El desafío de la construcción: el sector advierte que la inversión privada no alcanza
Para el presidente de Camarco, un deterioro de décadas en infraestructura no se puede reparar sin la inversión pública, en tanto el privado requiere del desarrollo del crédito y el mercado de capitales.
La industria de la construcción atraviesa por un período de cierta estabilidad, aunque el nivel de actividad sigue un 25% por debajo al del inicio de la Presidencia de Javier Milei, y el sector debate sobre cuál debe ser la participación del Estado y la del sector privado para darle el impulso necesario.
BAE Negocios entrevistó al presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), Gustavo Weiss, luego de la Convención Anual realizada en coincidencia con los 90 años de su creación.
En el diálogo, Weiss destacó la importancia de la inversión del Estado para el desarrollo de la infraestructura y del financiamiento a largo plazo en lo que respecta al sector privado.
Sin muchas expectativas de cambio
-El sector de la Constitución fue uno de los más castigados, ni bien comenzó el gobierno de Milei en el 2024, en 2025 hubo una leve recuperación o rebote. ¿Cómo se puede caracterizar la situación de 2026?
- Tuvimos una caída del 25% entre mediado de 2023 y de 2024; a partir de mediados de ese año a la fecha estamos estabilizados, no seguimos cayendo ni crecimos, pero en un nivel de actividad, como dije, 25% inferior al último pico de 2023.
- ¿Esperan alguna señal del gobierno o del mercado como para recuperarse y volver a los niveles previos?
- Ese es nuestro deseo. La realidad es que, si hacemos un análisis objetivo, vemos por un lado que el Gobierno sostiene que hay que invertir en infraestructura y por el otro la dificultad para el desarrollo de viviendas para la clase media. Los bancos no tienen créditos hipotecarios en volumen y hasta tanto no los tengan, no va a haber un repunte ese sector tampoco. Cuando uno analiza los dos temas, no ve que en los por los próximos meses haya mucha expectativa de cambio.
- ¿Creen que alcanza con el impulso a las concesiones de obra pública al sector privado o consideran que el Estado debe tener un protagonismo mayor?
- No, no es suficiente. Tenemos análisis hechos de cómo funciona la inversión en infraestructura en todo el mundo y el sector privado no supera el 15% del total, aun con la financiación a largo plazo del mercado de capitales, seguridad jurídica y tarifas altas en dólares. El 85% restante lo hace el Estado en sus tres niveles, nacional, provincial y municipal. Cada uno se cargo de su parte, pero la participación privada en lo que es infraestructura es francamente minoritaria, porque en la mayoría de las inversiones no hay rentabilidad.
- ¿Y eso se refleja en un deterioro, se puede identificar los sectores más afectados?
- El deterioro de la infraestructura argentina, que es dramático en muchos casos, no es un problema derivado de que el Gobierno dejó de invertir por dos años, viene de arrastre desde hace décadas, podemos decir 60, 70, 80, 100 años. La inversión siempre fue deficitaria, siempre se invirtió menos de lo necesario. Entonces, uno ve rutas, ferrocarriles, hospitales, escuelas, etc, todo en muy mal estado por deficiencia de inversión en infraestructura.
- ¿Qué hay que hacer, si es posible, para que esa inversión sea atractiva para el sector privado?
- Hay ciertas áreas en las que el privado puede intervenir, un ejemplo son las rutas nacionales. Vialidad opera 40.000 kilómetros que en su momento ejecutó con fondos del Estado. Las únicas que se pudieron hacer con capital privado son los accesos a la Ciudad de Buenos Aires y la de Córdoba, porque tienen volumen de tránsito suficiente. Pero el resto no se puede. En el mejor de los casos, como va a ocurrir ahora con 9.000 km, se puede convocar al capital privado para que vía cobro de peaje las mantenga, las repare, pero no para que las ejecute de cero, porque no dan los números.
También hay ciertas actividades de infraestructura que sí puede operar el sector privado. Por ejemplo, la generación de energía eléctrica, que en gran medida en Argentina es privada, eso sí, porque tiene rentabilidad. Ocurre lo mismo en la infraestructura vinculada al gas y el petróleo, en la que es susceptible de que la actividad privada participe y que tenga una rentabilidad atractiva.
Pero si hablamos de una escuela, un hospital, viviendas sociales o una cárcel, obviamente no va a ser un negocio para el privado y se hace necesaria la inversión del Estado. No vamos a cobrarle peaje a los presos...
-¿Se puede compensar la caída de la actividad en los grandes centros urbanos con la relacionada con los sectores más dinámicos, como la energía y la minería?
- En Neuquén, con todo el impulso que dan el petróleo y el gas, claramente hay mucha actividad de construcción. Pero no alcanza, es un microclima. Hay algo vinculado a la minería, más incipiente. En este caso lleva tiempo arrancar, son inversiones muy grandes.
Construcción hay, no es que estamos en cero sino estabilizados en un nivel bajo, aunque obras hay en todo el país. Pero Argentina tiene un enorme problema de crédito bancario, ni qué hablar del de largo plazo. El camino está claro, es un proceso en el que hay que generar confianza en la moneda y un mercado de capitales en pesos de largo plazo. Es lo que pasa en la mayoría de los países normales del mundo.
-Eso es similar a lo que dice el Gobierno. ¿Cuánto puede llevar ese proceso?
- El problema es que la sociedad argentina después de tantos desastres que se han hecho a lo largo de la historia no cree en el peso. Y tiene razón en no creer, porque han estafado permanentemente a la gente que ahorraba en pesos. Entonces, con razón, ahorra en dólares, con el problema que lo hace fuera del sistema. Además, por ciertas regulaciones del Banco Central no se puede prestar tan fácilmente. Es un proceso muy complejo y es difícil saber cuánto tiempo pasará hasta que la gente tome la confianza necesaria.
- Com.Ven.Var. %


