A dos meses de Nochebuena y Navidad, en gran parte del mundo un fantasma aparece planeando sobre el habitual clima festivo y de preparación para las fiestas: el desabastecimiento, y de su mano, una posible alza de precios que realimente el problema de la inflación.

Aunque los más afectados son los países del Hemisferio Norte, el problema es de alcance mundial, y tiene que ver fundamentalmente con dos temas que ya hemos tratado en este Suplemento: los cuellos de botella en las cadenas de suministro por las reaperturas económicas tras lo peor de la pandemia, y la falta de microchips.

La situación es de tal magnitud que, por ejemplo, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ya anticipó que propondrá un plan para aliviar los cuellos de botella en los principales puertos que tienen parada la cadena de suministros de cara a la Navidad. El plan apunta básicamente a que los principales puertos de la costa oeste (directamente ligados con las operaciones con China y los países asiáticos) operen las 24 horas del día y los siete días de la semana, en coordinación con las empresas de reparto mundial FedEx, UPS y Home Depot, entre otras, según informó la cadena de noticias CNBC.

 

Faltantes

La crisis de las cadenas de suministro globales ya está provocando escasez de diversos productos básicos y de consumo final y se teme que esta crisis afecte las ventas navideñas, e impacte directamente en los precios. Por ejemplo, en el caso de los textiles, analistas de Bank of America Merrill Lynch (BofAML) publicaron un informe en el que señalan que "la congestión de los puertos, los retrasos en los envíos y los bajos niveles de disponibilidad de productos en inventarios pueden ser un problema ante la llegada de la temporada de compras más importante (es decir, abrigos al comienzo del invierno, novedades antes de Navidad)" en el hemisferio norte.

"Habrá cosas que la gente no podrá conseguir", dijo un alto cargo de la Casa Blanca a Reuters cuando fue consultado por las compras navideñas. "Al mismo tiempo, esperamos que muchos de estos bienes puedan ser sustituidos por otras cosas (...) No creo que haya razón para entrar en pánico, pero todos sentimos la frustración y hay una cierta necesidad de paciencia para ayudar a superar un periodo de tiempo relativamente corto", agregó.

Desde hace semanas, los barcos portacontenedores hacen fila a las afueras de los puertos de Los Angeles y Long Beach para proceder a la descarga de sus mercaderías. En este marco tan particular, la cadena noticiosa informa que los tiempos de entrega de suministro han pasado de 8 a 154 días, un plazo no visto desde 1989.

Sobre esta situación, el The Wall Street Journal informó que la Oficina de Puertos advirtió que el gran volumen de cargueros en espera se mantendrá al menos hasta el verano de 2022 en el puerto de Los Angeles.

De acuerdo con un comunicado de la Cámara Estadounidense de Juguetes, integrada por más de 950 empresas que, en su mayoría, comercian productos que llegan desde China y que cada año alcanzan ventas de hasta 3.000 millones de juguetes, la crisis en el suministro mundial de mercancías podría afectar la venta de productos de temporada y por supuesto, las de las fiestas de fin de año.

 

Mano de obra

Según fuentes del sector citadas por medios estadounidenses, los costos de los fletes marítimos siguen subiendo, con promedios de 430% hasta 1.092% respecto del nivel prepandemia.

Estos fletes más caros incidirán en una amplia gama de productos. Por ejemplo los árboles de navidad, que subirían de precio aproximadamente un 20% en comparación con el 2020, debido a que los distribuidores mayoristas están pagando fletes un 300% más caros.

En el Reino Unido, a las dificultades derivadas de la problemática de los fletes se suman las consecuencias no deseadas de la salida del país del seno de la Unión Europea (UE).

Y es que tras el Brexit, las empresas del sector cárnico se enfrentan a una aguda falta de mano de obra, debido a las limitaciones para el ingreso de trabajadores impuestas por el propio gobierno británico, que en su búsqueda anunciada de fomentar sólo el ingreso de "trabajadores calificados" ha dejado al país con escasez de empleados como camioneros o carniceros. Situación que si bien se disimuló al inicio del proceso de salida, que se realizó en pleno cierre por la pandemia de coronavirus, ahora con la reapertura muestra toda su relevancia.

En primer lugar, la falta de conductores profesionales ya está ocasionando desabastecimiento en sectores relevantes de la economía, como lo mostraron hace días atrás las imágenes de numerosas estaciones de servicio que debieron cerrar temporalmente sus puertas por la escasez de combustible, y de personal militar que fue puesto a manejar los camiones cisterna para paliar la situación. Pero la falta de brazos se nota asimismo en otros rubros, como el de la cría de pavos, muy consumidos en las islas británicas para el fin de año.

 

Energía

"No es lo más glamoroso del mundo", se trata de "un trabajo duro, es la agricultura, hay que trabajar siete días a la semana", explica Mark Gorton, que se dedica a la cría de pavos en Norfolk, en el este de Inglaterra, y hoy en día no dispone de un sólo trabajador temporario procedente de la UE, cuando cada año solía tener entre 300 y 400.

Debido a la escasez de mano de obra, algunos granjeros se vieron obligados a producir menos pavos este año y los supermercados redujeron sus carteras de pedidos. El riesgo ahora es que los precios del pavo se disparen.

Dado que la avicultura es un sector clave de la economía británica, el gobierno decidió conceder 5.500 visados excepcionales de tres meses para traer a trabajadores estacionales, pero los granjeros temen que no alcance.

El diario británico The Independent señala que se notará la escasez de carnes de cerdo, cordero y ternera, árboles de navidad, papel para regalo, chocolates, bebidas gaseosas, cervezas, juguetes, además de continuar la falta de combustibles en todo el territorio.

A todo esto, la suba del costo de la energía tanto en Gran Bretaña como en el resto de Europa también jugará su papel en el incremento de los precios para las fiestas, que amenazan así ser un poco menos alegres que en años anteriores.