Las "ciudades de misiles" se volvieron trampas para Irán
Los ataques de EEUU e Israel golpean la red subterránea que Teherán construyó durante décadas. Los lanzamientos iraníes cayeron 86% en cuatro días.
Las imágenes satelitales que analizan especialistas militares muestran una escena que se repite en distintos puntos de Irán: lanzadores de misiles destruidos junto a la entrada de túneles excavados en montañas o cañones.
Esos complejos forman parte de las llamadas "ciudades misilísticas", una red de bases subterráneas que Teherán construyó durante décadas para proteger su arsenal estratégico frente a ataques aéreos. En la guerra actual, sin embargo, esas mismas instalaciones comenzaron a revelar su vulnerabilidad.
La lógica de las ciudades subterráneas era sólida sobre el papel: si los misiles permanecen bajo tierra, no pueden destruirse desde el aire. El problema apareció cuando los lanzadores tuvieron que salir para disparar.
Menos de una semana después del inicio del conflicto con EEUU e Israel, los túneles que debían resguardar los misiles quedaron bajo vigilancia permanente. Aviones de combate, drones armados y bombarderos atacan los accesos o esperan a que los lanzadores salgan a la superficie para disparar.
La evolución de esa campaña aérea fue reconstruida por The Wall Street Journal a partir de imágenes satelitales comerciales, análisis de centros de estudios especializados y declaraciones del mando militar estadounidense.
La falla de la estrategia subterránea
Desde el sábado pasado, Irán lanzó más de 500 misiles contra Israel, bases estadounidenses y otros objetivos en el Golfo Pérsico, según gobiernos de la región. Muchos fueron interceptados por sistemas de defensa aérea.
Con el paso de los días, los grandes bombardeos comenzaron a espaciarse. El Comando Central de EEUU (Centcom) informó que los lanzamientos iraníes cayeron 86% en cuatro días.
El almirante Brad Cooper, comandante estadounidense en Medio Oriente, sostuvo que la ofensiva se concentra en eliminar los lanzadores restantes.
"Estamos cazando los últimos lanzadores de misiles balísticos que le quedan a Irán para eliminar lo que yo describiría como su capacidad balística residual", afirmó en una conferencia por video. "Estamos viendo que la capacidad de Irán para golpearnos a nosotros y a nuestros socios está disminuyendo".
El problema para Teherán apareció cuando los lanzadores tuvieron que salir de los búnkeres para disparar.
"Lo que antes era móvil y difícil de encontrar ya no es móvil y es más fácil de atacar", explicó Sam Lair, investigador del Centro James Martin para Estudios de No Proliferación, con sede en Monterey, California.
Vigilancia aérea y pruebas en las imágenes
Con gran parte de las baterías antiaéreas iraníes neutralizadas, EEUU e Israel mantienen aeronaves de vigilancia sobre las zonas donde se ubican las bases conocidas. El procedimiento consiste en observar los accesos y atacar cuando aparece actividad en la superficie.
Las imágenes satelitales comerciales de los últimos días documentan los resultados de esa estrategia.
Cerca de Shiraz, en el sur de Irán, varios lanzadores móviles que salieron de una base subterránea hacia un cañón cercano fueron destruidos antes de poder disparar. Una fotografía del 2 de marzo registró un penacho rojizo junto a uno de los vehículos demolidos: ácido nítrico -combustible de misil- que se filtraba del proyectil. El incendio se extendió por el cañón.
En una base cercana a Isfahan, un satélite captó el 1 de marzo un lanzador aparentemente intacto circulando por la carretera próxima a la instalación. Un cráter cercano sugería que un avión aliado intentó destruirlo y falló. Al día siguiente, el mismo sitio mostraba bombardeos intensos sobre varias entradas del complejo subterráneo.
Restos de municiones perforadoras de búnkeres podían verse alrededor de los accesos a los túneles, según Lair, aunque no estaba claro si los derrumbes habían bloqueado completamente las entradas.
Imágenes posteriores también mostraron impactos en una base cercana a Kermanshah, daños en instalaciones ubicadas al norte de Tabriz y ataques sobre complejos en el sur del país, cerca de Khorgo, Haji Abad y Jam.
Desgaste sobre la superficie
Aunque la mayoría de las bases iraníes se encuentran bajo tierra, cuentan con edificios, rutas y accesos visibles desde el aire. Esos elementos permiten identificarlas con facilidad en imágenes satelitales.
Por esa razón, la campaña aérea se concentra en destruir lanzadores, caminos, depósitos y entradas a los túneles. Analistas señalan que esa estrategia responde tanto al número de instalaciones iraníes como a la disponibilidad limitada de bombas capaces de penetrar profundamente los búnkeres.
"Estos ataques se realizan en oleadas, donde destruyen dos o tres objetivos por vez", explicó Colin David, ex especialista en misiles del Ejército estadounidense e investigador del centro Alma. "Después de varias oleadas, las bases pierden eficacia por la destrucción de estructuras en superficie y de los lanzadores".
Antes del inicio del conflicto, Irán intentó anticiparse. Parte de sus misiles y lanzadores fue dispersada fuera de los búnkeres para dificultar su localización. Según Cooper, aun así las fuerzas aliadas destruyeron cientos de misiles, lanzadores y drones.
Analistas consideran que Teherán todavía conserva parte de su arsenal -compuesto por miles de misiles de corto y mediano alcance- y podría reservar los proyectiles más potentes como último recurso.
"Nadie puede contar con precisión su arsenal, lo que significa que hay mucha incertidumbre sobre cuánto tiempo pueden resistir, y eso juega a su favor", sostuvo Decker Eveleth, analista del centro de estudios CNA.
Los silos de Khormuj
En algunas instalaciones, Irán construyó silos subterráneos para disparar misiles sin exponerlos al aire libre.
Una base cercana a la ciudad de Khormuj, en el sur del país, concentraría nueve de esos silos excavados en la ladera de una montaña y orientados hacia el Golfo Pérsico. Un sistema mecánico sobre rieles trasladaría los misiles hasta las posiciones de lanzamiento.
En 2022, Teherán difundió un video de una instalación similar que mostraba varios misiles en posición vertical desplazándose sobre un carrusel de rieles dentro de un túnel.
Según Eveleth, Irán fue abandonando en gran medida ese sistema por las dificultades técnicas que implica reutilizar los silos.
Nueve cavidades abiertas en una montaña que apunta al Golfo Pérsico: la imagen más concreta de lo que quedó de décadas de obra subterránea pensada para proteger misiles que, en la guerra actual, deben salir a la superficie para poder disparar.

