Pasaron las elecciones y las acciones perdieron (medidas en dólares) gran parte del ascenso preelectoral. A la par, los bonos globales (ley Nueva York) continuaron su deterioro en paridades y presentan una TIR promedio cercana al 20% (el doble de lo negociado durante la reestructuración de 2020).

Sencillamente, la abrupta baja de los activos argentinos sintetiza la creciente incertidumbre para arribar a un acuerdo rápido y eficiente entre el FMI y el gobierno nacional.

En esa dirección, cuando se proyecta el año 2022, bajo tres escenarios básicos (no acordar con FMI, Acuerdo Light y ortodoxia), surge que la tasa de inflación promedio ponderada por la probabilidad de ocurrencia sería mayor al 55%.  En tanto, el crecimiento de la economía sería nulo (tras el rebote del 2021 superior al 9%). De más está decir que nunca hubo crecimiento real en los últimos 20 años con inflación superior al 30%. En resumen, la inflación sería más elevada, aun esperando un sendero decreciente del déficit primario de la mano de un acuerdo con el FMI.

¿Por qué? Todo pasa por las fuentes de financiamiento. La externa está cerrada y las internas muestran señales de agotamiento. Tanto la colocación de deuda local en pesos como la asistencia monetaria del BCRA fueron las dos vías principales del Gobierno para financiar el déficit de este año. Ahora bien, el gobierno no consigue obtener un financiamiento neto positivo lo suficientemente grande para no depender de la emisión del Banco Central. Incluso reduciendo plazos, aumentando tasas y ofreciendo instrumentos indexados por CER o DL, el Gobierno debió acudir a la ayuda de la entidad liderada por Pesce.

En materia de emisión, el BCRA si bien extendió su límite de asistencia al Gobierno con la compra de los DEG “regalados” por el FMI, enfrenta una demanda de Base Monetaria decreciente y que tiende a caer en términos reales. Por la creciente incertidumbre, todo lo que asiste el BCRA al gobierno (2,8% del PBI en el año) termina en más inflación. Es claro que este año superará 50% ya que la demanda de Base Monetaria cayó al 6,5% del PBI respecto al 7,5% del año 2020.

Solo recordemos que una mayor inflación aún se da con “menor déficit primario estimado para el 2021 del 3% respecto del 7% del 2020. A ello, se le suman el atraso cambiario (entre 12% y 20% en el año según distintas medidas), la falta de reservas de libre disponibilidad y el creciente atraso tarifario (actualmente solo cubren el 25% de costos de producción de gas y electricidad) para el próximo año.

Así, el 2022 inexorablemente vendría con mayor inflación:

  • por “ajustes” del tipo de cambio
  • tarifas para “reducir subsidios y de ahí ayudar a bajar déficit primario
  • Baja en la demanda de Base monetaria para enfrentar el financiamiento de del
    déficit primario (menor al 3% en el 2022) y la compra de reservas para pagar los
    intereses en dólares (Organismos USD 1.800 millones y Acreedores Privados por
    USD 1.400 millones) por un total de USD 3.200 millones.

El riesgo es “evitar” la espiralización. Entonces, y solo para mantener la presente
inflación del 50% hacia el año 2022 los caminos son sencillamente dos:

  • el gobierno “ajusta más” del 0,5% del PBI (hipótesis utilizada para distintos
    escenarios) el déficit primario. Opción que luce poco probable dadas las
    restricciones dentro del partido gobernante.
  • O el FMI tiene que ayudar devolviendo el pago de intereses de organismos
    internacionales por USD 1800 millones antes enunciado vía desembolsos tras
    las evaluaciones de performance trimestrales.

Estimamos que dichos dólares evitarían emitir pesos por el equivalente de 6 y 9 puntos de inflación del próximo año. Sin embargo, la relación entre la deuda con el FMI y Argentina de USD 43.400 millones excede en 9,6 veces el límite crediticio de USD 4.500 mil millones. ¿Aceptará el FMI aumentar su exposición al riesgo argentino? Poco probable...

Esta última hipótesis habría que contrastarla con un FMI más “duro”, tal como se observa para el caso de Ecuador y Ucrania con bajas de déficit primario superiores a 2 puntos del PBI en los programas acordados. En otras palabras, este abanico de opciones mostraría fuertes diferencias entre lo que el gobierno podría ofrecer (trayectoria “modesta de baja del déficit primario) combinado con un FMI claramente ortodoxo (y aun con Kristalina) en sus acuerdos de apoyo crediticio. En el corto plazo, la inflación creciente de 2022 sigue abierta teniendo en cuenta la brecha entre el gobierno y el FMI, y consecuentemente, la debilidad de los activos argentinos.

*Economista en Jefe de PPI