Drones iraníes y confusión en Caracas
Anoche, aeronaves no tripuladas de dudoso origen sobrevolaron la capital de Venezuela y fueron atacados por las propias fuerzas de seguridad locales
Mientras el polvo aún no se asienta en Caracas tras la operación "Absolute Resolve", un elemento tecnológico ha acaparado la atención de los analistas de inteligencia en el Pentágono: el programa de drones ANSU (Aeronave No Tripulada). Lo que comenzó hace una década como un proyecto de aeromodelismo bajo el ala de Hugo Chávez, se transformó, con asesoría de Teherán, en una amenaza capaz de desafiar la superioridad aérea convencional en la región.
El corazón de este programa late en la Base Aérea El Libertador, en Maracay. Allí opera la empresa estatal EANSA (Empresa Aeronáutica Nacional), donde ingenieros venezolanos, supervisados por técnicos de la Guardia Revolucionaria de Irán, han ensamblado y modificado aeronaves no tripuladas que hoy patrullan los cielos del Caribe.
La arquitectura de este programa se sostiene sobre tres pilares tecnológicos que han evolucionado de forma agresiva. El escalafón inicial lo ocupa el ANSU-100, basado en el modelo iraní Mohajer-2 (conocido localmente como Arpía). Aunque es un sistema de corto alcance, su equipamiento con cámaras de alta resolución lo convirtió en la herramienta principal de vigilancia fronteriza y reconocimiento táctico del gobierno.
Sin embargo, el salto cualitativo se dio con el ANSU-600, la versión venezolana del potente Mohajer-6. Este activo es considerado la joya de la corona del programa: posee una autonomía de 12 horas de vuelo y, a diferencia de sus predecesores, tiene capacidad de carga para misiles guiados de precisión. Es el brazo armado que el chavismo diseñó para atacar objetivos terrestres y navales sin exponer a sus pilotos.
Pero la mayor preocupación para las fuerzas navales estadounidenses desplegadas frente a las costas venezolanas es el Zamora V-1. Este dispositivo representa la adaptación local del temido Shahed-131 iraní. Clasificado como una "munición merodeadora" o dron suicida, el Zamora V-1 está diseñado para ser desplegado en enjambres desde bases costeras con un único fin: saturar las defensas antiaéreas y estrellarse directamente contra su objetivo.
"No es un arma para ganar una guerra aérea, es un arma para causar un daño político y psicológico masivo", explicaba un exoficial de la Aviación Militar Venezolana en el exilio. "El objetivo del Zamora es impactar un portaaviones o una refinería, creando un evento que el enemigo no pueda ignorar".
El programa ANSU es el resultado de un puente aéreo constante entre Teherán y Venezuela operado por la aerolínea Conviasa. La administración Trump, ha presentado pruebas de que Venezuela se estaba convirtiendo en un "hub" regional, exportando piezas o prestando asesoría técnica de drones a otros grupos irregulares en el continente.
Tras la captura de Nicolás Maduro, se reportó que varios "enjambres" de ANSU-100 fueron activados de forma remota para hostigar a la flota estadounidense, aunque la superioridad tecnológica de los norteamericanos ha logrado neutralizar la mayoría mediante sistemas de interferencia.
Anoche, se reportó la presencia de varios de estos drones sobre el Palacio de Miraflores, la casa de gobierno de Venezuela, donde hoy mora Delcy Rodríguez, la vicepresidenta en ejercicio, cuyo rol es severamente cuestionado por algunos sectores del gobierno, después de gestos ostensibles de acercamiento a Trump. Quien fue que envió esos drones a sobrevolar Miraflores, es todavía un misterio, pero muchos enfocaron su atención en el hombre fuerte del régimen en crisis, Diosdado Cabello.
Director de Relaciones Institucionales de Grupo Crónica
