Arriba del imponente escenario no hay egos, hay dos amigos, que se cuidan, que se ríen de ellos mismos, que juegan, que son cómplices e invitan las 15.000 personas presentes en el Estadio Movistar Arena a ser parte de esa noche como si estuvieran en el living de su casa. Todo comienza con un video animado de esos dos pájaros creados por Fontanarrosa hace doce años para el primer encuentro entre dos talentos generosos. Estos dos pájaros migrantes llegan en avioneta a Buenos Aires, la voz que relata es la de Ricardo Darín, luego cada uno toma la suya: la de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, que presentados por ellos ingresan al escenario ante la ovación del público. Los dos de saco floreados. "¿Es del mercadillo?", se preguntan uno a otro luego de saludarse en catalán. Los dos son grandes contadores de historias, sobre todo a la hora de hablar de la del otro. Dicen que este concierto será una retrospectiva. Se toman de las manos para cantar "que linda manito que tengo yo" y esa será una de las tantas risas de la noche. Para continuar con No hago otra cosa que pensar en ti, con la letra adaptada a sus edades. La juventud y el paso del tiempo será un tema recurrente durante todo el show, pero lejos de la nostalgia y cerca de la risa. Porque lo que proponen es una fiesta compartida de la que nadie queda fuera. A duo son muchas de la canciones con la impronta de cada uno; sin dudas son los mejores momentos de la noche Ruido, Sin Embargo, Fiesta, Noches de boda, Aquellas pequeñas cosas (que Sabina convierte en puro baile), y la gran emoción que generan cuando ambos entonan y recitan Cantares. La fuerza que trasmiten hacen que nadie dude en cantar -y hasta gritar- con ellos.

Como parte de un concierto impecable, acompañado de los músicos de cada uno, y de una puesta en escena que con luces e imágenes dan una escenografía adecuada para cada canción, ambos mostraron grandes capacidades para cierta forma del standup: esta vez juegan a pelarse y que es sólo una campaña de marketing lo bien que se llevan. Claro no podía faltar la mesa de bar para brindar, y allí se sientan con sus dos copas. Serrat olvida de poner el micrófono cerca de su boca, su amigo se lo señala "le estaba hablando al vaso" responde rápido de reflejos para el humor y la ironía. "Ayer estaba mirando Crónica y la locutora dijo que atropellaron a un anciano de 62 años", dijo Serrat , resaltando el número, para una vez más reírse de la edad de ellos sin privarse de las malas palabras. Y claro también una vez más jugaron a ser piratas, se disfrazaron y bailaron "La del pirata cojo". Luego "Adiós, ojalá volvamos a vernos", entonó Sabina, y se detuvo para decir por lo bajo, pero no tanto como para no ser escuchado "Ojalá", y la multitud se sumó a ese deseo compartido. Y como no podía ser de otra manera para una noche mágica se termina bailando. Estos dos señores inimputables, que pueden hacer los que se les de la gana arriba del escenario, generan casi tres horas en las que las lágrimas por emoción y por risas están garantizadas. Porque no hay dos sin tres, y porque seguro encontrarán otro título que les permita la excusa de volver a compartir el escenario. Y que el "fin del mundo nos pille" en un concierto de los dos españoles más argentinos. (7 y 8 de noviembre en el Movistar Arena; 13 de noviembre en el Orfeo de Córdoba).

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