Los 5 millones de habitantes de Melbourne, la segunda ciudad más poblada de Australia, iniciaron un confinamiento de seis semanas para intentar contener un rebrote de coronavirus en el país.

El primer ministro australiano, Scott Morrison; defendió la medida, dijo que el Consejo Médico y el gobierno coinciden en que es necesaria y prometió apoyo financiero continuo para las empresas que temen no sobrevivir a este segundo cierre.

Bajo la consigna "Quedarse en casa", correspondiente a la fase 3, las únicas razones por las cuales los residentes podrán salir son para comprar alimentos, cuidar enfermos, hacer ejercicio o trabajar y el cumplimiento de la medida será supervisada por la policía y el ejército.

Un total de 31 áreas del gobierno local del área metropolitana de Melbourne ya se encontraban en la etapa 3, mientras un complejo habitacional que albergaba a unos tres mil residentes se encontraba en estado de cierre total, informó la cadena de noticias CNN.

Daniel Andrews, el premier de Victoria de que Melbourne es la capital, publicó en su página de Facebook que sabe que aunque "nadie quiere estar en esta situación, en ausencia de una vacuna, la única forma de derrotar a este virus es privarlo de lo que necesita para propagarse".

"Por cada restricción que rompa y todos los consejos de salud que ignore, la consecuencia tal vez sea la vida de alguien. Ahora más que nunca, necesitamos que los victorianos hagan su parte. Las vidas cuentan con eso", agregó Andrews.

El incumplimiento de los controles de infección en los hoteles de Melbourne, donde los viajeros internacionales quedaban aislados durante 14 días, fue la causa de gran parte del rebrote ocurrido en el país oceánico.