Israel está cada vez más cerca de volver a la cuarentena ante el rebrote de contagios de coronavirus, mientras siguen las protestas contra Benjamín Netanyahu y su Gobierno por la gestión de la crisis.

Aunque registró en los últimos días una tendencia decreciente en los contagios (probablemente relacionada con la menor cantidad de pruebas realizadas), los casos vuelven a las cifras similares de la semana pasada y rozan los 2.000 contagios, la cifra marcada por el Gobierno para volver a imponer un cierre total.

Mientras tanto, crece el malestar por la crisis generada por la pandemia. El impacto de esta segunda oleada -más fuerte que la primera- y sus efectos en la economía han hecho que mucha gente saliera a protestar contra Netanyahu y la gestión de su Ejecutivo, que cambia cada pocos días las medidas a imponer para evitar contagios.

Más de 850.000 personas están sin trabajar, y la desocupación es del 21%, una tasa que se disparó en relación al 4% de febrero.

El descontento se apoderó de las calles de Jerusalén, donde la Policía recurrió a cañones de agua y la guardia montada para dispersar a una multitud muy enojada por la gestión del Gobierno de la crisis del coronavirus y por la corrupción. Al menos 34 personas fueron detenidas en Jerusalén durante protestas en que alrededor de 2.000 manifestantes pedían la dimisión de Netanyahu, en las proximidades de su propia casa.

Los ciudadanos se agolparon con pancartas en las calles en protesta por lo que consideran una mala gestión de la crisis económica que está causando la pandemia de coronavirus.

Otra protesta fue organizada por los propietarios de restaurantes, en reclamo por los recientes intentos del gobierno de limitar las actividades en los restaurantes.

Los propietarios de restaurantes exigieron que el gobierno diseñara un plan para compensar adecuadamente a los negocios que sufrieron pérdidas económicas durante la pandemia.

Eso se suma al descontento provocado por la implicación de Netanyahu, quien encabeza el nuevo Gobierno de coalición con el centrista Benny Gantz, en tres casos de corrupción que lo señalan directamente por soborno, fraude y abuso de confianza.