Aunque tradicionalmente el coaching se ha entendido de forma individual, en los últimos años se ha extendido la práctica de este método dentro de equipos de trabajo que persiguen un mismo objetivo y desean mejorar su rendimiento.

El coaching personal es una metodología mediante la cual un coach o entrenador ayuda a un individuo a desarrollar todo su potencial. Lo acompaña en un camino de autodescubrimiento y autoafirmación que puede ayudar al individuo a mejorar tanto en el ámbito personal como profesional. Ayuda a la persona a evitar las emociones negativas que afectan su rendimiento.

Aplicado a grupos, permite tener equipos motivados, capaces de trabajar de manera conjunta, y poner en juego todas sus capacidades. Ahora bien, para alcanzar estas virtudes, es importante que el coach cambie su enfoque.

Debe prestar atención a la subcultura del grupo y acompañar las decisiones sin dar consejo

En un artìculo, Martín Alaimo, coach profesional y organizacional de Kleer, revela siete trucos para potenciar el coaching de equipos. En primer lugar, el enfoque sistémico. Como ejemplo, invita a recordar alguna vez que cambiamos de colegio o pasamos de la primaria a la segundaria o cambiamos de trabajo. "Cada vez que me sucedía algo así, mi comportamiento cambiaba. En este nuevo grupo no era la misma persona. Mis pensamientos, mis emociones, eran otros", describe, para destacar la importancia de la mirada sistémica. El coach deberá observar y trabajar con la cultura del sistema, sus creencias, sus rutinas defensivas y las relaciones que existen entre los miembros del equipo.

En segundo lugar, observar la subcultura del sistema. Prácticamente todo equipo de trabajo es un sistema que pertenece a un sistema empresarial. Una empresa tiene una cierta cultura que va a afectar la manera en la que el equipo opera. A su vez, el equipo de trabajo también genera su propia subcultura, con la que hay que trabajar principalmente.

El tercer punto es elevar el nivel de consciencia del sistema, es decir, el nivel de conocimiento que el equipo de trabajo tiene sobre sí mismo: cómo opera, en qué cultura se maneja, cuáles son las normas explícitas e implícitas, las expectativas que se manejan, la fortaleza de las relaciones interpersonales, las emociones que son aceptadas y las que son rechazadas, las rutinas defensivas, etc. De esa forma, comienza a expandir sus posibilidades de elección, de decisión y de acción.

En cuarto lugar, según el especialista, hay que intervenir en el proceso. "Como Coach tus intervenciones están dirigidas hacia la forma en la que el equipo hace su trabajo y no hacia el trabajo que el equipo realiza. Enfócate exclusivamente en los patrones de toma de decisiones, en las cosas no dichas, en las cosas dichas, en las creencias implícitas, en el estatus quo, pero nunca en el trabajo que el equipo decidió hacer".

Adicionalmente, hay que acompañar las decisiones sin convertirse en consejero: cuando das consejos, dejas de ser el coach para ser consultor. ÀCometer una equivocación es parte del proceso de aprendizaje del equipo. Un sexto punto es "volverse irrelevante": una de las peores cosas que se pueden hacer es generar una relación de dependencia del equipo para con el coach.

Por último, partir. "Tanto las acciones como los resultados de un equipo son consecuencia del cuento que se cuentan. Mientras más tiempo paso junto a un equipo, mayores son mis posibilidades de creerme su cuento. Tarde o temprano busco un reemplazo y me voy. Cambio de equipo. Cambio de cuento", dice el coach.

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