En Brasil las favelas se organizan para morigerar el impacto del coronavirus
Ante la falta de políticas oficiales de apoyo
Abandonadas a su suerte por los poderes públicos, las mayores favelas de Brasil se han visto obligadas a contratar ambulancias, fabricar sus propias máscaras y crear toda una red solidaria para hacer frente a una crisis del COVID-19 que se prevé "demoledora".
Según informa la agencia Efe, en Paraisópolis, la segunda barriada más grande de Sao Paulo, se aferran a la autogestión para evitar que la pandemia penetre en los laberintos de casas de ladrillo desnudo que concentran a unas 100.000 personas en condiciones más que precarias. Algo tan simple como lavarse las manos, se vuelve una quimera para muchos.
Los cortes de agua son habituales desde las 20.00 horas hasta las 06.00 de la mañana del día siguiente, tanto como ver a niños descalzos jugando por la calle o ancianos viviendo en casillas levantadas con cuatro maderas, suelo de cemento y techo de plástico.
Las máscaras y el gel desinfectante son artículos de lujo. Mientras, los contagios aumentan cada día y, según el Ministerio de Salud, lo peor está por llegar. Desde el 26 de febrero, cuando se registró el primer caso, Brasil contabiliza 667 muertes y casi 14.000 contagios, con Sao Paulo como la región más golpeada.
En ese marco, algunas de las principales favelas de Brasil, donde se hacinan 13 millones de personas, 6 % de la población del país, crearon la figura del "presidente de calle", un vecino voluntario que se encarga de vigilar y dar apoyo a las 50 familias de su entorno más próximo.
Ellos son los encargados de dar la voz de alarma si algunos de los vecinos de su zona presentan síntomas del coronavirus, y alertar en el caso de Paraisópolis, al equipo médico contratado, que consiste en tres ambulancias, una de ellas de cuidados intensivos (UCI), y un equipo con siete profesionales, gracias a una campaña virtual de donaciones que reunió 263.000 reales (unos 52.500 dólares).
"Decidimos contratar esas ambulancias porque el servicio del SAMUR en Paraisópolis es muy complicado, tarda mucho y a veces no llega. Y en un momento de un socorro, las personas van a morir esperando", explica a Efe Gilson Rodrigues, presidente de la Unión de Vecinos y Comerciantes de Paraisópolis.
En dos semanas de servicio, los médicos han detectado diez casos de COVID-19 y constatado cuatro muertes sospechosas por la enfermedad. También han puesto en cuarentena a unas 70 personas con algún síntoma a la espera del resultado de la prueba.
En otro frente de batalla, la Asociación de Mujeres de Paraisópolis también contribuirá a la causa con la confección de 50.000 máscaras que distribuirán las próximas semanas.
No obstante, muchos vecinos de Paraisópolis aún se resisten a cumplir con el aislamiento recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las calles, de hecho, continúan con su habitual ebullición.Y más después de que el presidente Jair Bolsonaro, calificara al COVID-19 de "gripecita" y defendiera en cadena nacional el regreso al trabajo para no frenar la economía.
"Después del pronunciamiento, algunas personas volvieron a la calle y algunos comercios reabrieron. Desgraciadamente influyó", dice Rodrigues.


