En 40 años, Japón gastó más de 600 millones de dólares para mantener al atolón Okinotori, dos piedras con una superficie inhabitable, que cuentan con menos de 10 metros cuadrados de tierra. Estos dos islotes, sin embargo, son de gran importancia para los japoneses, ya que representan la posibilidad de expandir su zona económica exclusiva (ZEE).

La decisión de invertir semejantes cantidades de dinero en esa ínfima porción de territorio tiene que ver con la riqueza de recursos existentes: pesca, potenciales depósitos enormes de petróleo, otros recursos energéticos, y metales raros. De obtener el estatus de isla, Okinotori le proporcionaría a Japón una ZEE superior a 430.000 km².

Okinotorishima –isla Okinotori en japonés– tienen una superficie de 7,65 km² y está ubicado sobre el Mar de Filipinas, a más de 1700 kilómetros de Tokio. Además, su ubicación está a mitad de camino entre Taiwán y la isla estadounidense de Guam.

China se opone a la intención japonesa de declarar isla al atolón, cuyo nombre en japonés significa isla remota de pájaros. El argumento es que comprende rocas, no islas, y por ende es territorio inhabitable.

Por qué se la considera isla

Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLS) una isla es el "área de tierra formada naturalmente, rodeada de agua, y que está sobre el agua durante la marea alta (pleamar)". La UNCLS, sin embargo, no considera islas a las "rocas", simplemente porque no pueden sostener la vida humana o la actividad económica.

Para oponerse a la postura china, Japón ha emprendido un plan para hacer de esa zona islas artificiales con miles de toneladas de arena y cemento. Además, han buscado evitar que los lechos de coral desaparezcan bajo del mar. De esta manera, hasta ahora han conseguido que las solitarias piedras tengan la denominación de isla, algo extremadamente conveniente para los nipones. 

El atolón tiene una importancia estratégica para Japón en términos de seguridad nacional. Con una China en expansión permanente, este territorio les permite tener una base para monitorear las posibles actividades militares chinas tan al sur es una fuente de tranquilidad.

Beijing no reclama Okinotorishima como propia, ya que no tendría argumentos para ello. Pero ve con inquietud la presencia japonesa allí e intenta minimizarla por todos lo medios a su alcance. Nada hace pensar que alguna de estas potencias vaya a ceder en sus pretensiones, y en un mundo cada vez menos cooperativo, puede que este diminuto atolón adquiera una importancia creciente.

Descubrimientos y ocupaciones

Quienes primero divisaron Okinotorishima fueron exploradores españoles en el siglo XVI, y fue bautizado como "Parece Vela", en referencia a su forma. Al no tener valor, lo registraron y siguieron su curso.

En el siglo XVII, 200 años después, llegaron exploradores británicos y lo bautizaron tras el capitán que lo descubrió, Willam Douglas. Su nombre, para entonces, fue Arrecife Douglas. Los ingleses hicieron lo mismo que los españoles, y siguieron su curso.

Sin embargo, los japoneses llegaron en en el 1900. Tokio lo declaró territorio propio en 1931, ante la ausencia de otros países que lo reclamaran para sí. Durante la  Segunda Guerra Mundial comenzaron a cosntruir un faro. Sin embargo, su derrota en el enfrentamiento significó perder el acceso al atolón hasta el 1968. 

De esta manera lo declararon territorio propio

Una vez retomado el contacto con el territorio, el estado japonés entendió que era importante invertir para mantenerlo a flote, ya que estaba siendo fuertemente afectado por la erosión marina. La barrera coral, entonces, fue reforzada con placas de acero y de concreto.

Además, construyeron el islote artificial y la estación de investigación, que están sometidas al permanente asecho de los tifones y que por eso requieren un mantenimiento continuo. Más adelante, se construyó un observatorio de tres pisos desde el que se realiza un seguimiento remoto de los barcos en la zona y se recogen datos del área.

El islote en su momento era un arrecife de coral de 8.482 metros cuadrados, conformados casi en su totalidad por la laguna de agua marina creada por la barrera, y por dos islotes de piedra diminutos.