Pequeños aumentos en la eficiencia de los servicios mediante un incremento de la digitalización y otras acciones pueden impulsar el crecimiento en 5,7 puntos porcentuales durante un período de 10 años en América Latina y el Caribe, lo que representaría ingresos adicionales por USD325.000 millones durante ese decenio para los países de la región.

Así lo expresa un nuevo informe del Banco Interamericano de Desarrollo llamado "De Estructuras a Servicios: El Camino a una Mejor Infraestructura en América Latina y el Caribe", y que considera que una masiva transformación de la infraestructura en América Latina y el Caribe mediante avances en eficiencia, uso de las tecnologías digitales, y un cambio de enfoque hacia la calidad y la accesibilidad de los servicios al consumidor harían una gran diferencia en la recuperación económica regional post pandemia.

Las mejoras en la infraestructura reducirán las desigualdades y ayudarán a las poblaciones vulnerables que se han visto particularmente afectadas por la pandemia de COVID-19, asegura el organismo multilateral. En la medida en que se produce un aumento en la eficiencia en los servicios y una caída en los precios, los ingresos de los sectores más pobres se elevarían un 28% más en promedio que los ingresos de los sectores más acomodados.

"La infraestructura será un componente crítico de nuestros esfuerzos por impulsar las economías y reducir las desigualdades tras la pandemia", dijo al respecto Eric Parrado, Economista Jefe del BID. "Los presupuestos serán restringidos, por lo que debemos invertir de manera inteligente y sostenible. Nuestro informe recomienda áreas en las que las políticas gubernamentales pueden promover innovaciones y aportar una visión de la infraestructura que esté orientada a los servicios", añadió el funcionario.

El estudio del BID indica que la región adolece de profundas brechas en infraestructura frente a las economías más desarrolladas. Para citar sólo un ejemplo, América Latina y el Caribe invirtieron un 2,8% de su Producto Interno Bruto (PIB) en infraestructura durante la última década, la mitad que los países emergentes de Asia.

Al respecto, Agustín Aguerre, Gerente del Departamento de Infraestructura del BID, dice que "durante demasiado tiempo nos hemos enfocado en los ladrillos, cañerías y otros activos tangibles".Y agrega que "la tecnología digital nos permite tener una mejor comprensión de cómo la gente utiliza las carreteras y consume agua y electricidad. Nuestra infraestructura del futuro será más económica, más sustentable y acorde con la necesidad de nuestros ciudadanos".

La región tiene un buen desempeño en términos de medidas básicas de acceso pero no en términos de calidad de los servicios. Por ejemplo, el 97% de los hogares urbanos de América Latina tiene acceso al agua, pero menos del 40% de las aguas cloacales de las ciudades recibe tratamiento adecuado. El tiempo promedio de viaje al trabajo en las grandes urbes de la región es de 90 minutos. También hay déficits en penetración de internet y la velocidad de descarga de archivos es 10 veces menor que en los países de la OCDE.

Además de la baja calidad de los servicios, los hogares y empresas deben pagar tarifas muy altas. El 50 por ciento de los hogares más pobres gastan el 14 por ciento de sus ingresos en agua, energía y transporte público, lo que representa un 30 por ciento más que en otras regiones en desarrollo. Los consumidores gastan más en agua, electricidad y otros servicios en América Latina y el Caribe a pesar de que los gobiernos destinan cerca del 1 por ciento del PIB anual para subsidiar las operaciones de los proveedores de servicios.

Futuro verde

El informe plantea un futuro en el que las inversiones tengan en cuenta el rico capital natural de la región, y en el que los individuos, las empresas e incluso las ciudades y regiones se vean más empoderados ante las autoridades y empresas de servicios centrales merced a las innovaciones tecnológicas. Esta descentralización será un poderoso incentivo para que hogares y firmas se adapten, por ejemplo, a las fuentes de energía renovables, considera el BID.

Los medidores inteligentes permitirán a los consumidores controlar la calidad del agua que reciben, monitorear su consumo, conocer su patrón de uso, detectar formas de lograr mayor eficiencia, y comprender mejor el contenido de sus facturas. Esto es crítico en una región en la que el 35% de la población habita en zonas de moderada a alta escasez de agua.

Según el informe, que analiza los potenciales impactos de la tecnología de vehículos autónomos, conectados, eléctricos y compartidos, el PIB regional sería un 1,2% más elevado en un plazo de 10 años si el 30% de los autos y flotas de ómnibus fueran eléctricos.

Otra área en la que hay espacio para mejoras es la ejecución de proyectos. El incumplimiento de las metas presupuestarias y las demoras consumen el 35% de las inversiones públicas totales, o el equivalente al 0,65% del PIB regional. Los drones y la tecnología satelital, entre otros, pueden contribuir a generar mejoras en las etapas de planificación e ingeniería de los proyectos de construcción. Las tecnologías emergentes podrían también ayudar a reducir los costos entre un 10 y un 50 por ciento.

La tecnología no sólo permitirá generar más eficiencia y reducir los precios, sino cambiar la naturaleza misma de los mercados de servicios. Pero para esto es necesario modificar las políticas y regulaciones estatales.  Los ministerios y organismos que regulan la energía, el transporte y el agua deberán actualizar sus marcos regulatorios para aprovechar al máximo las oportunidades de la digitalización y para asegurarse que una mayor competencia se traduzca en beneficios tangibles para los consumidores.

"Se necesita más acción política, y a mayor velocidad de implementación", enfatizan los técnicos del organismo.