El anuncio de un nuevo encuentro entre los representantes comerciales de Estados Unidos y China trajo alivio a los mercados, después de semanas de escalada en la batalla arancelaria que sostienen ambas potencias.

Ayer se informó que una delegación china liderada por el viceministro de Comercio, Wang Shouwen, viajará a EE.UU. el 22 y 23 de agosto para continuar con las conversaciones que permitan aliviar la tensión comercial bilateral.

Se trata de la cuarta reunión que mantendrán ambos países desde abril y tiene por objetivo poner fin, o al menos mitigar, la guerra comercial en la que se han involucrado ambos países este año.Se trata de una meta complicada, ya que ambos países han ido muy lejos con sus amenazas. Especialmente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha llegado a decir que estaría dispuesto a imponer aranceles a bienes chinos por un importe de hasta medio billón de dólares, esto es, todas las importaciones de China.

Además, el mandatario estadounidense cree que es quien menos tiene que perder de una guerra comercial, ya que su país tiene un déficit comercial de 375.600 millones de dólares con China. Por otra parte, Beijing afirmó que "no acepta ninguna forma de proteccionismo comercial unilateral" y fijará aranceles de forma "recíproca" si Washington hace lo mismo.No obstante, Trump reprocha que su país está en desventaja por las facilidades que da el Estado chino a algunas de sus empresas y por la draconiana regulación del país asiático, que obliga a las compañías que quieren instalarse en él a ceder su tecnología a un socio local, por lo que entiende que sólo está "equilibrando el terreno de juego". De hecho, su objetivo real detrás de la imposición de aranceles sería forzar a China y a otros países a abrir completamente sus economías.