperación, haciendo descender al riesgo país por debajo de los 1.850 puntos y los dólares paralelos bajaron entre 7 y 10 pesos según el mercado. Sin embargo, en el mercado oficial el Banco Central tuvo que volver a intervenir y en la rueda sacrificó 80 millones de dólares. Es decir que en principio el anuncio no fue lo suficientemente sólido como para revertir por completo las tensiones.

De lo urgente a lo importante

 

Cabe reflexionar si el acuerdo es apropiado para las circunstancias de la economía argentina. En este plano hay dos horizontes de análisis superpuestos: la estanflación de largo plazo que acarrea la economía local desde el año 2011 y la fuerte inestabilidad desatada desde la crisis cambiaria del 2018.

En cuanto al horizonte más largo, la ausencia total de compromisos sobre reformas estructurales indica que con estos lineamientos no estaríamos en vías de llegar a un acuerdo que sea capaz de hacer los cambios necesarios para devolverle a la economía argentina la capacidad de recuperar el crecimiento económico en algún momento. Es decir, este acuerdo, no resuelve los problemas de largo plazo.

 

En cuanto al horizonte corto, la pregunta relevante es si con las pautas fiscales y monetarias trazadas, más el giro de aproximadamente 4.500 millones de dólares en concepto de devolución de los pagos hechos hasta el momento y algún financiamiento extra que podría venir de otros organismos internacionales, es posible o no transitar los dos años hasta un posible cambio de gobierno evitando una disrupción cambiaria y una aceleración inflacionaria que nos lleve a otro ciclo recesivo.

Esta sería la apuesta del gobierno y del FMI: no comprometer reformas de fondo e intentar blindar los próximos 24 meses sin exigirle un ajuste tan significativo al actual gobierno. Si esa fuera la apuesta, nuestra impresión es que el “puente” no es lo suficientemente sólido como para garantizarlo.

El nivel de reservas en el Banco Central y las proyecciones de flujos de dólares en los próximos meses estarían indicando la necesidad de contar con mayores desembolsos por parte del Fondo como para evitar una nueva crisis cambiaria. Quizás con el avance de las negociaciones puedan aparecer nuevas fuentes de divisas frescas que fortalezcan el programa. De ser así, sería una confirmación de que este acuerdo está hecho más pensando en dilatar que en arreglar.

Esta nota habla de: