Una de las curiosidades del último festival de Toronto fue el negocio más importante logrado en el mercado -en baja, admitamos- de esa muestra. La película se llama Bad education ("Mala educación") y está protagonizada por Hugh Jackman en un trabajo absolutamente distinto respecto de sus performances más conocidas. Además, tiene en su elenco a la ganadora del Oscar Allison Janney.

El filme se vendió en Toronto por US$17 millones, una cifra que sería absolutamente asombrosa en Sundance -donde esta clase de películas independientes de mediano presupuesto suelen encontrar compradores- y lo es más en el mercado canadiense, dado lo lentos que fueron los negocios en estos últimos años. Pero hay un detalle que hace más importante la noticia que el precio en sí: el comprador fue HBO.

Esto implica que, muy probablemente, la película no se vea en cines, sino que sea una de las producciones estrellas de la grilla de la firma, en especial en el nuevo servicio on demand con el que competirá desde el próximo año con Netflix, Disney + y AppleTV Plus.

Hay dos cuestiones (fundamentales) detrás de este hecho. La primera: que HBO se comporte como distribuidor, conservando los derechos de exhibición de cierto film.

La segunda es más interesante: hay un tipo de cine que ya no encuentra lugar en las salas, lo que podría llamarse "drama adulto" (vale para "comedia adulta"), que carece de despliegue de efectos especiales y apunta a un tipo de espectador más maduro, por encima de los treinta años. Un cine no inmersivo, que no se basa en el efecto físico similiar al "ride" sino en historia y personajes. La pregunta que se hace el público de esta clase de de obras -en los Estados Unidos y en la Argentina, dicho sea de paso- es para qué ir a encerrarse a una sala con pantalla gigante si no hay un "plus" sensorial que lo amerite.

La conclusión básica es que toda esta clase de cine -que es, además, la mayoría de lo que se produce- se irá retirando poco a poco de las grandes pantallas. Pero el problema consiste en que los grandes espectáculos no siempre son aceptados -o aceptables- por razones que exceden lo meramente tecnológico (actores sin carisma, mala dirección, malos guiones; es decir, cualquiera de las razones por las que cualquier público. rechaza cualquier filme, sea del presupuesto que sea), son cada vez más caros y no alcanzan en número para sostener las salas. Ejemplo de ejemplos: este año se estrenó la película más vendedora de la historia, Avengers: Endgame.

Sin embargo, hay una retracción en la cantidad de público que deriva en una temporada especialmente floja. ¿Razón? Simple: en todo el mundo se han disuelto audiencias, que hoy pasan directamente a las plataformas. Variety lo explica con una frase muy gráfica: ¿para qué preocuparme por salir de casa si mi pantalla grande de alta definición me brinda lo mismo? Se entiende mejor, ahora, por qué los grandes estudios y grandes productores de contenidos han optado por desarrollar el negocio del "directo al consumidor" por la vía digital: el cine en salas está pasando por un eclipse que, en el mediano plazo, puede convertirse en ocaso.

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