"Mi querido amigo": Xi y Putin blindan en Beijing una alianza bajo presión
Tras la visita de Trump, China recibió al líder ruso con gestos de cercanía, más de 40 acuerdos y una apuesta fuerte por el comercio energético.
Vladimir Putin condensó el tono de su visita a Beijing con una frase apenas fue recibido por Xi Jinping en el Gran Salón del Pueblo: "Mi querido amigo", le dijo al líder chino antes de iniciar una reunión bilateral cargada de gestos políticos, acuerdos comerciales y mensajes hacia Occidente. La escena ocurrió apenas días después del paso de Donald Trump por China y volvió a exhibir el lugar que Beijing busca ocupar en el tablero global.
Una ceremonia parecida, un clima distinto
Xi recibió a Putin con honores en el mismo escenario reservado poco antes para Trump: niños con cánticos, fanfarria militar y el despliegue formal del poder chino. Pero el lenguaje entre los dos mandatarios fue mucho más cálido. Putin remarcó que ambos mantienen un contacto constante, tanto personal como a través de sus equipos de gobierno.
Xi respondió con la misma sintonía. Según medios estatales chinos, destacó la "confianza política mutua" y la "cooperación estratégica" entre ambos países. También habló de una relación con una resiliencia "inquebrantable", en una reunión destinada a subrayar que Moscú y Beijing sostienen un vínculo que se profundizó desde la invasión rusa a Ucrania en 2022.
Los dos gobiernos acordaron extender el tratado de amistad firmado originalmente en 2001. También supervisaron la firma de más de 40 acuerdos de cooperación en áreas como comercio, tecnología, energía y medios.
Energía, sanciones y dependencia rusa
La energía ocupó el centro de la agenda. Rusia enfrenta sanciones económicas y financieras de EEUU y Europa, pero China se consolidó como su principal socio comercial y como el mayor comprador de petróleo y gas ruso. El comercio bilateral alcanzó unos USD 228.000 millones en 2025, según la agencia Xinhua, una escala que muestra hasta qué punto Moscú encontró en Beijing un sostén económico decisivo desde la invasión a Ucrania.
Según un asesor presidencial ruso, las exportaciones de petróleo de Rusia a China crecieron 35% en el primer trimestre de 2026. Putin definió la cooperación energética como el motor del vínculo económico bilateral. "En medio de la crisis en Medio Oriente, Rusia continúa manteniendo su papel como proveedor confiable de recursos, mientras China sigue como consumidor responsable de esos recursos", afirmó.
La guerra entre EEUU e Israel contra Irán alteró flujos de crudo y gas desde Medio Oriente y abrió una oportunidad para Moscú, que busca presentarse como proveedor alternativo. Pero los intereses de Beijing no son idénticos. Xi pidió una "cesación completa de las hostilidades" en Medio Oriente y sostuvo que un final rápido del conflicto ayudaría a reducir interrupciones en el suministro energético, las cadenas industriales y el comercio internacional.
Rusia también esperaba avances en el gasoducto Power of Siberia 2, una obra clave para aumentar el suministro hacia China a través de Mongolia. Sin embargo, el Kremlin admitió que solo hubo un "entendimiento básico" sobre la ruta y la construcción, sin un cronograma claro.
Ucrania, Irán y la señal a EEUU
La reunión también incluyó conversaciones sobre Ucrania, Irán y la relación con EEUU. China mantiene una postura formal de neutralidad sobre la guerra en Ucrania, pero nunca condenó la invasión rusa, sostiene visitas de alto nivel con Moscú, amplió el comercio bilateral y participa en ejercicios militares conjuntos. También ignoró los pedidos occidentales para frenar el suministro de componentes tecnológicos usados por la industria armamentística rusa.
Putin sostuvo que la cooperación en política exterior entre China y Rusia es "uno de los factores estabilizadores clave en el escenario internacional". En una declaración conjunta difundida por el Kremlin, Moscú valoró de manera positiva la posición "objetiva e imparcial" de China sobre Ucrania y celebró su aspiración a desempeñar un papel constructivo.
Xi, por su parte, apuntó contra las "corrientes unilaterales y hegemónicas" que, según dijo, recorren el mundo. Fue una crítica velada a EEUU, en una semana marcada por la comparación inevitable entre la visita de Trump y la recepción a Putin.
Beijing muestra músculo diplomático
La sucesión de visitas reforzó la imagen que China busca proyectar: una potencia capaz de recibir a los líderes de EEUU y Rusia en pocos días, sin resignar su propia agenda. Steve Tsang, director del Instituto SOAS China de la Universidad de Londres, interpretó que el mensaje de Beijing es claro: China mantiene amistad y asociación estratégica con la potencia que elige, y EEUU es apenas una de ellas.
Para Putin, la cita ofreció una vidriera en un momento de debilidad relativa. Tras cuatro años de guerra en Ucrania, Rusia enfrenta sanciones, presión financiera, dificultades laborales y una economía golpeada. Para Xi, la foto con Trump y Putin en rápida sucesión funciona como demostración de centralidad ante la dirigencia comunista y ante el resto del mundo.
La jornada cerró con una conversación privada durante el té en el Gran Salón del Pueblo, una instancia que el Kremlin había reservado para los temas más sensibles. Después, Putin partió hacia el aeropuerto.

