El teletrabajo no sólo mantiene constante el rendimiento del sector público, sino que incluso puede mejorar su competitividad, si cuenta con las condiciones adecuadas, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo.

El documento resalta que la tasa de descargas de aplicaciones para el teletrabajo en América Latina se incrementó un 3.340% en América Latina en los primeros meses del 2020, de la mano de la necesidad de distanciamiento social debido a la pandemia, lo que impactó no sólo en la mudanza al teletrabajo del sector privado sino también del sector público.

A un año del inicio de la pandemia, el BID dió a conocer un estudio elaborado por dos de sus técnicos (Mauricio García Mejía y Mariano Lafuente), denominado "El Estado en casa: un año de trabajo remoto", en el cual expone lo que según su visión fueron los principales aprendizajes para el sector público, que debió adaptar de emergencia la prestación de sus distintos servicios a la modalidad remota, desde los trámites judiciales a diversos aspectos burocráticos, lo que en varios casos derivó en importantes ahorros para el Estado e incluso incrementos de la productividad.

El estudio parte de diferenciar teletrabajo de trabajo remoto por emergencia. Los expertos del BID señalan que mientras el concepto de Teletrabajo implica la labor no-presencial de forma sostenida en el tiempo por razones de mayor efectividad, eficiencia y mejor prestación de servicios al ciudadano de una institución pública, con la pandemia lo que hubo fue trabajo remoto por emergencia, es decir, una respuesta de continuidad de negocio a una crisis sanitaria. Y puntualizan que sólo en el caso de que, una vez superada la pandemia, una institución pública decidiera organizarse internamente para que algunas funciones se desempeñen de manera no presencial, se podría empezar a hablar de teletrabajo en el sector público.

Luego comienza a detallar lo aprendido en el transcurso del año transcurrido desde que apareció el coronavirus y se dispusieron las medidas de distanciamiento social. Para el BID, uno de los principales cambios es la posibilidad real de pasar de una cultura del "presentismo" a otra de trabajo por objetivos, lo que marca un nuevo paradigma de gestión de los recursos humanos del Estado. Esto debido a que se pasa de un énfasis en el presentismo físico a una supervisión de los productos o logro de metas de los funcionarios públicos. Para lo cual, los funcionarios públicos deben aprender a gestionar mejor el talento humano.

El informe menciona experiencias llevadas adelante en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INAPI) y la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO) de Chile, realizadas y evaluadas antes de la pandemia, que mostraron los efectos positivos sobre la productividad que pueden tener aspectos como cambios en la satisfacción laboral, la motivación para trabajar y la autonomía para organizar tiempos y tareas, así como el pasaje a una cultura laboral asociada a la producción por objetivos.

Otro punto a tener en cuenta tiene que ver con que el teletrabajo se da mejor con algunos tipos de puestos, de acuerdo con factores como el mandato de la entidad, las características del cargo, y las competencias digitales de cada funcionario, aspectos que influyen en la posibilidad de prever un programa de trabajo con objetivos y metas concretas, cuantificables y medibles que estén alineadas con la actividad del puesto.

Sumado a ello, desde el BID consideran necesario contar con una normativa general con criterios específicos y comunes para definir qué puestos serían elegibles para el teletrabajo, más allá de que en la práctica cada institución pública será responsable de gestionar los detalles para su personal. Al respecto, ejemplifica que una política con guías generales, como la que actualmente tiene el Gobierno Federal de Brasil, se debe complementar con las especificidades del mandato de cada institución y a su vez de cada puesto al momento de evaluar si el teletrabajo contribuye a un mejor servicio al ciudadano.

Los técnicos de la entidad señalan que no parece factible que el teletrabajo pueda ser establecido como una obligación para la totalidad de las posiciones existentes, ya que se trata de una modalidad normalmente voluntaria (salvo situaciones de emergencia), debido al variado impacto en la vida de las personas y a que puede entrar en conflicto con otros derechos laborales.

Pero a la vez señalan que cuando el teletrabajo sigue un adecuado proceso de evaluación del desempeño, mantiene constante e incluso mejora la productividad, al igual que el compromiso de los servidores públicos. Aunque advierte que para que esto ocurra son factores clave el nivel de desarrollo digital de las entidades y la calidad del soporte técnico.

Condiciones

Para el BID, teletrabajo no es solo una cuestión de tecnología, y destaca que un teletrabajo efectivo requiere contar con estaciones de trabajo virtuales que permitan igual desempeño en la oficina, en casa o en cualquier otro lugar donde se encuentre el trabajador.

Sobre este punto señala la variedad de plataformas tecnológicas disponibles, desde aplicaciones comerciales hasta desarrollos específicos liderados por determinadas instituciones (como las herramientas desarrolladas por instituciones públicas, con códigos fuente y manuales disponibles online) que han dado muy buenos resultados. Pero considera necesario formalizar una metodología y procesos que diseñados teniendo en cuenta el tipo específico de ocupación de los funcionarios en teletrabajo.

Si bien especialmente en una primera fase puede traer ahorro fiscal debido a menores gastos en transporte, alquileres de oficinas, muebles y servicios públicos, el teletrabajo no necesariamente tendrá costo cero para el Estado, ya que los organismos deben invertir en equipamiento adecuado para los funcionarios públicos, así como en sistemas de información y comunicación (gestión documental, firma electrónica, ciberseguridad, control de productividad, telefonía IP, plataformas para trabajo colaborativo, para reuniones virtuales por videollamada, etc.).

En este año de pandemia, muchas familias tuvieron incrementos en gastos de energía, equipamiento, adecuaciones físicas en el hogar, y otros derivados del trabajo en casa, por lo que habría aparentemente una transferencia de costos del empleador al empleado, dicen los técnicos.

Y si bien a nivel social, el teletrabajo ayuda a reducir las emisiones por transporte de los empleados desde sus casas a las oficinas, por otro lado perjudica la economía que surge alrededor de las oficinas (el café de la esquina, la librería, el restaurante saludable, el bar, etc.).

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Hector Medina

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