El presidente Donald Trump promovió una política comercial que apuntó a crear empleos en Estados Unidos, que multiplicó aranceles y hoy genera problemas entre muchas empresas de ese país.

Según informa la agencia AFP, el pasado 6 de agosto, en campaña por su reelección, Trump visitó una usina de Whirlpool, en Clyde, Ohio, donde argumentó que sus medidas permitieron crear 200 empleos en esa fábrica.

Ese fabricante ilustra el balance discutible de su política, caracterizada por una salva de aranceles sobre miles de millones de dólares en mercaderías provenientes de China y otros orígenes, una estrategia que fue denunciada ante la Justicia (en septiembre) por empresas estadounidenses e internacionales.

Whirlpool afirmó sufrir por la competencia extranjera, y la Administración Trump, a inicios de 2018, impuso aranceles de 20% a 50% sobre lavadoras y piezas importadas, en el inicio de una larga serie de medidas que dieron origen a la guerra comercial con Beijing. Pero el precio de las lavadoras terminó subiendo.

"Creemos que la política proteccionista de Donald Trump costó 0.5 puntos de crecimiento a la economía estadounidense" en dos años, dijo Gregory Daco, economista jefe de Oxford Economics. "Es mucho", añadió, en un contexto de crecimiento promedio de 2% para Estados Unidos durante su gestión.

"A pesar de una comunicación presidencial que apunta a hacer creer que China paga los aranceles sobre las importaciones estadounidenses, es evidente que son los consumidores y las empresas los que soportan el costo", argumentó.

Los empleos en la industria manufacturera fueron numerosos en los tres primeros años del presidente republicano, comparado con los últimos tres años del demócrata Barack Obama, según datos oficiales.

Pero contrariamente a sus promesas, el mandatario no hizo volver las fábricas a Estados Unidos. El sector representa hoy menos de 10% del PIB.

Las cadenas de producción son mundiales y la economía estadounidense es una economía de servicios, explica Graco.

Si el déficit comercial con China bajó durante la era Trump, el déficit total, en cambio, trepó 22.9% entre 2016 y 2019, señal de que las multinacionales se volcaron hacia otros países exportadores.

Citando a la siderurgia, Geoffrey Gertz, de la Brookings Institution, revela que algunas empresas y sectores de nicho pudieron beneficiarse de los aranceles extra, pero otras, por falta de productos en Estados Unidos que sustituyeran los importados, afrontaron costos más elevados de producción y márgenes más pequeños de ganancia.

El American Institute for International Steel (AIIS), de la industria del acero, señala que los aranceles punitivos de Trump "ponen en peligro cientos de miles de empleos". Por eso batalla desde hace dos años y llevó el asunto ante la Corte Suprema, en un intento de anular los aranceles.

"Algunas instalaciones siderúrgicas fueron reabiertas para volver a cerrar rápidamente por ser obsoletas", destacó el presidente de una productora de acero que pidió el anonimato.

La política comercial tampoco protegió al sector agrícola, víctima de represalias chinas y europeas, añade Geoffrey Gertz. Los agricultores "son formidables patriotas", dijo Trump a inicios de 2018.

Pero ante la caída de las exportaciones agrícolas, tuvo que inyectar USD12.000 millones en subsidios, algo que no impidió la multiplicación de quiebras en 2019 (+ 20%), que a su vez llevó a nuevas ayudas del Gobierno por USD16.000 millones.

El miniacuerdo alcanzado con China en enero para frenar la escalada permitió a las exportaciones agrícolas mejorar antes de la pandemia de coronavirus.

El mayor efecto negativo de la política de Trump es, probablemente, el haber instalado un clima de incertidumbre permanente desastroso para los negocios, que condujo a una caída de 98% en las inversiones extranjeras entre 2016 y 2019.