La tortuga Diego, responsable de haber salvado a su especie tras procrear 800 tortugas, volvió a la isla Galápagos. El animal fue presuntamente capturado en ese lugar hace 87 años y ahora ha vuelto a su viejo hogar, donde seguirá siendo rastreada y seguida por expertos del Parque Nacional Galápagos (PNG).

Junto a Diego han sido liberados otros catorce ejemplares que sirvieron para la reproducción, doce de ellas hembras. La isla reúne ahora las condiciones necesarias para mantener a la creciente población de quelonios a largo plazo y para que no se vean de nuevo amenazados.

Diego es la antítesis de George, el último ejemplar de la especie Chelonoidis abigdoni que murió en 2012 tras negarse a aparearse en cautiverio. "Logramos salvar una especie que de otra manera se hubiera extinguido", aseguró Paulo Proaño, ministro encargado del Ambiente y Agua de Ecuador.

Las quince llevaban meses sometidas a un proceso de cuarentena, dado que en un principio su liberación estuvo prevista para marzo pero, por el coronavirus, debió ser aplazada hasta este lunes. En Galápagos, a 1.000 km de la costa de Ecuador, se han reportado 77 contagios y una víctima fatal.

Antes de su liberación, según un comunicado del Parque Nacional Galapagos, fueron "desparasitadas" interna y externamente, y se les colocó un microchip de identificación.

Las tortugas fueron soltadas a unos 2,5 kilómetros de la costa, en un sector denomiado Las Tunas. El lugar se eligió porque allí abunda el cactus Opuntia, que es su principal alimento. Tras su liberación, su comprotamiento en su hábitat natural fue observado por expertos durante cuatro horas.

El proyecto de procreación

Luego de que los expertos determinaran que la población de esa especie endémica (Chelonoidis hoodensis) en la isla Española se había reducido a apenas dos machos y doce hembras, comenzaron con una iniciativa para perpetrar la especie en el tiempo.

En 1976, tras buscar en todo el mundo, Diego fue encontrado en 1976 en el zoológico de San Diego (de ahí su nombre), en Estados Unidos. Los expertos lo mantuvieron en cautiverio durante años para dotar el programa de crianza de "la variabilidad genética" necesaria para garantizar la continuidad de la especie.

La tortuga en cuestión tiene más de 100 años pesa 80 kilos y puede medir hasta 1,5 metros en su máximo estiramiento. El ejemplar ayudó a multiplicar la población endémica de 15 a 2.300 especímenes. Según estudios genéticos, el 40% de las tortugas que volvieron a las galápagos son sus descendientes. 

Comenzó a procrear en 1976

Washington Tapia, que encabezó la iniciativa por el PNG, destacó que "en unos seis meses se realizará el primer viaje de monitoreo", si bien todas las tortugas cuentan con un dispositivo GPS que enviará diariamente su posición.

Ello, sumado a "las imágenes de 40 cámaras trampa distribuidas en su área de vida", que captan sus movimientos cada quince segundos "permitirá conocer todos sus desplazamientos y actividades", agregó.

La isla Galápagos

Situada en el sureste del archipiélago, fueron los piratas y balleneros en su mayoría quienes sustrajeron a las tortugas de su hábitat natural. Estos ejemplares podían "sobrevivir hasta un año, o incluso más, sin comer ni beber".

Ahora, tras la vuelta de Diego y sus semejantes, estudios con proyecciones a 100 años revelan que la isla reúne ahora las condiciones suficientes para mantener a la población de tortugas, y que seguirá creciendo normalmente sin ninguna nueva repatriación de juveniles.

Y aun así, actualmente el archipiélago tiene sólo el 15 % del número inicial de tortugas, estimado en 400.000 individuos, de quince especies originales.

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