Ganar envión, poner el cuerpo en equlibrio y entregarse a la emoción del deslizamiento sobre el asfalto. El skate, una actividad que venía sumando adeptos en los últimos años, redobló su auge en tiempos de pandemia. La mudanza de las prácticas deportivas a los parques y plazas llevaron a muchos chicos, y no tan chicos, a elegir esta disciplina. Los patinadores salieron a reconquistar las calles en todo el mundo. En el país, los profesores tuvieron una explosión de llamados en los últimos meses. 

Este boom llega precedido de un salto para el deporte, ya que estaba previsto que debutara este año en los Juegos Olímpicos de Tokio, que finalmente fueron postergados para el año próximo. El entusiasmo, en tanto, no tiene demoras. Por el contrario, en muchas ciudades del mundo los jóvenes se subieron a las tablas a ganar un poco de libertad tras los meses de encierro preventivo.

Una nota reciente en el diario El País da cuenta del fenómeno: "Hace tres años, el skate recuperó protagonismo al ser considerado deporte olímpico. El confinamiento ha provocado un boom definitivo: tras el encierro, las ventas de tablas se disparan y proliferan miles de nuevos patinadores mientras las ciudades albergan cada vez más skateparks. Desde el textil hasta el cine y los videojuegos, el asalto de la industria se torna imparable. Y lo que nació como un estilo de vida vuelve a convertirse en tendencia global".

Una legión de aprendices

El skate surgió a mediados del siglo pasado en California de la mano de surfistas que pusieron ruedas a tablas de madera para surfear piscinas vacías en días sin oleaje. En la nota del periódico español se menciona el auge que tuvo en los 90. Las tablas anchas que predominaban hasta ese momento—llamadas ahora old school— fueron reemplazadas por tablas más estrechas y simétricas. Así nació el new school, con otro estilo que definen como más callejero, anárquico y de movimiento.

En Argentina, hoy en día, los teléfonos de los profesores de skate no paran de sonar. En plazas y parques, cientos de chicos hacen sus primeros intentos de patinar. "Hace unos meses explotó la demanda, creció mucho, no doy abasto. Desde que el skate entra como deporte olímpico genera mucha expectativa. Con la pandemia, mucha gente volvió a andar. Hay chicos de 3 años y gente de 50 que vienen de cero a aprender. Hombres y mujeres", destaca el profesor Pipo Grosso, que anda en skate desde los 90 y hace cinco años empezó a enseñar, actualmente en el Skate Plaza Haití. Las clases son particulares, de una hora y media. 

Las lecciones incluyen un complemento de slackline (cinta para hacer equilibrio). Pipo marca un paralelismo entre esa destreza y el skate para sensibilizar el equilibrio. "Después del año de práctica de slackline me caía menos, me deslizaba más y me ayudó a mejorar mi nivel deportivo", dice y aclara que no patina profesionalmente y que utiliza un skate no convencional, el pivot skate. Recibe consultas a través de las redes sociales o al wp: 1132846260.

"La demada creció quizás más en los chicos. Pero hay un montón de gente más grande que tenía un deseo frustrado de joven y quizás la vida los llevó a otro lado. Ahora en la cuarentena están retomando. Los ves bien temprano a la mañana en los parques", menciona Grosso.  

Hazañas callejeras

"Simios Andando" es el simpático nombre de una escuelita que da clases en el Parque Las Heras. "A partir de esta situación especial que estamos viviendo, en la que los chicos no están yendo a la escuela y los deportes de grupo no están habilitados, hoy la demanda es altísima, mucha más de la que nos esperábamos", explica el instructor Jorge Tolisano (@jorgetolisano). Las clases son de una hora, tienen un precio de $500 y hay abono mensual de $3000. El público es variado en edad y hay chicas y chicos. De 3 a 8 años es nivel inicial, que se subdivide en grupos. De ahí en adelante, según señala, "una vez que estamos arriba de la tabla no hay edad". Respecto a este boom comenta: "la pista se llena tanto que para poder llevar mejor control y cuidar la clase somos cuatro profesores a la vez en el parque. Nosotros podemos hacer las clases porque son al aire libre pero hay escuelas que no pudieron abrir. Lo que estamos haciendo es que los chicos se diviertan, que hagan una actividad, que se muevan, que tengan conciencia sobre su cuerpo. Que se diviertan y compartan con otros", señala. 

Menciona dos factores que contribuyeron al auge de la disciplina en los últimos años. Por un lado, la difusión de la práctica en redes sociales, con videos en Youtube o Instagram (hasta se vieron en estos meses pruebas hogareñas en las stories con hashtags como #yopatinoencasa). Por otro lado, la construcción de pistas en Buenos Aires. "Ayudó mucho que haya un lugar al que puedas ir a practicar y que no sea específicamente la calle. Hace que cada vez más chicos y de edades más bajas empiecen a practicarlo", dice.

La ciudad cuenta con trece espacios destinados a este deporte. Algunos son pistas de skate, como Paseo del Riachuelo, Polo Circo o Plazoleta Roffo; en otros casos se trata de Skate Parks como en Parque Centenario, Lugano, Costanera o Alberdi. También hay un bowl, el de Plaza Haití.

En Parque Las Heras, donde se llevan adelante las clases de  "Simios Andando", no hay pista de patín.  "Nosotros llevamos obstáculos que construimos y diseñamos específicamente para enseñar la parte inicial. Damos un estilo de skate más de calle, es lo que define la escuela. Le decimos Street. El skate tiene muchos nombres en inglés. Se divide en algunas modalidades como street, park y el vertical, en la rampa grande tipo U", puntualiza Tolisano. Comenta que siempre que surge un nuevo espacio en la ciudad, los skaters van a conocerlo, como sucedió cuando se inauguró el parque en Costanera. "Hoy creo que están de moda todos los skate parks. Si vas a cualquiera de ellos a la tarde, están todos repletos. Cada skate park que hacen en cualquier lugar del país se llena y eso muestra el crecimiento. Va más allá de una moda en sí, si bien tiene momentos de auge, ya pasó a estar instaurado y ya hay muchas generaciones de skaters. Hay hasta abuelos", destaca. 

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Paula Boente

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