Apenas unos meses atrás, en agosto de este año, los japoneses miraban con preocupación las pantallas de sus televisiones, computadoras y celulares. Los números del coronavirus (Covid-19) eran ciertamente preocupantes: seguían los Juegos Olímpicos y, con ellos, el crecimiento de los positivos, que llegaron a pasar los 26.000 casos diarios. ¿Qué fue lo que hizo que el número de positivos fuera cuatro veces más grande que en la ola anterior? Una respuesta era segura: la llegada de la temida variante Delta

Sin embargo, apenas tres meses después, los casos bajaron tan rápido como subieron. El número de positivos diarios apenas superaba los 100. Pero... ¿cómo? Ciertamente, la vacunación y el cumplimiento podían ser una respuesta: Japón ya tiene más del 75% de su población inmunizada, y los ciudadanos acatan a rajatabla las normas de distanciamiento y barbijo. Sin embargo, eso no había sido: España tiene una 80% de población vacunada y los casos diarios rondan los 7.000, algunos países cercanos a Japón tenían los mismos números y sufrían la cuarta ola y, sin ir más lejos, los casos diarios en Argentina rondan los 2.200 y el 80% de la población ya recibió al menos una dosis de la vacuna contra el coronavirus.

¿Y entonces? La casualidad, la suerte y hasta la ayuda divina sirvieron como conclusiones provisorias para algo que no tenía respuesta clara. Ahora,  investigadores del Instituto Nacional de Genética de Japón parecen haber encontrado la solución al problema: la variante Delta se autodestruyó. La tan temida cepa mutó tan rápido que se extinguió.

Japón vive días de tranquilidad después del caos de la segunda ola

Así lo explicó al Japan Times Ituro Inoue, que junto a sus colegas cree que el virus ganó una mutación en su proteína correctora de errores, lo que permitió que los errores genéticos se acumularan hasta tal punto que ya no pudiera replicarse. "Nos sorprendió literalmente ver los hallazgos", declaró el científico. 

“La variante delta en Japón era altamente transmisible y mantenía fuera a otras variantes. Pero a medida que las mutaciones se acumularon, creemos que finalmente se convirtió en un virus defectuoso y no pudo hacer copias de sí mismo. Teniendo en cuenta que los casos no han aumentado, creemos que en algún momento durante tales mutaciones se dirigió directamente hacia su extinción natural", explicó Inoue.

La autodestrucción de la variante Delta

Es normal que un virus tenga distintas variantes que desaparezcan con el tiempo. De hecho, "las variantes alfa, beta y gamma han sido mayoritariamente reemplazadas por las variantes delta”, explicó a la BBC el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester en Reino Unido. Sin embargo, es difícil de entender por qué un virus "lisiado" haya superado a otro en un país. 

"Quizás hay algo en la inmunidad de la población japonesa que ha cambiado la forma en que el virus se comporta allí. El tiempo dirá si pasará también en otro país”, sugirió Tang. De hecho, hay estudios que prueban que, a diferencia de Europa o África, en la población asiática hay más personas con la enzima APOBEC3A que ataca a distintos virus, incluido el coronavirus. Eso, sumado a los altos niveles de cumplimiento de las normas y la vacunación, podría explicar el caso japonés. 

Con la hipótesis de la enzima en mente, los investigadores se dedicaron a estudiar los perfiles genómicos de la variante Delta para luego compararlos con las variantes Alfa. esperaban una variante Delta diversa, con múltiples ramificaciones de la cepa original. Sin embargo, solo había dos grupos principales y luego se detenía abruptamente

La proteína nsp14 es clave para replicar el virus

Entonces, el equipo del Instituto Nacional de Genética de Japón se fijó en la proteína viral nsp14, que es la que se ocupa de corregir errores. ¿Cómo? Cada vez que se replica el virus, nsp14 analiza el material genético recién creado para asegurarse de que no haya surgido ningún error. En un virus que se replica rápidamente, una proteína fallada es una catástrofe. En este caso, la catástrofe se llama A394V, una mutación que hizo que el virus quedara lisiado. 

"Si el virus estuviera vivo y en buen estado, los casos aumentarían de seguro, ya que las mascarillas y la vacunación no impiden los brotes de infección en algunos casos", argumentó Inoue, agregando que la proteína nsp14 desempeña una función "crítica" de impedir la ruptura del ARN del virus y, como ya han demostrado otros estudios, un virus con la nsp14 dañada "tiene una capacidad de replicación significativamente reducida, por lo que este puede ser el factor que explica el rápido descenso de nuevos casos".

Según el investigador, el mismo escenario de una extinción natural del coronavirus podría producirse también en otras partes del mundo, aunque sería más complicado demostrar la relación directa con nsp14, ya que ningún otro país parece haber acumulado tantas mutaciones en esta proteína.

Aunque Japón vive días de tranquilidad y aire fresco después de una cuarta ola caótica, los científicos prefieren ser prudentes con el virus, ya que bien se sabe que aún con vacunación, contención y cuidado, el Covid-19 puede volver con más fuerza.