Otro mundo, otra vida, nuevos pensamientos en cada vuelta de página. Aunque no siempre resulta fácil leer en cuarentena, los libros nos permiten, como nunca, escapar del encierro. Los clubes de lectura, que venían creciendo en el país, se potenciaron en este año raro, con apoyo en la virtualidad. Un valioso espacio de encuentro, que vuelve colectivo el hábito solitario de lanzarse a la aventura literaria.

En estas semanas, los clubes vieron crecer el interés del público, se sumaron suscriptores y se intensificaron las instancias de intercambio en foros, vivos en redes y zoom. Se agregaron opciones de ebooks y las selecciones enviadas por delivery fueron, en muchos casos, especialmente pensados para el momento. Las comunidades lectoras se afianzan y quieren más.

Cada club tiene su modalidad. Mientras algunos optan por proponer lecturas para que cada socio compre en su librería amiga, otros hacen entregas a domicilio con las obras seleccionados. Pueden ser gratis o pagos. Con envío de contenidos a través de newletter por correo o con post en redes.  

Nicolás Hochman, escritor, editor y gestor cultural, director del Congreso Gombrowicz, y organizador de audiocuento.com.ar, lanzó en abril el club de lectura de su Taller Heterónimos, y cree que hay un interés creciente por este tipo de grupos virtuales en torno a la literatura. "Cuando empezó la cuarentena había una idea generalizada de que íbamos a estar todos aburridos, con un exceso de tiempo libre. Luego eso dio paso a una instancia de atorarnos de actividades virtuales, sin tiempo para lo que queríamos hacer. Y creo que en cualquiera de esos momentos la lectura funcionó (y lo sigue haciendo) como una válvula de escape. La literatura es un poco eso, ¿no? La posibilidad de estar en otra parte", destaca.

La dinámica del club Heterónimos es sencilla: los participantes reciben los mails con las lecturas sugeridas y los comentarios que manda Nicolás cada martes. Luego, tienen todo el mes para ir discutiendo en Facebook, en un grupo cerrado. "Ahí aparecen ideas, hipótesis, preguntas, referencias a otros libros, interpretaciones. Es increíble la cantidad de cosas que salen, y que siempre llevan a repensar los textos desde otro lugar", comenta. 

En mayo, leyeron Eisejuaz, de Sara Gallardo, y Matate, amor, de Ariana Harwicz que generaron mucho movimiento en torno al tema de la moral. "Este mes decidí profundizar y tomar eso como eje para hablar de "El gran cuaderno" (de la trilogía de Claus y Lucas, de Agota Kristof), De vidas ajenas (Emmanuel Carrère), Prohibido morir aquí (Elizabeth Taylor) y Ciencias morales (Martín Kohan). Las lecturas van surgiendo a partir de los intereses del grupo", agrega. Se trata de una modalidad paga ($500) y las consultas pueden hacerse a taller.heteronimos@gmail.com.

Bibliófilos en efervescencia

La expansión de los clubes de lectura convive con la presencia de los libreros cada vez más activos en redes sociales, con recomendaciones y actividades. En cuarentena, ese vínculo con el público está más palpitante que nunca.

Sebastián Lidijover tomó nota de este entusiasmo cuando decidió lanzar su Club de lectura Carbono en octubre pasado. Con 20 años de trayectoria ligada al sector (10 años librería y 10 editorial en el área de promoción) detectó que había muchas cuentas instagram que funcionaban bien como una suerte de taller de lectura en vivo y, por otro lado, que los newsletter venían creciendo con fuerza. Con esos dos elementos en mente, se junto con la distribuidora Carbono (que agrupa los sellos editoriales Sigilo, Gourmet Musical, Godot y Leteo) y lanzó la propuesta, que es gratuita. Tuvieron una explosión de suscripciones. Cuando empezó ya tenían más de 1000 personas, hoy son 4060. A fin del año pasado, organizaron un encuentro presencial en Los Galgos y las entradas se agotaron en seguida. Ya se leyeron libros como Cometierra, de Dolores Reyes, y Furia Diamante, de Valeria Tentoni. 

"Se sumó gente muy rápido y se sigue sumando. La sensación es que las primeras semanas de la cuarentena a todo el mundo le costó leer. Ahora está más o menos normal. Nuestro club ya era a prueba de pandemia, no hay que encontrarse, cada uno se maneja sus tiempos. Noto un poco más de interacción de las personas", comenta a BAE Negocios Lidijover. 

La dinámica del club se apoya en el mail, para que cada uno lo pueda leer a su tiempo. Exáctamente a las 9 y cinco de la mañana del domingo, el material sale hacia la bandeja de entrada de los socios. "Hay gente que lo lee los domingos en el desayuno. Pre pandemia, veía que se leía en distintos momentos, ahora se lee más rápido porque se agradece distraerse un poco", dice. Los mails no son pedagógicos ni cuentan la trama de los libros, sino que complementan la lectura. Ingeniosamente, para evitar spoilers, algunos de los comentarios van en tinta blanca. Existe además un grupo de Facebook del club que cuenta con una mil personas. Durante la pandemia, se realizó también un encuentro en zoom donde todos hicieron recomendaciones de libros. 

"Hasta que se pueda volver a visitar las librerías y encontrarse con lecturas por el dialogo con libreros, van a seguir recurriendo a las redes como hacen algunas librerías. Los clubes de lectura, las recomendaciones por mail o videollamada van a tomar protagonismo y reemplazar ese encuentro personal en estos meses. Poder encontrarse con personas que están leyendo lo mismo es como ir a ver una película en un sala", reflexiona. 

Felicidad en el buzón

Clubes como Escape a Plutón y Bukku funcionan con entrega a domicilio de libros cada mes. Son además un espacio de encuentro y de lectura comunitaria que funciona a distancia.

"El público que se anota es amplio y heterogéneo en cuanto a edad, sexo y profesión, y eso nos pone muy felices. Hay jóvenes lectores de 18 o 19 años y también adultos de más de 60. Enviamos libros a todo el país", cuenta Martín Jali, quien empezó con el club en agosto de 2012, un precursor. "En estos últimos meses tuvimos mucha demanda y crecimiento de nuevos suscriptores. Fueron los meses con mayor aumento desde que empezamos con el club", puntualiza.

Desde el comienzo el fuerte está puesto en la curaduría. "Empecé a notar que la selección y la recomendación de títulos se volvía cada vez más importante ante un escenario de multiplicación de contenidos. La figura del curador es central ante una marea de opciones que nos agobia", dice Jali.  Cuentan con una selección para niños y otra para adultos. Los socios abonan una cuota mensual fija de $350 (con beneficios como ebooks gratis, playlist musical, descuentos, invitaciones a eventos) + el precio de cada selección mensual, que varía según el libro elegido. En ocasiones, llegan con una sorpresa: un objeto para acompañar la lectura. Durante la pandemia, pusieron especial énfasis en las selecciones: en abril recomendaron "Una guía sobre el arte de perderse", de Rebeca Solnit (libro que incentiva el descubrimiento y propone nuevas maneras de habitar el presente), en mayo "El cocinero", de Harry Kressing, una lectura encantada y adictiva que acompañamos con un cubrebocas literario; y en junio, Tiempo sin lluvia, ideal para sentir que salimos a caminar por la zona rural de Gales. 

"Este tiempo de encierro es también un buen momento para leer y sumergirse en grandes lecturas. Hay un sentido comunitario y una experiencia un tanto extraña en la acción de leer un libro al mismo tiempo junto a otros socios y socias en distintos puntos del país", concluyó Jali.

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