Hace algunas semanas, se cerró el trato: Amazon compraba Metro-Goldwyn- Mayer por 8.500 millones de dólares. Pero todo el mundo sabe que esa clase de negocios no terminan de la noche a la mañana. Ahora hay rumores -dados a conocer por el Wall Street Journal y Variety- de que la administración de Joe Biden va a volver más lento el proceso, y que la FTC va a revisar todo el asunto para evitar una apuesta monopólica.

La moneda, como siempre, tiene dos caras. La FTC (Federal Trade Commission, la entidad que revisa que no haya monopolios ni oligopolios y autoriza o no este tipo de fusiones) está en estos momentos dirigida por Lina Khan, una demócrata que, desde siempre, ha sido muy crítica de las empresas tecnológicas como Amazon. Lo que implica que la compra va a revisarse -se cree- con lupa minuciosa. 

La posición de Amazon al respecto es que no hay posibilidad alguna de monopolio porque el campo de las plataformas y los contenidos hoy es más competitivo que nunca. Tiene razón y no la tiene. Por una parte, es cierto que hay muchas empresas pugnando por conseguir abonados, y que son pesos pesados en cuanto a la posesión de franquicias.  Amazon tiene algunas marcas propias, ninguna especialmente notable como negocio (calidad aparte). La compra de MGM la proveería de 4000 películas y 17.000 programas de TV, y marcas como Rocky, El Hobbit, La Pantera Rosa y, joya de la corona, James Bond.

Es decir, cada empresa tiene su propia parte del negocio. Pero ahí está el problema: sus marcas son exclusivas. Imposible ver Disney fuera de la plataforma de Disney, por ejemplo. O Stranger Things si uno decidió pagar HBO Max. Es esperar a que pase a cable común (años tarde) o no tener el contenido. Esto también afecta la competencia. Es decir: aunque las firmas compiten, esa competencia está basada en una híper concentración.

Pero en todo caso el problema consistiría en que Amazon se vuelva demasiado grande. Comprar MGM por esa cifra (para muchos analistas, generosamente por encima de su valor real) implica que busca competir agresivamente en SVOD y cubre con esta compra su necesidad de marcas propias. Ser ya la referncia en e-commerce y una de las empresas más grandes del mundo preocupa a la FTC; ¿por qué no pensar que su peso en toda la economía se multiplicará si busca el liderazgo en el audiovisual? Por ahora, entonces, el negocio queda en stand-by, aunque todos confían en que se cerrará el deal. Temprano o -quién sabe-, tarde.

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