Andrés, bajo la lupa por gastos con fondos públicos
Exfuncionarios aseguran que el príncipe Andrés cargó masajes, vuelos y hoteles al erario británico cuando era enviado comercial.
El príncipe Andrés, hermano del rey Carlos III, vuelve a quedar en el centro de la polémica. Exfuncionarios del Gobierno británico aseguraron que durante su etapa como representante especial de comercio del Reino Unido utilizó dinero del contribuyente para cubrir gastos personales, entre ellos masajes, vuelos y hoteles de lujo.
Las revelaciones indican que los hechos habrían ocurrido a comienzos de los años 2000, cuando Andrés se desempeñaba como enviado comercial en el exterior. Según el testimonio de un exintegrante del Ministerio de Comercio, la solicitud de reembolso por "servicios de masaje" durante una visita oficial a Oriente Medio generó fuertes cuestionamientos internos.
"Pensé que eso estaba mal. Dije que no debíamos pagarlos, pero al final lo pagamos de todos modos", relató el exfuncionario, quien aseguró haberse opuesto a que esos gastos fueran cubiertos con fondos públicos.
Vuelos, hoteles y un séquito difícil de rastrear
De acuerdo con los testimonios, los gastos del príncipe no se limitaban a tratamientos personales. También incluían pasajes aéreos, habitaciones de hotel y costos asociados a su séquito, cuyos integrantes no siempre estaban claramente identificados en los registros oficiales.
El mismo exalto funcionario afirmó haberse sorprendido por el volumen de los montos erogados. "Era como si no fuera dinero real, como si no estuvieran gastando nada de su propio dinero", sostuvo.
Otro de los puntos señalados fue la forma en que se imputaban los gastos: se distribuían en diferentes partidas presupuestarias, lo que complicaba el seguimiento y el control interno. Esa modalidad, según las fuentes, dificultaba establecer con precisión el total desembolsado y el destino final de los fondos.
Detención y nueva investigación
La controversia tomó mayor dimensión luego de que, la semana pasada, el príncipe Andrés fuera detenido y posteriormente liberado en Norfolk, en el este de Inglaterra, bajo sospecha de mala conducta en cargo público vinculada a su etapa como representante comercial del Gobierno.
En paralelo, trascendió que durante aquellos años habría compartido documentación sensible con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein, condenado por delitos sexuales, un dato que volvió a encender alarmas en torno a su gestión.
Si bien Andrés no ocupa actualmente funciones oficiales, el caso vuelve a tensionar a la monarquía británica y abre interrogantes sobre los mecanismos de control del gasto público en misiones diplomáticas y comerciales.

