En la era en que el consumo de experiencias impera por sobre el consumo de bienes, los millonarios hacen punta con una forma de turismo inaccesible para las masas.

En plena carrera espacial, viajar hacia las estrellas es un destino de deseo para los más acaudalados. Pero no se trata sólo de llegar más allá nuestro planeta, también está la posibilidad de ir hacia las profundidades de la Tierra en excursiones al fondo del mar. Se trata de otro de los tours que prenden entre los más ricos, según una nota en el diario español Cinco Días.

El espacio es un destino turístico "que se vende por sí mismo y que no deja de llamar la atención", asegura Sam Scimemi, director de la Estación Espacial Internacional (ISS) en la sede de la NASA. El organismo, cansado de los recortes y la falta de financiación, ha decidido explotar este mercado para conseguir dinero. Así lo explicó el propio Scimemi en la primera edición del Space & Underwater Tourism Universal Summit (Sutus), celebrado en Marbella (Málaga). Y lo dijo sin ningún tipo de disimulo o tapujo: "Nuestro proyecto turístico forma parte de una estrategia. Queremos seguir investigando y comprando los materiales necesarios. Para eso vale todo esto". Así lo consigna la publicación española.

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LEO (órbita terrestre baja, por sus siglas en inglés) es un proyecto que arrancará el próximo año y que llevará a la estación espacial a varios cosmoturistas. Para ello hay que cumplir los requisitos físicos necesarios para poder viajar y contar con el dinero necesario. La tarifa del transporte parte de los 80 millones de dólares. A esto se le suman otros 35.000 dólares por noche, que incluyen la cama, el baño, la comida, la energía y el equipamiento. Desde 2001, señaló Scimemi, solo han subido a la estación un total de ocho personas no astronautas. En 2020 están ya previstas dos misiones de hasta 30 días con 12 o 13 personas por viaje.

Una empresa de submarinos planea un viaje a la Antártida para llevar a la gente a sitios donde ningún humano estuvo antes

El fondo marino, prosiguió, del que solo se conoce un 5%, es el cosmos más desconocido. Los bolsillos más acaudalados también tienen su destino exclusivo bajo las aguas. Scott Waters, presidente de Pisces VI Submarine, empresa propietaria de los submarinos privados que alcanzan hasta 2.100 metros de profundidad y que obtiene el dinero del turismo y las misiones científicas, planea un viaje para cinco turistas a la Antártida y a sus aguas, "para llevar a la gente a sitios donde ningún humano ha estado antes". El precio por persona alcanza los 50.000 euros, y otras misiones, con inmersiones de un día en Canadá, llegan a los 12.000 euros.

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