La comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo dio su visto bueno al nombramiento de Christine Lagarde como nueva presidenta del Banco Central Europeo (BCE) en sustitución del italiano Mario Draghi a partir del 1 de noviembre y durante los próximos ocho años. La francesa obtuvo 37 votos a favor y 11 en contra, mientras que 4 eurodiputados se abstuvieron en una votación que no es vinculante pero que cuenta con importante peso político. Esta posición, debe ser confirmada por el pleno de la Eurocámara en dos semanas.

Lagarde garantizó a los eurodiputados que mantendrá una política en línea con la que ha protagonizado su predecesor en el cargo. "Comparto la opinión del Consejo de Gobierno de que la elevada política acomodaticia está justificada durante un periodo prolongado de tiempo para conseguir que la inflación llegue al famoso por debajo pero cerca del 2%".

Lagarde advirtió también de la necesidad de vigilar los efectos secundarios negativos de una política monetaria no convencional, como por ejemplo el daño a la rentabilidad del sistema financiero. En opinión de la francesa, los bancos centrales actuales se enfrentan a un entorno de tipos bajos e inflación débil que plantea "cuestiones estratégicas". Por ello, los gobernadores deben "entender mejor" las dinámicas de los precios y "reflexionar sobre si sus marcos de política monetaria son suficientemente sólidos para futuros retos".

Lagarde subrayó la importancia de completar la reforma del euro a través de un fondo de rescate (MEDE) que sea operativo y tenga un mecanismo rápido para actuar y de un presupuesto para la eurozona que no se limite a apoyar la convergencia entre los socios de la moneda única, sino que también sirva para ayudar a un país que se encuentre en crisis. Y aprovechó para reclamar a aquellos países con espacio fiscal, como Alemania o Países Bajos, que eleven el gasto público.