El telescopio espacial James Webb, el proyecto más ambicioso de la NASA de los últimos años, terminó de desplegar el parasol que lo protegerá del calor y le permitirá operar a más de un millón y medio de kilómetros de la tierra: una maravilla de la robótica que se concretó en el espacio gracias a 140 mecanismos de liberación, 70 conjuntos de bisagras, 8 motores de despliegue, cojinetes, resortes y engranajes, aproximadamente 400 poleas y 90 cables que suman un total de 400 metros de cable.

Sus cinco capas delgadas deben alcanzar ahora su tensión adecuada y, el equipo estima terminar con este proceso el lunes 3 de enero, para poner el foco en la apertura de su espejo, de seis metros de diámetro.

El fin de la compleja fase de implementación principal del Webb podría culminarse el 7 de enero, aunque  la mayor máquina del tiempo jamás construida todavía tendrá mucho por delante.

Por su tamaño, el telescopio se envió al espacio plegado, dentro de un cohete Ariane 5 de la Agencia Espacial Europea (AEA), y era necesario que se pudiera abrir en el espacio. Pese a las innumerables pruebas, la realidad era que desplegar el parasol podía haber traído alguna desagradable sorpresa.

Un misión ambiciosa

Luego de más de 20 años en desarrollo y de múltiples atrasos, su misión ya está en marcha: encontrar nuevas formas de vida y mirar hacia atrás en el tiempo.

La NASA, que trabajó con más de 300 empresas, confirmó este último viernes que el parasol, uno de los momentos más criticos de la misión, quedó desplegado. Esta etapa permitió la extensión de la estructura de cinco capas, mediante el despliegue secuencial de los dos brazos. Desde el equipo de la NASA, dijeron que "brilla como un diamante".

Y es que el parasol es un escudo brillante con forma de rombomide 21,2 por 14,2 metros, un tamaño cercano a una cancha de tenis y su objetivo es mantener fríos los instrumentos ópticos del telescopio, por lo que fue construido con varias capas de un aislante llamado kapton, que disipa el calor sobrante de forma gradual.

Siendo el Webb un telescopio infrarrojo, debe funcionar a temperaturas muy bajas. De eso se encargará el parasol que lo protege de la luz directa: su función es clave para garantizar que, al otro lado, el enorme espejo del telescopio y sus instrumentos estén lo suficientemente frío -unos 220 grados bajo cero- como para captar la primera luz del universo.

De esta manera podrán operar tres de los cuatro instrumentos del telescopio, el cuarto, un espectrógrafo de infrarrojo medio, necesita que haya unos 7 Kelvin -no más de 266 grados bajo cero- y contará con un medio adicional de refrigeración.

Cuándo comenzó el despliegue

El despliegue comenzó el martes 28 de diciembre, cuando el telescopio James Webb bajó sus dos tarimas que sostienen la estructura de cinco capas.

El jueves 30 de diciembre, el observatorio soltó la cubierta que lo protegió en su despegue desde la Tierra. Aunque, esa misma cubierta complicó la operación.

Cuando se enviaron las órdenes para que las cubiertas protectoras del lado izquierdo del parasol se terminaran de abrir, el control de la misión no recibió la señal, ya que los interruptores que tenían que haber detectado su apertura no se activaron.

Sin embargo, se utilizaron otras fuentes de datos para confirmar que la apertura se había concretado con éxito. Los datos de temperatura parecían mostrar que la cubierta del parasol se había desenrollado hasta bloquear la luz que incidía en un sensor. En tanto, los sensores de los giroscopios indicaban un movimiento consistente con la activación de los dispositivos de liberación de la cubierta del parasol.

 

Próximo objetivo

Una vez que el telescopio haya cumplido estos pasos, habrá que poner en marcha un motor, lo que está programado para 29 días después del lanzamiento.

La cuestión será insertar el telescopio en su órbita, alrededor de su destino final en el punto 2 de Lagrange, o mejor conocido como punto L2, a un millón y medio de kilómetros, para lo que necesita de un impulso.