Una nota en la revista Variety da cuenta de una caída en la producción audiovisual en el gran Los Angeles, una de las zonas donde más rodajes se llevan a cabo. Comparado el primer trimestre de 2019 con el primer trimestre de 2018, el descenso total -incluye cine, televisión y comerciales- es de un 9,1%. Los motivos que presenta la revista son varios, pero el más complejo es el de las negociaciones que los actores y los guionistas están llevando a cabo para renovar el convenio colectivo de trabajo en cada actividad, lo que ha provocado que proyectos de gran envergadura se postergaran un poco.

Pero esta nota no tiene que ver con esos incentivos sino con una frase del texto de Variety: “se sabe que los rodajes se incrementan en aquellos lugares donde hay fuertes incentivos fiscales”. También aclara que en la lista de películas realizadas con el apoyo de la Los Angeles Film Commision hay doce de gran presupuesto.

¿Qué significa “incentivos fiscales”? Simplemente que Hollywood filma si obtiene subsidios directos o indirectos. Esto implica ir a rodar a aquellos lugares donde existen o bien aportes en líquido de diferentes estados (nacionales o estaduales), o bien rebajas en los impuestos o un esquema de cargas laborales donde el Estado se hace cargo de una parte para que el rodaje se realice en el lugar. Es común escuchar que “ Hollywood no subsidia”. Pero lo que en realidad se dice en esa frase es que los Estados Unidos no tiene -como sí lo tienen Francia, la Argentina, Corea del Sur o China- una institución estatal que se dedique a fomentar y financiar proyectos cinematográficos. Lo que en realidad sucede es que, en muchos casos, incluso -sobre todo, por el tamaño del presupuesto- los grandes tanques se producen en lugares donde esas tres clases de subsidio -sea directo o indirecto- son posibles. ¿Por qué la batalla final de Los Vengadores, de 2012, se filmó en Toronto aunque transcurre en Nueva York? Porque esa ciudad y el estado canadiense contribuyeron con créditos y recortes en los aportes patronales. El espectador curioso puede ver todo esto en los títulos de crédito de la mayoría de las grandes películas si tiene la paciencia de llegar al final.

Es decir: los grandes subsidian, y si un país quiere tener una industria cinematográfica propia -lo que en realidad proviene de una decisión política, no es algo tan indispensable como la educación o la salud pública- tiene que encontrar un esquema que subsidie. En los Estados Unidos, de hecho, son las ciudades y cada Estado -que funcionan efectivamente como países dentro de una federación.  los que funcionan de hecho como institutos de cine a través de lo que se llama “Film Commision”. En la Argentina hay varias, de hecho, que ofrecen servicios -tramitación para rodar en ciertas locaciones, seguridad, etcétera- pero no necesariamente apoyo financiero -que, en última instancia, siempre proviene del INCAA. En los EE.UU., son las que coordinan también los apoyos financieros.

Así que el debate “subsidio sí o no” para el cine argentino debería cerrarse comparando la actividad con la de otros países. También el debate “cómo le dan dinero a esa película que encima no vio nadie”. Primero: el sistema de calificación a subsidios es antes de ver el filme terminado. Y un proyecto puede parecer brillante en los papeles y ser horrible en la pantalla (y viceversa). Es decir, no se sabe.

Segundo: el INCAA recién en los últimos años preparó algún tipo de herramientas para que haya dinero al principio de un rodaje. El subsidio se paga siempre luego del estreno: por eso es que muchas películas figuran con “adelantos de subsidio”. Para poder pagar el rodaje, se adelanta parte de lo que el INCAA debe poner de acuerdo con cierto esquema, un dinero que además tiene un tope fijo sin importar el tamaño de la producción (históricamente siempre fue de alrededor de u$ 800.000). Tercero: no se sabe qué película puede ser un fracaso y cuál un éxito. El Mago de Oz, La adorable revoltosa y Golpe al corazón, tres obras maestras de Hollywood, fueron tremendos fracasos de taquilla. Y Transformers, pésima, un éxito enorme. Medir el impacto con el número de entradas -sin contar con que nadie tiene la bola de cristal para adivinar el futuro- es totalmente incorrecto. Así las cosas, lo que dice la nota de Variety es, ni más ni menos, que para que una industria de tanto riesgo como la audiovisual funcione es necesaria una política detrás. No faltará de todos modos el trasnochado que le diga “socialista” al tanque de Hollywood.