Al estilo de las ciudades utópicas con las que la humanidad soñó muchas veces en la historia, Sidewalk Labs, la firma de innovación urbana de Google hará realidad su proyecto más ambicioso hasta la fecha creando la ciudad del futuro de Quayside en Toronto.

El proyecto introduce asombrosas innovaciones en urbanismo, construcción e ingeniería. Es la meca de las metrópolis inteligentes, basadas en inteligencia artificial y alta conectividad. Sin embargo, es un sueño que ya le genera desvelo a algunos, que recelan del sistema de vigilancia que implicara.

Una nota del diario El País repasa los orígenes de la iniciativa y revela detalles de este proyecto monumental. Surgió como respuesta a la demanda de las fuerzas gubernamentales en Toronto que querían revalorizar una tierra industrial en proceso de abandono, que había sido utilizada como escenario de la película La forma del agua de Guillermo del Toro y que sería el lugar perfecto para crear el primer vecindario del mundo construido a partir de Internet.

Las casas tendrán muros flexibles que puede moverse y reemplazarse según la necesidad

Entre los asesores que trabajan en el proyecto se nombran al Heatherwick Studio, creadores del macro jardín botánico de Shanghái 1.000 Trees; el estudio noruego Snøhetta, autores del nuevo papel moneda del país o del edificio del Opera Ballet nacional de Noruega y el estudio Micheal Green Architecture, que firma varios aeropuertos en Norteamérica y la Galería de Arte de Vancouver.

Todo a 15 minutos

El área de River District, denominado así en honor al río Don y por el papel decisivo que jugará el agua en el futuro de las ciudades y también en esta, pretende revolucionar el diseño convencional de los núcleos urbanos con la máxima de "15-minute neighbourhoods", barrios en los que los residentes puedan acceder a todas sus necesidades sin emplear más de 15 minutos en su desplazamiento. Compuesto por cinco vecindarios unidos al centro por un tren ligero, Villiers West será el elegido para albergar la nueva sede de Google en Canadá.

Los vehículos autónomos son claves en su plan de movilidad. El propósito general es acortar el viaje hasta el lugar de trabajo, haciéndolo más confortable y sin necesidad de un automóvil propio. Para promover el uso de la bici y que los residentes vayan a pie, diseñarán las calles bajo el concepto de people-first (las personas primero), con aceras más anchas, sin curvas y bordillos dinámicos que se puedan transformar en espacios públicos durante los picos de menor tráfico.

Se incorporarán pavimentos inteligentes, bien iluminados y con calefacción para evitar el hielo y la nieve, a fin de posibilitar una de las máximas del proyecto: vivir la ciudad al aire libre. Una membrana, más o menos transparente, que puede abrirse y cerrarse, y que cuelga de la fachada de los edificios, cubriendo las aceras permitirá promover brisas y proteger del viento en invierno.

Los edificios tendrán departamentos accesibles para distintos presupuestos y usarán madera en masa, tan resistente como el hormigón pero reutilizable. Contarán con un sistema de muros flexibles que puede moverse y reemplazarse.

Para analizar el resultado, habrá que esperar al 2022, cuando se muden los primeros vecinos.