Economía amesetada: ¿hacia más gasto público?
Entre febrero y marzo, la economía terminó la recuperación “de la pandemia”. En efecto, tras la fuerte baja del PBI del 19% interanual en el segundo trimestre-20 por el ASPO, mejoró los siguientes tres trimestres a un ritmo del -10%, -7% y estimado para el primer trimestre-21 del +6.4%, de la mano -esencialmente- del gasto público, déficit fiscal y substancial emisión monetaria.
Sin embargo, el mismo remedio utilizado también generó las actuales causas del amesetamiento que presenta economía en el segundo trimestre-21. La fuerte emisión monetaria llevó a la aceleración de la inflación.
La misma fue del orden del 2.2% promedio mensual en los tres primeros trimestres de 2020, producto de la política monetaria previa seguida por Sandleris, combinada con la abrupta baja del PBI del primer semestre del año pasado.
Con la mayor movilidad y la fuerte emisión previa, la inflación casi se duplicó, elevándola al 3.9% mensual los siguientes 8 meses (oct-20 abr-21). Siendo la reactivación/recuperación del segundo semestre claramente el producto del exceso de pesos que acumulaba la economía (o proceso de pesos a bienes, manifestado en un aumento en la venta de autos, metros construidos o electrodomésticos). Cuando se evaporó el exceso de pesos (por inflación y la absorción del BCRA) se terminó la mejora “real” de la economía pasando al amesetamiento que estamos transitando.
¿Dónde estamos ahora? Sobre llovido mojado. Desaparecieron los pesos sumándole la caída de la nómina salarial real (sea por salarios o por empleo), junto al cuasi equilibrio primario de las cuentas públicas, que pasaron de un déficit del 6.5% del PBI hacia casi superávit primario en los cinco primeros meses de este año, como resultado de la mayor presión tributaria y fuerte caída del gasto en términos reales (jubilados y planes sociales).
Este combo económico sería la combinación perfecta para un plan de estabilización gradual. Pero este gobierno no ha sido capaz (al menos hasta el momento) de poder construir credibilidad, o en su defecto, que se recreen expectativas favorables hacia delante (que la cordura fiscal actual prevalezca hacia delante). Por ende, “la brecha cambiaria tampoco afloja”.
En simple, el sector privado se quedó sin nafta para gastar, sin exceso de pesos, con más impuestos junto a una baja en los ingresos reales (tanto para los trabajadores activos como pasivos, a excepción de planes sociales que reciben mejoras a través de sumas fijas –fuertes socios del gobierno-).
Para las empresas las limitaciones en el pago de dividendos, modificaciones tributarias en ganancias y mayores impuestos a los ingresos brutos; a la par de la no discusión de acuerdos de libre comercio en el Mercosur. Sin mencionar la prohibición de “exportar carne”. Para los individuos, los cambios tributarios a través de bienes personales.
Todo desalienta la inversión privada o el mayor consumo presente a través del crédito. Por lo que estamos frenados y sin expectativas favorables en el sector privado que traigan “el crédito de un mejor futuro”.
El gobierno, que ahora se mueve con austeridad fiscal y monetaria tendrá un fuerte test. O prevalece este sesgo (Guzmán mantiene / cede poco la política fiscal) o abre la canilla del gasto (Planes sociales, Inversión Pública) y creciente desequilibrio fiscal financiado con otra ronda de emisión y hacia el 2022 con mayor inflación futura.
En simple, el gobierno gasta la bala de plata de la estabilización y la menor inflación en los próximos meses por gasto electoral y creciente inflación en el 2022.
Asimismo, esta es creciente hacia delante de acuerdo con el REM, que implícitamente contiene un “ajuste ordenado por parte del gobierno (acordado con el FMI) con cambio de precios relativos (tipo de cambio / tarifas) o alternativamente desordenado (sin acuerdo con el FMI) que lleve hacia una creciente desmonetización.
Ello significa en criollo, que la mejor cobertura del patrimonio en pesos continúa siendo bonos ajustables con CER.
*Economista en Jefe de PPI
- Com.Ven.Var. %

