Una presidencia entre el aislacionismo y la resistencia interna
La Casa Blanca intenta consolidar su doctrina de "América Primero" mediante decretos disruptivos, pero la administración enfrenta una tormenta perfecta: inflación, una ofensiva judicial contra el poder ejecutivo y un mundo que recalibra sus alianzas ante la imprevisibilidad de Washington.
Desde su regreso al Despacho Oval, Donald Trump ha operado bajo una premisa clara: velocidad y ruptura. Sin embargo, al cumplirse el primer tramo de 2026, el ímpetu de sus órdenes ejecutivas choca contra una realidad interna y externa mucho más resistente de lo previsto.
En el plano doméstico, la administración Trump libra una batalla en dos frentes que amenaza con erosionar su base electoral de cara a las elecciones de medio mandato de noviembre de 2026.
Por un lado, la persistencia de la inflación. Pese a las promesas de campaña, el costo de vida sigue siendo el talón de Aquiles de su administración, posiblemente, en base a sus propios errores de política exterior. Los aranceles generalizados, utilizados como herramienta de negociación, han terminado encareciendo los productos de consumo, manteniendo la inflación en torno al 2,7%, una cifra que irrita a los votantes que esperaban un alivio inmediato.
Y por otra parte, lo que podríamos llamar una guerra de poderes. Trump ha llevado al límite la autoridad presidencial, desafiando las restricciones para remover funcionarios del ejecutivo. Casos como Slaughter están llegando a la Corte Suprema, donde se dirime si el presidente puede "desmantelar el Estado administrativo" sin el aval del Congreso o la justicia.
El mismo presidente Trump ha generado con sus políticas una tensión social y migratoria excepcional. La implementación de la mayor operación de deportación en la historia de Estados Unidos ha generado un clima de polarización extrema. Mientras el gobierno celebra la apertura de megacentros de detención, las ciudades santuario y organizaciones de derechos civiles han bloqueado en las cortes múltiples decretos, creando un laberinto legal que paraliza la gestión.
Ni hablar del frente externo. Si hacia adentro el problema es la ley, hacia afuera es la confianza. La política exterior de Trump en 2026 ha dejado de ser una teoría para convertirse en un factor de desestabilización global.
La relación con la OTAN está en su punto más crítico. Las amenazas de retirar el paraguas nuclear si Europa no incrementa su gasto, o si no accede a acuerdos comerciales asimétricos, han empujado a países como Francia y Alemania a buscar una "autonomía estratégica" acelerada.
Asimismo, mientras Trump intenta una distensión con Rusia para alejarla de Pekín, la realidad geopolítica muestra lo contrario. China ha convertido su resiliencia económica en poder global, liderando un bloque que busca alternativas al dólar tras la amenaza de Trump de imponer aranceles del 100% a los países que abandonen la divisa estadounidense.
Además, su enfoque hacia América Latina se ha endurecido. Desde la presión por Groenlandia hasta las amenazas de intervención en el Triángulo Norte por el flujo migratorio, la diplomacia estadounidense ha sido sustituida por una política de sanciones y exigencias que ha dejado a Washington con menos aliados y más interlocutores hostiles.
Y por fin y como moño que resalta el regalo, el incierto resultado de la guerra en Irán. Trump podrá seguir jugando el rol de "compadrito" global, pero lo cierto es que resulta bastante difícil asegurar que se ha ganado una guerra en Medio Oriente, donde el adversario ha puesto condiciones para el armisticio, ha destruido la capacidad energética de varios aliados regionales de los Estados Unidos y ha probado una capacidad militar inesperado para los cálculos del presidente norteamericano, que debió negociar.
Lo que queda del 2026, se perfila como el año en que la estrategia de "romper cosas" de Trump medirá sus límites. Con una reserva federal independiente bajo fuego y un tablero internacional que ya no espera a Washington, el principal desafío del 47.º presidente no es solo implementar su agenda, sino evitar que la suma de sus crisis internas y externas termine por colapsar la gobernabilidad antes de mitad de mandato.
*Director de Relaciones Institucionales de Grupo Crónica

