Podría pensarse que el triunfo global de Avengers-Endgame (hoy, en términos no actualizados por inflación, la película más recaudadora de la historia) y la seguidilla de éxitos por encima de los u$ 1000 millones en todo el mundo de Aladdin, Toy Story 4 y El Rey León habrían generado ganancias siderales para el conglomerado Disney. Y no: en el segundo trimestre de 2019, la firma tuvo ingresos por u$ 20.250 millones, mientras que el proyectado de Wall Street era de u$ 21.000 millones. Como consecuencia, las acciones de la firma tuvieron una ganancia 28% menor de la esperada y cerraron la semana pasada con una ganancia de u$ 1,25 por acción en lugar de u$ 1,75 proyectado.

Las razones son muchas. La primera, en el rubro "cine" las películas de Fox, cuya adquisición Disney terminó en marzo por más de u$ 71.000 millones, fracasaron en la taquilla. Pero el cine no es el principal negocio de la firma, que es un conglomerado de medios. Hubo demasiados gastos en la fusión entre las dos compañías, lo que implicó despidos, cambios de estrategias en todo el mundo, etcétera. Y además, inversión fuerte para lograr que el lanzamiento de Disney +, el servicio SVOD de la firma que saldrá al mercado el próximo 12 de noviembre en los EE.UU., tenga mucha fuerza. Eso implica invertir en tecnología (algo cuya amortización se ve con el paso del tiempo) y en derechos. Porque Disney quiere tener la exclusividad de todos los contenidos que cedió para circulación a canales de televisión, servicios de streaming, etcétera. La idea es que si alguien quiere ver un contenido Disney solo pueda hacerlo en las señales o el streaming de Disney. Eso implica cerrar contratos millonarios y pagar por eso. Es otra inversión que no presenta beneficios en el corto plazo.

El cine ha dejado de ser el negocio central de los grandes conglomerados del entretenimiento

En estos días, además, la empresa anunció que lanzará el mismo 12 de noviembre un paquete de servicios de streaming que incluye Disney+, ESPN+ y el servicio Hulu en versión con anuncios por u$ 12,99, y está en tratativas con Amazon y Apple para que ese paquete pueda venderse a través de ellos. La razón: es muy importante para Disney ganar rápidamente volumen de suscripciones para poder competir con Netflix y, además, amortizar la gigantesca inversión que está realizando en tecnología y contenidos para instalarse en el sector. Dicho de otro modo: la ganancia menor a la estimada en la primera mitad del año corresponde al esfuerzo que la firma realiza para posicionarse.

Algo más respecto de las películas. Lo que queda claro con estos números y estrategias es que el cine no es ya el core bussiness de los grandes estudios de Hollywood. De hecho, no hay más "grandes estudios" sino que son una rama subsidiaria de negocios mucho mayores. Motorizan merchandising y otros negocios subsidiarios, y cada estreno es un evento que genera mucha difusión. Pero salvo algunos "tanques" especiales que sostienen la producción de películas (en la jerga, "tentpole", el asta central que sostiene la carpa de los circos), la ganancia que pueden producir es aleatoria y por debajo de lo que necesitan los grandes conglomerados. Sin contar que el costo de lanzamiento muchas veces iguala -cuando no supera- el de producción. El cine ya no es el gran negocio audiovisual y Disney lo sabe: de allí que invirtió mucho más de lo que recaudó en un año clave para el sector.

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