ANÁLISIS

China inicia la guerra comercial en la antesala de la asunción de Trump. ¿Qué perspectivas tiene el mercado?

En países como Argentina y Brasil, los intentos de utilizar los aranceles para proteger a la industria local no siempre han dado los frutos esperados.

Trump todavía no asumió y el conflicto comercial con China ya escaló. El problema son los drones, una pieza clave de la defensa de Ucrania en el marco del conflicto con Rusia. Los fabricantes chinos están limitando las ventas a Estados Unidos y Europa de componentes para construirlos y el mercado especula que estas medidas podrían ser solo un preludio de restricciones más amplias que Pekín podría desplegar en 2025. 

Además, se abrió una investigación contra Nvidia por las sospechas de que la compañía violó las leyes antimonopolio asociadas al acuerdo de 2020. Las autoridades chinas declararon que iniciaron la investigación debido al comportamiento reciente de la empresa y a las circunstancias que rodearon la adquisición de Mellanox Technologies. Pekín aprobó ese acuerdo hace cuatro años con la condición de que Nvidia no discriminara a empresas chinas.

En relación con la guerra comercial y los aranceles a las importaciones, un economista de la Fed de Minneapolis, Javier Bianchi, publicó un paper en el que evalúa cuál debería ser la política monetaria óptima en este contexto. Concluye que debería ser expansiva.

La lógica detrás de su análisis es que los aranceles reducen de manera ineficiente los incentivos para consumir bienes importados. Para contrarrestar este efecto, la Fed debería estimular la economía, aumentar el ingreso agregado y, así, fomentar un mayor consumo de bienes importados.

Es interesante el argumento de Bianchi, ya que va en contra de la visión general que tiene el mercado. De hecho, Goldman Sachs estimó que la terminal rate (tasa de política monetaria de largo plazo) se ubicaría en un rango de entre 4% y 4,25% en un régimen con aranceles, solo 50 puntos básicos menos que el rango actual (o 100 puntos básicos más que el proyectado por la Fed). 

Bajo esta visión, en la que el Tesoro influye de manera indirecta en la política monetaria utilizando los aranceles, el mercado apuesta a que la economía alcance un superávit fiscal y comercial a través de un mayor crecimiento del PBI derivado de una mayor inversión.

En este modelo, la terminal rate podría ser más alta, ya que los aranceles crean incentivos para invertir localmente, anticipándose a créditos fiscales o exenciones específicas.

Casos exitosos

Más allá de este punto de vista, la evidencia empírica no respalda de manera contundente que la implementación de medidas proteccionistas derive en un aumento de la recaudación o en un incremento de la inversión y el desarrollo de los sectores beneficiados. Existen casos exitosos, como los de Japón, Corea del Sur o China, y otros no tanto, como los de América latina, entre ellos Argentina y Brasil.

Ante la evidencia empírica mixta, surge la pregunta: ¿qué cosas deben salir bien para que la política industrial funcione? Lo principal es garantizar que los sectores beneficiados traduzcan sus mayores ganancias en inversión y que ese "dinero gratis" no termine solo en manos de los accionistas.

Con esto en mente, no es difícil reconciliar el desempeño de la industria china con el desempeño del mercado de valores. Este último tuvo un pobre desempeño a pesar del auge industrial. Las empresas que están incentivadas a invertir constantemente, construir nuevas fábricas, contratar más personas y gastar más en I+D son empresas que devuelven mucho dinero a los accionistas.

Dentro del grupo de casos exitosos, Japón y Corea del Sur lograron utilizar los aranceles y las políticas industriales para impulsar sectores claves, como el automotriz, la electrónica y los semiconductores. Estos países implementaron estrategias para proteger sectores estratégicos y, a cambio, invirtieron fuertemente en educación, investigación y desarrollo, lo que permitió a sus economías crecer a pasos acelerados durante el siglo XX.

América latina ofrece un panorama más complejo

En países como Argentina y Brasil, los intentos de utilizar los aranceles para proteger a la industria local no siempre han dado los frutos esperados. Aunque hubo momentos de crecimiento económico, también surgieron problemas de competitividad, inflación y escasez de inversión en sectores estratégicos.

El caso chino logró mediante la presión estatal orientar las inversiones e impulsar la productividad. Sin embargo, replicar este modelo en una economía más abierta y promercado como la estadounidense no luce como una tarea fácil. Difícilmente el Estado pueda obligar a los empresarios a invertir o a no distribuir dividendos en pos de mantener aranceles a las importaciones, por ejemplo.

Además, el mercado estadounidense tiene una larga historia de priorizar los retornos para los accionistas. Probablemente, el mercado castigue aquellos papeles que no retribuyan de alguna forma a sus accionistas, por más que ese dinero sea destinado a inversión. Veremos cómo se termina llevando a cabo el plan una vez que Trump asuma. Por el momento, el mercado le da al presidente el beneficio de la duda y el S&P 500 sigue escalando y acumula un 27% en lo que va del año.

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