Ya finalizado, el Festival de Cannes ofrece una panorámica interesante sobre el cine del presente y del futuro. La apuesta fue muy arriesgada: realizar un evento presencial, sin limitaciones de aforo, algo que generó debate y no pocas críticas. Críticas que, esta vez, fueron recogidas y amplificadas por las publicaciones especializadas Screen y Variety. ¿Interés periodístico o deseo de opacar el encuentro de cine global más relevante con la idea de que -sobre todo respecto del mercado- se opere una mudanza hacia otros territorios? 

El cruce de mensajes, aun sin referencias explícitas de uno a otro contendiente, fue bastante evidente. Mientras por lo bajo corrían rumores en torno a infectados, contagios, amenazas de restricciones o lock down, Thierry Frémaux aprovechaba cada intervención suya, aunque fuera en la presentación de una película, para señalar a las salas de cine como un lugar seguro, a descartar cualquier rumor ominoso. Según el director de la muestra, la positividad de los masivos testeos que gratuitamente se efectuaron fue ínfima, 1 en 5000 deslizó en la trasnoche del viernes en la presentación de Vortex, última realización del argentino Gaspar Noé. Es difícil conocer a ciencia cierta la cantidad de contagios (todos dicen conocer a un director, productor o comprador que se habría tenido que confinar por haber dado positivo) y no puede dejar de advertirse que muchos decidieron hacer "su festival" evitando los lugares que requerían pase sanitario. Lo que puede advertirse es que no existió un "brote" y eso que los controles fueron relativos.

Podrá discutirse si algunos riesgos asumidos fueron innecesarios o excesivos; lo cierto es que el Festival funcionó con una normalidad evidente. A diferencia del mercado (que como aquí comentamos, viró hacia la virtualidad con escasísima presencia en Cannes), Cannes demostró su actualidad y poderío. La afirmación de la idea de ver cine en el cine, de rescatar el encuentro, de que la alianza con los exhibidores en sala continúa fue efectuada con claridad y contundencia; y la presencia de producciones de Amazon, Apple TV y Disney habla de que en la disputa con las plataformas, la posición más virulenta es la de Netflix.

En lo cinematográfico, la muestra ha sido más abarcativa y diversa que de costumbre. Más comedias, más cine de género, más premieres mundiales. Si bien se notó la menor presencia de cine de América y Asia, la voluntad explícita de Frémaux fue la de "abrazar a los amigos". No dejó de destacar en cada ocasión que pudo la "pertenencia" al mundo-Cannes y cómo reconocía y recompensaría a los presentes en un año tan difícil. En todo caso, un festival que otorga un premio a la carrera de Marco Bellochio de manos de Paolo Sorrentino, que muestra al mundo la hermosa animación Belle de Mamoru Hososoda (una de las mayores ovaciones), que tiene a Spike Lee premiando un disparate punk como Titane de Julia Ducornau en una competencia con las últimas películas de Paul Verhoeven, Apichatpong Weerasethakul y Hamaguchi Ryusuke da cuenta de una vitalidad, de un desafío y un riesgo que desmiente a quienes hablan de la muerte del cine. Larga vida, pues, a la más popular de las artes.