Dueña de una capacidad negociadora legendaria, Angela Merkel mostró hoy que también es capaz de reconocer sus propios límites al anunciar que no aspirará a otro mandato del gobierno alemán, lo que la convierte en la última exponente de un estilo político enfrentado a la bipolaridad, que al menos le garantizaba al mundo un factor de estabilidad global.

La líder conservadora, considerada por la revista estadounidense Forbes como "la mujer más poderosa del mundo", hace además honor a otra de sus virtudes: el pragmatismo. "Hoy es el día en que se abre un nuevo capítulo", dijo, consciente de que su decisión supone que su era al frente del gobierno terminará a más tardar cuando finalice su mandato en 2021

De hecho, con su anuncio, motivado por los recientes reveses electorales en los estados de Baviera y Hesse, Merkel optó por allanar el camino a un posible sucesor, que sería el encargado de concurrir en unos nuevos comicios, consignó la agencia alemana DPA. 

Con la salida de escena de "Madre Angela", como se la conoce en Europa, desaparecen los representantes de una opción política enfrentada a las posiciones de Turquía y Rusia, la tentación aislacionista de Estados Unidos y la crisis pos-Brexit que se desató en la Unión Europea

Los dirigentes que coincidieron con ella, como George W. Bush, Tony Blair, Jacques Chirac o Silvio Berlusconi ya no están en el poder.
 

Angela Dorothea Kasner, hija de un pastor luterano educada tras la llamada Cortina de Hierro, accedió en 2005 al poder, contra todo pronóstico. 

Estudió entre Leipzig y Berlín, lejos de su hogar natal, y se casó con 23 años con el compañero de estudios del que conserva el apellido, Ulrich Merkel, aunque el matrimonio apenas duró cinco años.

Años más tarde conoció al científico Joachim Sauer, por entonces casado y con dos hijos, que se convirtió en el "consejero" de su tesis doctoral en Física y con el que, tras varios años de convivencia, se casó en 1998.

No estuvo entre los cientos de miles de germano-orientales que el 9 de noviembre de 1989 celebraron entre abrazos y cervezas la caída del muro de Berlín, sino que se enteró de la noticia al salir de su sauna semanal y prefirió retirarse a su casa porque tenía que madrugar.

Tras la caída del muro, sí se metió en las fauces de la política. 

En febrero de 1990 ingresó en la CDU y Helmut Kohl la convirtió en 1991 en ministra de la Mujer y la Juventud. Fue ella que en 1999 llamó a la CDU a "emanciparse" del patriarca Kohl, que solía referirse a ella como "la chiquilla".

Merkel escaló posiciones, llegó a la Secretaría General y luego a la Presidencia de la CDU, donde asestó algunos golpes, como la designación del bávaro Edmund Stoiber como candidato a arrebatar la Cancillería a Schröder, en 2002.

Stoiber fracasó y tres años después Merkel escribió por partida doble una página de la historia: se convirtió en la primera mujer y primera dirigente política que creció en el Este y que asumió la Cancillería alemana.

Con 18 años al frente de la CDU y como canciller, Merkel multiplicó su poderío sin dejar de ser la "Angie" o "Mutti" (mamá) del electorado.

Su apariencia corriente, su elocuencia medida, su estilo austero y su sentido común fueron motivos para el éxito entre su electorado. 

En la actualidad, vive en un departamento en el centro de Berlín, hace las compras en un mercado barrial y sus pocas pasiones conocidas son la ópera y las excursiones por la región del Tirol con su esposo.

Durante sus años en el poder, caracterizados por la prudencia, la flexibilidad y la aceptación popular, Merkel dio hitos a la historia que atrajeron la mirada mundial. 

Tras el desastre nuclear japonés de Fukushima, Japón, en marzo de 2011 anunció que Alemania debía apagar todas sus centrales nucleares lo antes posible para lograr un apagón total en el año 2020. 

Durante la crisis de la eurozona entre 2011 y 2012, fue inflexible y respaldó el plan del Banco Central Europeo (BCE) de comprar bonos para evitar la caída de Grecia y nombró como ministro de Finanzas a Wolfgang Schäuble, quien desarrolló un paquete de medidas de austeridad. 

En 2015 decidió asumir una política de puertas abiertas con la llegada masiva de refugiados a Europa y más de un millón se establecieron en Alemania. Su decisión fue muy elogiada al principio, pero más tarde abrió una brecha política y social, no sólo en su país, sino en toda la Unión Europea.

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